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Ayer mi compañero, Remo, nos habló del Estudio del Instituto de Estudios Económicos (IEE) sobre lo que se espera del negocio de la restauración con la introducción de la nueva ley del tabaco, lo que Remo llama la ley antitabaco y yo voy a llamar la ley prosalud. Remo nos recomienda la lectura del Estudio y yo estoy de acuerdo, ya que las primeras 29 de las 38 páginas del Estudio nos da un análisis interesante del sector de hostelería y de su importancia en la economía y en el empleo español.

Lo que más está haciendo ruido del Estudio, son sus comentarios del impacto negativo sobre los negocios de la restauración, estos comentarios comienzan en página 30 y recibimos unos comentarios que son bastante más prejuicios y opinión que hechos reales, prejuicios y opinión que llegan a conclusiones cuestionables. Parece que su argumento principal sobre lo que esperan que pasará en España con la entrada de la nueva ley prosalud es el siguiente:

Este impacto económico de la prohibición de fumar en bares y restaurante ya se comprobó con la entrada en vigor de la ley actual. En un principio, muchos pequeños establecimientos optaron inicialmente por prohibir fumar, pero sufrieron una pérdida de clientes lo que les obligó a cambiar su decisión inicial y volver a permitir fumar.

Increíble y decepcionante el análisis tan simplista del IEE. Pues voy a darles otro análisis simplista y más acertado. El proceso que se siguió en la primer intento fracasado del gobierno español de introducir una ley prosalud fue el siguiente. Los fumadores fueron a los bares que habían fijado ese cartelito que decía que ese bar permitía fumar y los acompañantes no fumadores les siguieron, como han hecho toda la vida. Sólo quedaban los no fumadores cuando salían solos para frecuentar los bares de no fumadores y estos bares no tardaron nada en darse cuenta que sólo tenían que fijar ese cartelito en la puerta para volver a estar como antes.

Lo que pasaría en una situación normal donde todos los lugares son de no fumar es que tanto los fumadores como los no fumadores acudirían y, además, los no fumadores acudirían aún más.

Mi compañero, Remo, nos dice que “...los talibanes antitabaco que puedan pensar que el estudio está pagado por la tabaqueras…”, pues este taliban piensa que no hay que estar recibiendo sobornos de las tabaqueras para equivocarse en las conclusiones aunque, con tantos años de sobornos de las tabaqueras, no debe sorprenderse que lo pensemos.

Increíblemente, todavía hay muchos, incluyendo algunos no fumadores, que piensan que esto es un tema de libertad y no de salud pública, bueno, libertad de los fumadores, que antes nunca pensaron en la libertad de los no fumadores. El impacto negativo en la salud pública y de los gastos asociados está muy bien establecido, aunque tantos lo sigan negando, y que nadie piense que sólo unos pocos países lo toman en serio. La Organizción Mundial de la Salud también lo tienen claro. Sin embargo, los impactos económicos negativos del sector hostelero no son tan claros, a pesar de los chismorreos superficiales del IEE.

Y si es verdad que el negocio de la restauración baja tanto como dicen, pues ¿y qué? El gasto en ocio no tiene por qué bajar y los destinos de estos gastos serán más saludables para todos.

Ahora cuesta $11 (8,32€) comprar un paquete de tabaco en Nueva York, que nos dice que, incluso con las recientes subidas de impuestos anunciadas por el gobierno español, todavía hay sitio para más y más.

En El Blog Salmón | 50.000 empleos menos en hostelería por la ley antitabaco, el vídeo del día y Subida de impuestos al tabaco: por cada euro que te gastas en tabaco, 84 céntimos son impuestos
Vídeo | New York City Department of Health and Mental Hygiene

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