
En estas páginas he hablado mucho de la importancia de cuidar a clientes e, incluso, de recuperar a clientes perdidos ya que, en general, es más barato mantener a un cliente establecido que gastar (¿invertir?) en conseguir un cliente nuevo. Clientes existentes, bien tratados, tienen la posibilidad de impactar positivamente en el crecimiento del negocio
comprando más de los productos y servicios que compran ahora pero, también, pueden amplíar los productos y servicios que compran de la empresa.
No obstante, está claro que algunos clientes son más problemáticos de lo que merecen comparado con el negocio que traen y algunos generan más gastos que ingresos, como nos dijo mi compañero Javier en su comentario en un anterior artículo mío sobre el tratamiento de clientes. Si estos impactos negativos son continuados, es el momento de pensar de desprenderse de un cliente. Por supuesto que la estructura, empleados y recursos, también se tiene que ajustar para hacer frente a la nueva situación.


En