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El colchón que necesita la banca para sobrevivir a otra crisis financiera

El colchón que necesita la banca para sobrevivir a otra crisis financiera
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Llegó la crisis financiera y todo el mundo se echó las manos a la cabeza. Unos lo vieron venir pero no les hicieron caso, otros no lo vieron ni de refilón… Acusaciones y culpas de unos a otros organismos y entidades que no sirvieron de nada, pues el daño ya estaba hecho.

Ahora, ocho años después, parece que nadie quiere repetir la negra historia vivida y se intenta poner muros de contención ante otra ola financiera de tales magnitudes. Por ello, desde hace años los reguladores financieros han empezado a imponer límites de capital a los bancos para que puedan hacer frente a futuras crisis de forma segura que no pongan en peligro su supervivencia ni los ahorros de los ciudadanos.

Aunque hay muchos estándares distintos según regiones y países, el Consejo de Estabilidad Financiera (FBS por sus siglas en inglés), el organismo internacional formado por los grandes bancos centrales y presidido por el gobernador del Banco de Inglaterra, Mark Carney, ha decidido que exigirá a una treintena de grandes bancos de todo el mundo, entre los que está el Santander, un colchón de capital del 16% capaz de cubrir sus activos de riesgo para el 1 de enero de 2019.

Este organismo, al que el G-20 le ha encargado una reforma global del sistema financiero, comienza su trabajo poniendo un porcentaje más bajo del que se esperaba –pues se preveía que estuviera entre el 16% y el 20%-, aunque lo irá subiendo de forma progresiva, pues para 2022 quiere que sea del 18%. Este porcentaje es el mínimo, según estos expertos, es el que indica la capacidad de un banco para absorber sus pérdidas sin poner en riesgo su solvencia.

Lo que se quiere conseguir con ello es que no se tenga que volver a echar mano del dinero público para salir a socorrer a las entidades si vuelve a darse una situación igual, sobre todo en el caso de grandes entidades, como fue Lehman Brothers, la cual no fue lo suficientemente grande para evitar la caída. Recordemos que este requerimiento es exclusivo para los bancos denominados sistémicos, es decir, los que tienen un tamaño suficiente como para hacer tambalearse a todo el sistema financiero.

Santander es el único representante español en este grupo, pues el BBVA salió de la lista la pasada semana por decisión del BCE. La entidad presidida por Ana Botín tendrá que hacer un esfuerzo de 1,1 billones de euros para hacer frente a la exigencia del FBS.

Los expertos creen que las entidades europeas no tendrán problemas para hacer frente a esa cantidad, que en el caso del banco español puede suponer una factura de entre el 4% y 5% de sus beneficios.

¿Será suficiente?

Solo el tiempo dirá si esta decisión es suficiente para frenar el impacto que una nueva crisis financiera puede tener en la banca. Si bien, el hecho de que a la larga se vaya subiendo el listón puede ir aportando más seguridad al sistema. No obstante, también cabe preguntarse hasta qué punto es conveniente apretar a los bancos para que hagan este esfuerzo de capital, pues ya sabemos lo que pasó cuando en España se obligó a la banca hacer provisiones de capital por sus activos tóxicos.

Los bancos españoles estuvieron varios años sufriendo fuertes pérdidas y, a la vez, cortando el grifo del crédito aún más, algo que también supuso –y supone- un lastre para la recuperación económica del país.

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