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A los viejos del lugar supongo que no hace falta recordárselo, pero he estado y estoy en contra de las ayudas a los bancos, y a favor de que quiebre quien tenga que quebrar. Forma parte de la esencia del sistema capitalista, y mantenerlos con vida artificialmente no conduce más que a múltiples desastres. Algunos ahora se están convenciendo, desde otros postulados idelógicos o desde sus propias vertientes profesionales de que esto debe ser así. Pero conviene no ser demagogo, y decirle a la gente la verdad, que no es otra que la siguiente: las necesarias quiebras bancarias serán dolorosas.

Me remito a este post de Eduardo Garzón (si, el hermano de Alberto). Tras (mal)explicarnos el orden de prelación de cobros en el caso de liquidación por quiebra empresarial, y apoyándose en comentarios como el del video insertado, concluye que las ayudas a los bancos no son para proteger a los ahorradores, si no a los accionistas y bonistas de los mismos, y que las quiebras serán indoloras para los ahorradores.

...si el gobierno no ayudase con dinero público a los bancos españoles en problemas, éstos tendrían que ser liquidados y tendrían enormes pérdidas. Pero las pérdidas afectarían a los inversores más arriesgados y nunca a los depositantes. Los ciudadanos podrían recuperar sus ahorros aunque el banco no fuese ayudado por el gobierno. Por lo tanto, ni los ahorradores del banco ni el Estado tendrían que sufrir las consecuencias de la mala gestión de los bancos.

Ejem. Ya lo tenia que haber visto venir cuando define a las acciones del siguiente modo

Las acciones son un elemento de inversión con un riesgo elevado que genera mucha rentabilidad. Puesto que sus propietarios han ganado bastante dinero con este tipo de inversión, se entiende que deben ser los primeros en asumir pérdidas.

Eso de que los accionistas han ganado bastante dinero es economía ficción. Unos habrán ganado mucho dinero, otros poco y algunos estarán en cueros. En eso consiste precisamente el riesgo. Por ello están al final de la escala de cobro, porque son dueños de la empresa y han de asumir el riesgo a cambio de un rentabilidad incierta, que ellos apuestan que sea superior a la de otras alternativas.

Pero no nos confundamos ni pretendamos confundir, no hay activos sin riesgo. Todo tiene riesgo. Incluso esos depósitos, esas libretas, y esos plazos fijos. Más allá de la ficción del FGD, de las promesas estatales, de…a estas alturas deberíamos ser conscientes de que todo tiene un riesgo. hay más riesgo en muchos depósitos de algunos bancos que las obligaciones de otros (por cierto, la diferencia entre renta variable y renta fija no proviene de un eventual riesgo, si no de la remuneración, prefijada o no, de dichos capitales).

Me molesta cuando Eduardo establece la siguiente ecuación ciudadanos = ahorradores = depositantes. ¿Acaso no son ciudadanos y ahorradores los que han optado por hacerlo a través de fondos de inversión, planes de pensiones, etc? Pues los fondos de inversión o los planes de pensiones que tengan acciones bancarias se van a ver afectados directamente por dichas quiebras. Pero es que también lo serán aquellos que invierten en renta fija bancaria, incluso muchos de los famosos garantizados.

Interpreto que para Eduardo hay ahorradores de primera, los depositantes, y ahorradores de segunda, los inversores, aquellos colaboracionistas que se ha atrevido a a enrolarse como cipayos pequeñocapitalistas. Vamos, por no ser no son ni ciudadanos, deben ser tristes mujiks a los que deportar a la Siberia de la quiebra.

En todo caso da igual, ya que no me acabo de creer esa especie de raya que traza para decir que la marea no ha de subir de un determinado punto. Por un lado, se olvida de añadir otros acreedores preferentes según las leyes concursales, me refiero a trabajadores, seguridad social, Hacienda, etc. Ahí ya se va a ir un buen pico, pero me temo que el problema mayor es otro.

El principal problema es que cuando se habla de valoración de empresas hay un principio básico, y es que una empresa en funcionamiento no vale lo mismo que una empresa en liquidación. El valor liquidativo de una empresa se suele hundir con respecto al valor contable de los libros. Ya no es que haya que ajustar el valor contable de los activos inmobiliarios de los bancos afectados, ni revisar su cartera crediticia. Es que todas las partidas del balance hacen aguas, por lo que el agujero patrimonial se dispara.

No sé si el futuro nos alcanzará, pero fijo que las quiebras bancarias lo hacen.

Vía | Saque de esquina

Más información | Métodos y herramientas en un procedimiento concursal, Aplicación de la Ley de Gresham a los sectores subvencionados

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