A raíz de la entrada de Los falsificadores uno de vosotros nos llamo la atención sobre el caso de los llamados superdólares norcoreanos: billetes de 50 y 100 dólares norteamericanos falsificados por el paraíso comunista de Extremo Oriente. Si uno rasca en la fuente, en la noticia del Time, tiene gracia, ya que parace ser que la maquinaria paran relicarios proviene de la extinta República Democrática de Alemania. Ya sabemos que los soviéticos y aliados se repartieron a los profesionales nazis de todos los campos, y en este de la falsificación llama la atención la casualidad/causalidad del nexo alemán.
En todo caso, con los billetes que se estima produce la imprenta norcoreana no parece que sus propósitos fuesen los mismo que los del mayor Krueger. Más bien parecen limitarse a obtener un modo de financiación para sus actividades en el exterior y adquisiciones varias. ¿Peligroso? Sin duda, pero casi más peligrosa me resulta más la obsesión de algunos que , aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, y ante la propuesta de eliminar esos billetes de 50 y 100 dólares, tiran por elevación y apuestan por acabar por los dólares en metálico, como hace el articulista del Time.

