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¿Cómo sería la declaración de la renta si no hubiera retenciones?
Economía Doméstica

¿Cómo sería la declaración de la renta si no hubiera retenciones?

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Estamos en plena declaración de la renta y aunque muchos piensen que se trata de pagar los impuestos que nos corresponden en realidad es una simple regularización. Durante el año el Estado va obteniendo ingresos fiscales a través de las retenciones, ya sea de las nóminas o de los bancos al entregarnos intereses. Y la declaración es el momento de regularizar los impuestos el año pasado: ajustar la diferencia entre lo retenido y por tanto ya ingresado por el Estado y lo que realmente deberíamos haber pagado.

Casi todos los Estados modernos tienen algún sistema de retenciones en marcha. Esto permite priorizar el pago de impuestos, cono no cobramos ese dinero no hay riesgo de que lo gastemos antes de hacer frente a las obligaciones impositivas. Sin embargo, ¿cómo sería un mundo sin retenciones?

La declaración siempre saldría a pagar

Si no existieran las retenciones la declaración de la renta (excepto para las rentas muy bajas, que no pagan impuestos) siempre saldría a pagar. Basta mirar la cuota íntegra de la declaración para ver que pagamos una cantidad considerable de impuestos. Lo que sucede es que los pagamos sin darnos cuenta (por eso mucha gente habla de su sueldo en neto sin tener mucha idea cuál es el bruto).

En un mundo sin retenciones al entregar la declaración siempre habría que liquidar la factura. Esto ya es así en otros pagos de impuestos donde no existen las retenciones, por ejemplo al comprar una vivienda de segunda mano y tener que hacer frente al impuesto de transmisiones patrimoniales.

Sin retenciones seríamos mucho más conscientes de la cantidad de impuestos que pagamos

Otra consecuencia de este mundo sin retenciones es que durante el año tendríamos una nómina más alta pero tendríamos que ahorrar una cantidad considerable de ella para afrontar el pago a Hacienda al año siguiente. ¿Cuánto? Basta con mirar la nómina y ver la retención que nos hacen por concepto de IRPF para ver la cantidad aproximada.

Una situación así haría que el pago de impuestos fuera mucho más doloroso. Con el sistema de impuestos actual no nos enteramos mucho de lo que pagamos, simplemente cobramos una nómina (alegría del mes) e ignoramos el hecho de que hay una parte que nuestra empresa paga a Hacienda. Sin embargo con un pago único a año vencido seríamos mucho más conscientes de la cantidad de impuestos que pagamos y quizá seríamos más exigentes con los servicios públicos que recibimos.

También hay una ventaja añadida al pago de impuestos al año siguiente y es que los ciudadanos tendríamos el dinero en nuestro poder y solo pagaríamos los impuestos que nos corresponden con exactitud y al vencimiento del año. No habría situaciones en la que las retenciones son excesivas y tenemos que esperar a que nos devuelvan lo que nos corresponden (la declaración a devolver).

Eso sí, un sistema así generaría un problema para el Estado: la falta de una financiación gratuita y por adelantado. Hacienda puede jugar ahora con la fecha de la devolución de las declaraciones para tener un crédito a más de un año a tipo cero. También puede jugar con las retenciones no ajustándolas del todo a la situación de cada declarante para tener crédito gratuito.

Todo el mundo estaría obligado a presentar declaración

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Un sistema sin retenciones también acarrearía algunos problemas para los ciudadanos. Ahora mismo hay mucha gente que no está obligada a presentar declaración. Si se cobra menos de 21.000 euros al año y solo hay un pagador no hay obligación, las retenciones están bien ajustadas y no suele haber mucha diferencia entre lo pagado y lo que correspondía pagar.

Sin embargo en un sistema sin retenciones todo el mundo debería presentar la declaración de la renta. Y esto puede suponer un incordio sobre todo para las rentas más bajas, que en la actualidad no tienen necesidad.

Impagos y estructura racaudatoria más complicada

Otro problema al que se enfrentaría Hacienda es a los impagos. En la actualidad el pago de impuestos es la prioridad número uno de nuestra nómina: antes de cobrar ya nos han retenido los impuestos. No pagarlos no es una opción, es una obligación del empleador.

En un sistema sin retenciones, sin embargo, habría mucha gente que no podría pagar sus impuestos. Si no ha logrado ahorrar lo suficiente para hacer frente al pago anual directamente se convertiría en moroso con Hacienda, con consecuencias desagradables para ambos.

Por un lado mucha gente, sobre todo de rentas más bajas, se convertiría en moroso y podría tener que hacer frente a multas y embargos. Por otro lado Hacienda necesitaría una estructura mucho más abultada para recaudar, con tutelas judiciales en muchos casos.

¿Qué es más ventajoso? ¿Retenciones o no retenciones? Si los Estados modernos usan este sistema por algo será. El sistema actual permite cobrar los impuestos de forma ágil y barata para Hacienda y por otro lado quita quebraderos de cabeza a muchos contribuyentes. Es cierto que para alguien que domine de finanzas un sistema sin retenciones sería más ventajoso (mejor tener el dinero en la cuenta y pagar después que estar esperando una devolución) pero las ventajas serían mínimas para la sociedad.

Imagen | GotCredit, ImagesofMoney

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