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Aunque el discurso oficial diga lo contrario, la inflación moderada sigue sin compensar sueldos y machaca el poder adquisitivo español

Aunque El Discurso Oficial Diga Lo Contrario La Inflacion Moderada Sigue Sin Compensar Sueldos Y Machaca El Poder Adquisitivo Espanol
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Javier Ruiz

Según los últimos datos, la inflación en España se ha moderado en torno al 3 %, un descenso sobre el que el Gobierno y el Ministerio de Economía han sacado pecho en las últimas semanas. Sin embargo, esta situación tiene nota al pie: ni se ha recuperado poder adquisitivo, ni deja de ser coyuntural, apoyado en factores volátiles como la energía o los carburantes.

Mientras tanto, la inflación de fondo (subyacente) se mantiene elevada y el encarecimiento acumulado de los precios sigue superando al crecimiento de los salarios. En esta meseta inflacionaria, el relato oficial de que los sueldos “ganan” frente a los precios no cuadra con los datos oficiales.

Es cierto, la inflación baja, pero…

El IPC cerró diciembre con una tasa interanual del 2,9 %, una décima menos que en noviembre, gracias casi exclusivamente a la bajada de los precios de los carburantes.

Esta moderación, no obstante, convive con una aceleración de los alimentos, que subieron un 3 %, y con una inflación subyacente estancada en el 2,6 %, su nivel más alto en los últimos doce meses. De igual modo, las previsiones anuales apuntan a otro incremento notable en vivienda (7 %) y en la cesta de la compra este 2026.

Desde el Ministerio de Economía se subraya que la inflación continúa moderándose respecto a 2024 y que, al situarse por debajo de las subidas salariales pactadas, estaría permitiendo ganancias de poder adquisitivo.

En cualquier caso, el propio INE demuestra que, en el conjunto del año, la inflación media apenas mejora (2,7 %, una décima menos que en 2024) y que el aumento acumulado de los precios desde 2020 supera al de los salarios, lo que limita cualquier recuperación real del poder de compra. Además, España mantiene un diferencial desfavorable frente a la media de la eurozona.

Los grupos de productos más relevantes para el gasto cotidiano pintan un cuadro distinto: los alimentos y bebidas no alcohólicas subieron alrededor del 3 % interanual, presionando al alza el índice general pese a la caída del combustible, y las medidas, en general, muestran reacciones contrapuestas. En pocas palabras, la reducción del IPC viene de componentes volátiles (energía y elementos que pueden revertirse) y no de una caída sostenida de los precios esenciales para las familias.

La inflación subyacente se estanca

La inflación subyacente —que excluye energía y alimentos no elaborados y es un mejor indicador de las presiones de fondo— se mantuvo en 2,6 % en diciembre, su nivel más alto en meses recientes.

Este estancamiento sugiere que, más allá del ruido de los carburantes, los precios de bienes y servicios siguen subiendo con fuerza en sectores como vivienda, sanidad o transporte. Esa persistencia complica hablar de una “normalización” real de precios.

Si lo comparamos con el resto de la eurozona, la diferencia se acentúa: según datos de Eurostat, la inflación anual promedio en la zona euro fue de alrededor del 2,1 % en noviembre de 2025, sensiblemente inferior a la española, lo que también pone de manifiesto que la desaceleración de precios en España no ha sido tan pronunciada como en el resto de Europa, lo que condiciona competitividad y costes relativos.

El relato de los salarios no cuadra

El Gobierno ha destacado que los salarios pactados en 2025 crecieron por encima de la inflación promedio del año, lo que, en teoría, debería permitir una mejora del poder adquisitivo. Por un lado, es cierto que muchos convenios recogen subidas en torno al 3 %–3,5 % o mayores, pero el contexto aquí es relevante: las cifras agregadas de salarios aún no compensan el encarecimiento acumulado de los precios en los últimos años.

Por ejemplo, las últimas estimaciones oficiales y de mercado muestran que el crecimiento salarial en España fue moderado en 2025 (con cifras interanuales en torno al 2,8 % según el Ministerio de Economía y series públicas), y aún está lejos de niveles que compensen la inflación acumulada desde 2020.

De hecho, estudios económicos independientes señalan que en periodos recientes los precios han subido más que los salarios reales, reduciendo el poder de compra de los hogares pese a las subidas nominales.

El resultado de estos datos es claro: no hay colapso ni inflación desbocada, pero el proceso de desinflación parece haberse estancado en torno a cifras que siguen siendo altas, asfixian a muchos consumidores y se mantienen por encima de la eurozona.

La moderación del IPC en la parte volátil de la cesta (energía) no se traduce en una caída de los precios de los bienes cotidianos ni en una mejora significativa del poder adquisitivo de las familias.

Estamos frente a una meseta inflacionaria (inflación subyacente elevada, precios acumulados y salarios que no alcanzan a compensar la pérdida de poder de compra), que explica por qué muchos ciudadanos no sienten el alivio que marcan las cifras macroeconómicas.

Para muchas familias, la economía no ha normalizado su coste de vida: como mucho, sigue estancada en un equilibrio precario con episodios de alivio temporal.

 

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