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Los desvaríos de Trump podrían ser en realidad el resultado de aplicar la Teoría de Juegos a las negociaciones

Los desvaríos de Trump podrían ser en realidad el resultado de aplicar la Teoría de Juegos a las negociaciones
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Por todos es ya conocido el carácter intempestuoso e impulsivo hasta el extremo del presidente Trump. Por todos es también conocido su tono habital que, como poco, debe ser calificado de política (y personalmente) incorrecto. Y finalmente, todos sabemos perfectamente cómo su personalidad imprevisible se hace extensiva a las relaciones internacionales de Estados Unidos en su conjunto.

Como resultado de todo ello, cada cierto tiempo (que más bien es poco), Trump monta uno de sus espectáculos cargados de agresividad dialéctica. Recientemente, hemos visto cómo hacía lo propio en la última reunión del G7, dejando perplejos a los líderes europeos (y ladinamente sonriente al presidente Putin). Pero más allá de un carácter incontrolable, algunos sectores han analizado las actitudes de Trump, y afirman que sus patrones de comportamiento siguen una estrategia planificada propia de la Teoría de Juegos.

Frutos de esa supuesta estrategia los hay, otra cosa es que el conjunto de la cosecha se esté echando a perder

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Ya les hablamos hace alguna semana acerca de cómo podía afectar a la guerra comercial entre EEUU y China el reciente curso de las negociaciones entre Washington y Pyongyang, en las se puede destacar la incluso sintonía personal y confianza mutua entre Kim Jong Un y Trump. Entonces analizamos cómo hay estrategias del polémico presidente estadounidense que han acabado dando sus frutos. Es innegable que la partida de mus entre ambos dirigentes ha acabado con un órdago a la mayor de Trump, que ha conseguido que al menos parezca que Corea del Norte va incluso a desnuclearizarse. Algo impensable hace tan sólo dos meses.

Pero el tema es que, al menos por ahora, poniendo un poco de visión de conjunto, los desastres y tempestades que está provocando el magnate ganan por goleada a los éxitos cosechados. Eso por no hablar del peso específico de establecer relaciones amistosas con un país como Corea del Norte, y el peso específico que tiene enemistarse con un tradicional aliado socioeconómico y cultural como la vieja Europa o provocar un conflicto comercial a escala mundial de consecuencias imprevisibles.

La cosecha en su conjunto esá siendo muy mala por ahora, los árboles frutales están resultando muy dañados, y (como poco) la hambruna económica amenaza a la vuelta de la esquina. Mucho tienen que cambiar las cosas para que se pueda afirmar objetivamente que la política exterior comercial de Trump está siendo todo un éxito. Pero aparte de ello, hay ciertos aspectos del sorpresivo presidente en los que merece mucho la pena detenerse. No todo van a ser (contructivas) críticas hacia su persona por nuestra parte: también hay cosas en las que algo se puede aprender de él.

La cumbre de la OTAN que ha acabado como el rosario de la Aurora

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La última cumbre de la OTAN en Bruselas fue una auténtica exhibición de todas las (des)virtudes de Trump que nombrábamos antes. Obviamente el espectáculo que dió el presidente norteamericano parecía cuidosamente planificado con premeditación y alevosía. Lo que no sabemos es cuál es el verdadero objetivo que persigue él (y otros) con estos arranques de mar gruesa provocada.

Como nos relataba El Español, las perlas (ásperas) que Trump soltó a los estupefactos dirigentes presentes en la capital europea empezaron a primera hora de la mañana, con una encerrona al secretario general de la Alianza Atlántica, Jens Stoltenberg, haciendo que la prensa estuviese presente por sorpresa en el encuentro. Los desplantes prosiguieron con delicadas dedicatorias que calificaban de "morosos" a los otros miembros de la OTAN, y Trump llegó a afirmar que "les debían una tremenda cantidad de dinero que se remonta a muchos años".

El tono encendido acabó cargando las tintas contra Alemania, por Merkel presente. Trump dijo que "Alemania es una prisionera de Rusia, porque recibe la mayor parte de la energía de Rusia. Así que nosotros tenemos que proteger a Alemania, pero ellos reciben su energía de Rusia. Eso no puede explicarse". La formas diplomáticas de Merkel, por las que tradicionalmente esquiva los habituales desplantes de Trump a Alemania y a Europa, en este caso tocaron a su fin, y Merkel, como testigo de la ocupación de Alemania del Este, le espetó a Trump que "Yo he experimentado en primera persona cómo una parte de Alemania estaba controlada por la Unión Soviética".

Pero los fuegos artificiales de Trump acabaron como sonoras detonaciones de cargas de profundidad cuando, no sólo no enarboló su tradicional demanda a los miembros de la OTAN de que eleven su gasto militar hasta el 2% del PIB, sino que duplicó su exigencia hasta pasar a reclamar ahora el doble: el 4% de PIB. Ahí es nada, por las bravas (y con salsa bien picante).

¿Es todo esto un desvarío tan ridículo como parece, o puede ser el fruto de una avezada estrategia pre-diseñada?

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A estas alturas, ya casi nadie duda de que la personalidad del magnate es imprevisible, intempestuosa e impulsiva. Pero no es menos cierto que su séquito de seguidores casi siempre trata de disfrazarla de avispada estrategia planificada. Sin posibilidad alguna de evaluar al sujeto en vivo y en directo, ni de analizar sus reacciones en primera persona, no les voy a negar ni lo uno ni lo otro: es más, posiblemente ambas cosas sean ciertas a un tiempo.

Los seguidores del presidente van aún más allá, e incluso afirman que el estratégico comportamiento de Trump encaja a la perfección con los patrones de la Teoría de Juegos. La interesante publicación sobre cultura y ciencia Ponderwall, lo ha analizado desde esta perspectiva al presidente en un reciente artículo que, como poco, debe ser calificado de muy interesante.

Ya en la década de los 60, el premio nobel Thomas Schelling destacaba en su "La estrategia del conflicto" que los negociadores con una fama de sobrerreaccionar cuando sus demandas no eran satisechas estaban en una posición mucho más fuerte para conseguir concesiones de su oponente. Tomando esto como base, parece ser que hay fundamento académico para la inclusión en la Teoría de Juegos del comportamiento irracional como técnica de negociación.

Como prosigue Ponderwall, si un país hace creer a su adversario su determinación a cumplir sus amenazas aunque puedan ser auto-destructivas, entonces ese país puede imponer cambios sustanciales y con mayor eficacia en el curso de las negociaciones. Es más, si un oponente duda de la capacidad de los líderes de un país de entender o considerar con detenimiento las consecuencias de las amenazas de ese oponente, entonces paradójicamente ese país está en clara ventaja negociadora.

Esta estrategia de la irracionalidad no es en absoluto nueva, y como se referencia en el artículo anterior, fue puesta en práctica por Richard Nixon, que la apodó "La estrategia del loco". De hecho, esta estrategia jugó un papel destacado a la hora de decidir cómo el presidente escaló la guerra de Vietnam durante las negociaciones de París. Parecer loco rinde, y rinde mucho, más por el miedo que infunde la irracionalidad en la contraparte, que por lo que de verdad pueda acabar ocurriendo.

Puede ser una estrategia planificada, pero es contraproducente en la arena económica

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Pero esas estrategias vienen del mundo de la diplomacia militar, donde tienen mucho más sentido que en el mundo económico y en la guerra comercial en la que Trump podría estar aplicándolas. Desescalar un enfrentamiento dialéctico-militar es muy distinto a hacerlo con un enfrentamiento económico. La principal diferencia subyace ni más ni menos en qué ocurre cuando baja la marea dialéctica.

En el caso militar, que remita la marea es el objetivo; después cada uno se queda en su casa tan ricamente, y aquí paz y después gloria. Pero en un enfrentamiento económico el posible beneficio viene después, con intercambios comerciales que requieren de una confianza y una cooperación que la jugada de la "irracionalidad" no hace más que dejar profundamente quebradas. Y puede costar incluso un ciclo electoral (o dos) reconstruirlas para que forezcan las relaciones comerciales entre los países que pasan del enfrentamiento a la relajación del mismo.

El comercio internacional es algo de mútuo beneficio, y que también nace fruto del trabajo conjunto y la cooperación en los plazos más largos. Ni que decir tiene que además dicha relación bidireccional debe florecer sobre un sustrato abonado con la seguridad de que la contraparte va a cumplir los acuerdos que se alcancen.

El presidente Trump ya ha demostrado en diversas ocasiones que la estrategia de la irracionalidad parece dársele fenomenalmente bien (por el bien de todos esperemos que efectivamente sea una estrategia). Sin embargo, todos los demás factores anteriores que fundamentan el comercio son puntos muy flacos del perfil del presidente. Efectivamente "donde hay confianza da asco", pero es que donde ni siquiera hay confianza sólo se esconde el fiasco.

El verdadero Trump que se esconde tras el Trump que actúa

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Para dilucidar si es posible que Trump tenga una mente privilegiada para las negociaciones, lo que hay que plantearse es cómo éste se comporta fuera de ellas y, lo que es más importante aún: cómo se comportaba antes incluso de que sospechase que acabaría siendo presidente de los Estados Unidos algún dia, y no tenía que vender en general esa supuesta imagen errática que algunos sectores atribuyen a su estrategia planificada.

Este excepcional artículo de The Athlantic puede arrojar luz y taquígrafos sobre el asunto, pues hace un excelente y completo análisis psicológico de la personalidad de Trump, remontándose a su modus operandi desde hace décadas. El autor define la personalidad del magnate como extrema bajo cualquier estándar, y de ser especialmente extraña para un candidato presidencial. Al final del artículo se resume que siempre "se trata de Donal Trump actuando de Donald Trump, luchando por ganar, pero sin saber nunca el porqué". Se trata a todas luces de la estrategia irracional, pero posiblemente irracionalmente ejecutada.

Trump no sería el único, ni en poner la estrategia en práctica, ni en que le dé sus frutos

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Tengan en cuenta que la irracionalidad de Trump, sea la simulada o sea la de verdad, no es un caso aislado en el mundo. Podemos observar esa misma estrategia en muchos otros lugares, o eso, o el mundo está lleno de locos (posiblemente ambas cosas sean ciertas). Lean y observen cómo hay sectores que todo en sus líderes sumos lo ven cómo otra genial estrategia maestra, cuando la mayoría de las veces no pasa de otra disparatada ocurrencia. Con ello consiguen venderles una eterna esperanza que nunca acaba de llegar, pero que hace ganar un tiempo precioso para acabar tomando al asalto todos los resortes del poder, de la socioeconomía, y de la sociedad. Y mientras tanto mantienen al pueblo con el espíritu crítico anestesiado.

Pero sea estrategia o realidad, no podemos negar que una vez más, tras la ajetreada cumbre de la OTAN que abría este artículo, Trump ha vuelto a conseguir su objetivo. Ese paso que les comentaba antes de pasar de exigir a sus socios un 2% de gasto militar, al 4% que exigió hace unos días en Bruselas, ha sido otra clara exhibición de una estrategia de Teoría de Juegos, que añadimos desde estas líneas a la ya expuesta por Ponderwall. Es la clásica táctica de redoblar la apuesta, con lo que entonces el escenario anterior del 2% (verdadero objetivo) pasa a parecer de inaceptable a súbitamente benévolo.

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Trump montó un todo un performance de lo más amenazador, asustó al personal, y finalizó colocando al indigesto pastel la guinda del 4% de gasto militar. Y la táctica le funcionó al magnate a las mil maravillas, hasta el punto de que incluso el presidente Sánchez se comprometió a "intentar llegar o llegar" al anterior 2% (recuerden: posiblemente el verdadero objetivo de Trump, al menos en el corto plazo).

El caso es que a Trump éstas tácticas negociadoras le funcionan porque, en el fondo en el fondo, todos creen saber que es perfectamente capaz de literalmente ejecutar casi cualquiera de sus disparatadas amenazas. Pero el peligro para el victorioso "irracional" de aplicar de esta manera hasta el extremo y más allá la Teoría de Juegos, es que ese arduo negociador puede llegar a un punto en que ya no distinga el juego de la realidad, ni al Trump de verdad del actor; eso, si no ha ocurrido ya.

Imágenes | Pixabay Silvo | Unsplash @madebymarius | Pixabay TheAnnAnn | Pixabay FelixMittermeier | Pixabay Tumisu | Pixabay Raventhorne | Unsplash @jhonkasalo | Unsplash @franciscomorales

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