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Wall Street, una fusión nuclear en frío

Wall Street, una fusión nuclear en frío
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No hay caso. Las cifras tienden a ser cada vez más elocuentes y hablan por si solas. Ha llegado la madre de todas las crisis y no hay muchas esperanzas de que se retire pronto. Es más, muchos analistas coinciden en que este evento no tendrá la forma de V, que tuvo, por ejemplo la crisis asiática de 1997 (y que en todo caso no provocó ningún daño en EEUU), sino una forma de L, al estilo de la crisis japonesa de los 90, que significó su “década perdida”.

La nueva caída de las bolsas, impulsada fuertemente por las valoraciones de las entidades financieras con descensos del 30% en Citigroup, JPMorgan y Bank of America, dan cuenta de la severidad de la crisis y del duro momento que se vive. La lentitud en la previsión de la crisis así como la capacidad de reacción de los gobiernos para crear mecanismos de respaldo y apoyo, le está cobrando una pesada factura a todo el planeta.

Asimismo, la falta de cooperación transfronteriza que aqueja a la Unión Europea, aletarga el dolor de esta fusión en frío (¿Quien detiene el dolor?, escribía hoy Paul Krugman), para la cual nadie tiene la respuesta. La agonía se prolonga indefinidamente demostrado las falencias del modelo económico establecido a fines de los 70, y el fracaso total de ideas como la eficiencia en la autorregulación de los mercados, o las expectativas racionales, bellísinas teorías de pizarrón, que han terminado amenazando con provocar fuertes reacciones contra la globalización financiera y el libre comercio.

Sin embargo, en uno de los capítulos de la serie La batalla por la economía mundial, realizada el año 2004, y que recomiendo a todo quien quiera comprender parte de los procesos, el entonces ministro de Hacienda del Reino Unido, Gordon Brown, señalaba: “Estas ideas del modelo económico han sido un engaño. La gente fue engañada, y algún día habrá que hacérselo saber”. Sabemos bien a qué se refiere el ahora Primer Ministro con esto de “engaño”: No se puede consumir más de lo que se produce. La economía se rige por un principio sano de equilibrio entre oferta y demanda. Si el gasto se excede en forma descontrolada, si nadie se preocupa de elevar primero los salarios mínimos para con ello elevar el consumo real (la demanda efectiva); si se pretende que todo sea crédito, con cargo al futuro, sin pensar que en el futuro tal vez no hay trabajo (la cifras de desempleo están aumentando vertiginosamente), no hay futuro posible. ¿Eran válidas las tesis del endeudamiento infinito?

Por eso no es extraña la invitación que ha hecho Gordon Brown a los países más pobres del mundo a la próxima cumbre del G-20 que se celebrará en Londres el 2 de abril. El primer ministro británico ha señalado que quiere escuchar voces de todo el mundo y ha solicitado la presencia de delegados de los países africanos y asiáticos. Para la cita, ya fue invitado el presidente español, José Luis Rodríguez Zapatero, y será la primera reunión oficial en la cual participará el presidente estadounidense Barack Obama, a 70 días de su mandato. El mundo se moviliza. El cráter que se ha creando bajo nuestros pies tras la aparente fachada sólida y que resultó ser de cartón piedra, nos puede tragar a todos.

Más información | Paul Krugman Who’ll stop the Pain?
Imagen | Flickr vk photography

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