La Tarjeta Centurión: Black Power

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No es el primer artículo que veo dedicado a la Tarjeta Centurión de American Express en los últimos días. Ya Cinco Días le dedico uno a un producto, que por su concepción elitista, difícilmente puede ser anunciado como una tarjeta más. Pero en el grupo de la competencia se lo han currado más. El Mundo Magazine le dedica hoy la portada y un mega-artículo. A estas horas aún no lo han colgado en internet, pero más de uno estará babeando ante una tarjeta de crédito que se sale de lo común.

En primer lugar, y según manifiestan desde Amex, la tarjeta no se solicita. Se llega a ella por invitación a potenciales clientes Mega Vips. Ser famoso, estar en la lista Forbes, derrochar clase, potencia la posibilidad de ser elegido. En España son 300 elegidos, 17.000 a nivel mundial. Personas a las que la tarjeta les cuesta 2.000 euros anuales, y con un compromiso de gasto superior a 100 veces esa cantidad en el mismo periodo. En teoría es sin límite de crédito, por lo que supongo que las tarjetas no se emiten desde la filial española, pues dudo mucho que el Banco de España admita riesgos sin la correspondiente clasificación crediticia. Alimentando el mito los de Amex manifiestan que nunca han dado a nadie de baja, ni nadie ha rechazado la invitación. ¿Qué tiene la tarjeta?

  • Su propia exclusividad, su restricción garantizada a unas elites de superlujo (intentan evitar que lleguen a determinados nuevos ricos) la convierte automáticamente en objeto de deseo. Ya sabemos cómo nos estimula alcanzar lo imposible, lo prohibido.
  • En segundo lugar, la tarjeta supone la adhesión a un club de elegidos, a una especie de hermandad discreta. Y ya sabemos lo que dijo Maslow acerca de la necesidad humana del sentimiento de pertenencia a un grupo y de reconocimiento social. La incorporación a esta logia de elegidos, en pleno siglo XXI, ya no es por sangre (la nobleza), por conocimiento (la masonería). Lo que se valora es el consumo, en cantidad y calidad.
  • En último lugar se trata de una American Express. En general, Amex no compite solo en el negocio financiero. Tiene su vertiente relacionado con el mundo del viajero, de los servicios a un ciudadano global y cosmopolita que se mueve por el mundo. Si en la parte financiera las tarjetas de Amex difícilmente pueden competir con las Visas y Mastercard (de ahí el fracaso de introducción de las Amex “baratas”), en el mundo de los servicios añadidos Amex se lleva la palma. Si en una Amex normal los servicios eran destacables, en esta el limite parece ser el Cielo. No hay más que leer los artículos. Evidentemente ese tipo de servicios sólo pueden ser valorados por determinados colectivos sociales.

Visa ha intentado reaccionar lanzando la Infinite, que intenta emularla, aunque como acabo de señalar me da la sensación de que se queda muy atrás, pues no es su campo de juego clásico. Los chicos de Banesto han lanzado la Black de Mastercard, que no deja de ser una tarjeta más.

La Centurión sigue alimentando los sueños más oscuros.

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