El transporte aéreo ha entrado ya en una fase crítica. El encarecimiento del combustible debido a la guerra en Irán está poniendo contra las cuerdas a las aerolíneas. Entre las más afectadas, las de bajo coste con menores márgenes de rentabilidad.
La situación es tal que en Estados Unidos ya se están reclamando miles de millones en ayudas públicas para evitar un colapso en cadena. Una opción que, cada semana que pasa, cobra más fuerza.
En apenas unos meses, el precio del combustible para aviación ha escalado hasta rondar los 4,10 dólares por galón en Norteamérica. Esto es un incremento cercano al 88% respecto al mismo periodo del año anterior. Para un sector donde el combustible representa hasta un 30% de los gastos operativos, el impacto es tremendo.
Las low cost de EEUU piden ayuda urgente
Un grupo representativo del sector de las aerolíneas low cost ha solicitado a la administración federal un fondo de liquidez de 2.500 millones de dólares.
El objetivo es compensar el fuerte aumento del queroseno y evitar que la situación derive en suspensiones de pagos. De hecho, desde comienzos de año, el gasto en combustible prácticamente se ha duplicado y ha perjudicado el margen en un modelo basado en tarifas bajas y volumen.
Incluso algunas aerolíneas han lanzado su S.O.S. particular. Spirit Airlines negocia ya un posible respaldo público de hasta 500 millones de dólares, lo que podría implicar la entrada del Estado en su capital.
Un rescate que genera muchas dudas
El planteamiento de estas ayudas no está exento de polémica. A diferencia de lo ocurrido durante la pandemia, en esta ocasión el problema no afecta por igual a todo el sector.
Las grandes aerolíneas tradicionales no se han sumado a la petición, lo que evidencia una enorme diferencia entre la viabilidad de los diferentes modelos de negocio.
También hay reticencias dentro del ámbito político sobre si tiene sentido destinar recursos públicos a compañías que ya mostraban debilidades antes del actual shock energético.
Pero la realidad es una: la liquidez disponible en algunas aerolíneas empieza a agotarse.
Europa, en la misma dirección que EEUU
Al otro lado del Atlántico, el escenario tampoco invita al optimismo. En el caso de Ryanair, cerca del 84% del combustible está asegurado a precios previos, pero el impacto de la parte no cubierta ya ha supuesto decenas de millones en pérdidas en apenas un mes.
La compañía irlandesa de bajo coste avisa: si la situación se mantiene tras el verano, el mercado europeo podría ver desaparecer a varios operadores.
De hecho, algunas aerolíneas ya están mostrando síntomas evidentes de estrés financiero. Air Baltic ha tenido que recurrir a un préstamo estatal de 30 millones de euros aprobado por Letonia para sostener su operativa a corto plazo.
El problema no es solo el precio. También existe el riesgo de escasez. La situación geopolítica añade un factor adicional de incertidumbre. Si las tensiones en Oriente Medio se intensifican y afectan al tráfico en rutas clave como el estrecho de Ormuz, el suministro de combustible podría verse comprometido.
Y es que, hay que tener en cuenta que una disrupción en la cadena de suministro no solo encarecería aún más el queroseno. Sino que podría limitar la operativa de las aerolíneas en plena temporada alta.
España parte con cierta ventaja al refinar una parte significativa del combustible que consume. Pero vaya, el mercado es global y ningún país es completamente inmune.
Billetes más caros, menos rutas y un otoño incierto
El impacto, como no podía ser de otra manera, ya se está trasladando al pasajero. Muchas aerolíneas han comenzado a ajustar precios para absorber parte del incremento de gastos. Esto se traduce en billetes más caros en rutas donde hasta hace poco dominaban tarifas más “agresivas”.
Al mismo tiempo, se están revisando operaciones. Hay rutas menos rentables que están siendo recortadas o directamente eliminadas, mientras se priorizan trayectos con mayor ocupación.
El verdadero punto de inflexión llegará tras el verano. Si los precios del combustible se mantienen en niveles elevados, otoño podría ser más turbulento que un vuelo con nubes y relámpagos.
Imágenes | PIRO4D, conclusion.com.ar
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