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Trampas, espectros e ilusiones monetarias

Trampas, espectros e ilusiones monetarias
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A propósito de los planes de rescate, hay que reconocer que el plan de Paulson y Bernanke ha sido un absoluto desastre. No convence; no genera ideas proactivas, no da muestras que marque un impulso serio a la economía ni para el corto ni para el mediano plazo. Los bancos no prestan y el dinero, el aceite del sistema, no fluye. Los ductos se han llenado de una arena tóxica y en esta circunstancia la política monetaria tiene cero eficacia. Además, ¿qué se saca con tirar la plata en helicóptero si no se generan empleos productivos?.

Timothy Geithner, el secretario del Tesoro que reemplazará desde la próxima semana a Henry Paulson, ha señalado la urgente revisión de la iniciativa del bailout, para ampliar su rango de aceptación mucho más allá de Wall Street. Geithner trabaja día y noche en el octavo piso de la oficina que tiene el Equipo de Transición en el centro de Washington, junto a Lawrence Summers y otros altos asesores económicos que buscan ampliar el programa de ayuda a los municipios, las pequeñas empresas, dueños de casa y otros consumidores.

Aunque ya la administración Bush dispuso de los primeros US$ 350 mil millones, Geithner espera contar con la aprobación del Congreso para el destino de la segunda parte. Este desafío resulta imperioso dado el escaso seguimiento al dinero que se ha realizado frente a las operaciones bancarias. No se ve que el dinero fluya dado el alto nivel de obstrucción que tiene hoy el sistema, víctima de su propio colapso.

Algunos congresistas han manifestado su preocupación por las importantes lagunas en la supervisión de la Tesorería en la utilización del dinero. Un informe da cuenta de las fallas del Tesoro para no medir adecuadamente el éxito del programa, lo que demuestra que se elaboró improvisadamente y sin el adecuado plan estratégico. Asimismo, la información dada a conocer hace unas semanas sobre las asesorías que preparan ex asesores de gobierno, dan cuenta de la verdadera crisis: la ética del capitalismo.

Cuando Max Weber señaló al calvinismo como el origen de la modernidad, se equivocó al centrarse exclusivamente en la ética protestante. La guerra de 1914 a 1918 dio paso a la posibilidad del consumo exacerbado que negó su fe en el futuro. El surgimiento de los totalitarismos llevó también al surgimiento de una burguesía consciente de su propia finitud. Y el New Deal aportó la idea de que un mercado regulado era la mejor respuesta a la amenaza, representada por Hitler y Stalin, de la extinción de las libertades fundamentales.

Pero esta tesis fue contraatacada. El peligro a los gobiernos totalitarios llevó a defender la idea de la libertad absoluta a los mercados y con Estados cada vez más pequeños. Luego, con la caída del comunismo, esta idea se convirtió en la dominante. Y Fukuyama habló del final de la historia, con lo que se pensó que el riesgo se reducía a cero. Este pensamiento positivo tuvo efectos desastrosos. La economía positiva despertó a los demonios. Y aquella confrontación entre creación y destrucción, se encuentra a punto de estallar.

Imagen | dags 1974

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