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Stiglitz: “Estamos entre la espada y la pared”

Stiglitz: “Estamos entre la espada y la pared”
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La palabras de Joseph Stiglitz pronunciadas en Paris esta semana no dejan de ser escalofriantes frente a una economía mundial que se cae a pedazos. El desempleo en los Estados Unidos llegó a su cifra más alta en los últimos años y puede seguir avanzando si esta ola perversa de la crisis no se detiene. Como en esa notable película de Peter Weir, esta última ola se cierne sobre nuestras cabezas. Y si frente a todas las crisis de los últimos 70 años Estados Unidos era el demandante de último recurso, y el mundo podía descansar en esa opción, esta vez esa opción está obsoleta pues hoy es justamente ese país el eje y protagonista de la crisis. ¿Podrá el resto del mundo salir a socorrerlo?

Eso es lo que profundiza y agrava el actual momento: la incomprensión de que lo que estamos viviendo ahora marca un quiebre, una fisura radical. Por eso no debe sorprender que se rescaten palabras pronunciadas hace más de una década cuando Igor Panarin anuncíó el quiebre de los Estados Unidos para el año 2010. Sus palabras quizá resulten proféticas, como tantas otras que en su momento no fueron oídas. Pero lo que está ocurriendo no deja de ser alarmante.

Quizá lo mejor habría sido seguir el consejo de Andrew Mellon, el secretario del Tesoro de los años 30, frente a la Gran Depresión: “Liquidar el trabajo, liquidar las existencias, liquidar a los agricultores, purgar todos los errores del sistema”. Mellon sostenía que los rescates equivalían a verter gasolina en un incendio, añadiendo billones de dólares de nueva deuda a una economía que justamente se ha hecho pedazos a causa de demasiada deuda.

Por eso es que no es fácil dar medicamentos a este paciente comatoso que, como se presenta en ese documento de The Wall Street Journal, no está para lamerse las heridas y salir caminando. El daño estructural y sistémico es severo. No hay cómo resolverlo. La teoría que podía haberlo resuelto fue destruida, como el libro sobre El Ditirambo de Aristóteles. Y lo que se hace es mera improvisación, probando suerte una vez más, es decir, hemos vuelto al juego de casino que nos arruinó. Esta vez quizá queriendo recuperar lo justo para volver a casa.

Si las cifras prometen ir cada día peor, es porque el desempleo irá cada día peor y lo estamos viendo de norte a sur, de este a oeste. Los planes de rescate prometidos pueden perfectamente significar pan para hoy y hambre para mañana. Porque si bien existe un consenso en que lo que hay que estimular es la demanda (es la demanda real, finalmente, la que pesa en la economía y ojalá nadie vuelva a olvidarlo), el tema es que serán los gobiernos quienes deberán convertirse en demandantes de último recurso, tal como ya son prestamistas de último recurso. Y nadie sabe si ésto dará resultado. Es sólo una apuesta más, solo que esta vez, como en aquellas promesas de trasnoche, se hacen pensando que será “en el bien de todos”.

Imagen | marconaprotesta

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