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Los gigantes de la inversión huyen de la deuda española ante las elecciones catalanas

Los gigantes de la inversión huyen de la deuda española ante las elecciones catalanas
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El 27-S está a la vuelta de la esquina. Tan cerca queda ya la fecha que los gigantes de la inversión están recomendando a sus clientes que esperen hasta que pase la temida fecha –para muchos- para comprar deuda española.

La última entidad en hacer esta recomendación ha sido UBS, que ha dicho a sus clientes que no merece la pena arriesgarse a comprar bonos españoles hasta que no pase dicha cita. Para los analistas de la entidad, pueden ser más decisivos estos comicios autonómicos en Cataluña que los nacionales de diciembre, pues apuntan a que si los partidos independentistas son derrotados en las urnas, el riesgo político sobre España se habrá disipado en gran parte.

Por su parte, Royal Bank of Scotland –una de las firmas escocesas más contrarias a la secesión de Reino Unido-, también se muestra más preocupado por el 27-S que por el posible 20-D, temor al que ya se sumó la pasada semana BBVA, que atribuyó el incremento de la prima de riesgo española al proceso soberanista catalán.

Y es que uno de los principales temores de los inversores si finalmente se cumple el desafío independentista es el posible impago de la deuda catalana, de la que el Estado tiene el 60%. Actualmente los bonos catalanes tienen un rating de ‘bono basura’ por parte de las principales agencias de clasificación, por lo que, a tenor de esta puntuación, tiene todas las papeletas para incumplir sus obligaciones con los acreedores.

Además, la inseguridad jurídica y económica que hoy por hoy perciben los inversores en torno a este proceso les hace quedarse en la retaguardia. El hecho de que todavía no se haya explicado en profundidad el plan que se seguirá para que el nuevo estado sea viable económica y financieramente es una sombra que ha perseguido a Mas y sus aliados durante los últimos años.

El dinero es miedoso, y por tanto, los mercados recelan de cualquier proceso de ruptura que suponga cambiar de golpe las reglas de juego ya establecidas. Todo ello se acrecienta, además, en un proceso independentista como el catalán, del que podría nacer un estado endeudado hasta el cuello que, en un principio, estaría fuera de la UE, lo que haría más complicada la llegada de inversores extranjeros y de dinero del exterior.

Las incógnitas se resolverán en apenas dos semanas. Mientras tanto, el dinero prefiere agazaparse.

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