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El jefe torpe o cómo todos sabemos de todo

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Hay una tendencia generalizada a pensar que mi jefe es un torpe por el mero hecho que cualquier error que él cometa a nosotros no nos hubiera pasado o simplemente hubiéramos desempeñado su labor con muchísima más pericia y habilidad.

Sin ir más lejos, el que no es un jefe torpe, es un jefe cabrón en el más amplio y retorcido de los sentidos (perdón por lo que he dicho) o cumple ambos requisitos a la perfección. Para más inri se levanta una pasta sin hacer nada, en el caso de mandos intermedios o superiores, si son directivos directamente se les tiene en la misma estima que a un delincuente y si además se es jefe pueden terminar por convertirse en enemigos públicos.

Y digo yo ¿por qué no aspiramos todos a ser jefes si somos tan listos y eficientes? Tenemos un grave problema de fondo siempre que lanzamos una crítica y el problema es tan simple como reducirlo a hacer leña del árbol caido. A toro pasado todos somos muy listos porque determinar cual hubiera sido la decisión más acertada es simple; basta un mero análisis.

Pero la toma de decisiones tiene este detalle, no siempre se puede acertar y cuando proviene el error somos capaces de desatar la mejor y más cuidada de nuestra envidia, rencor y desazón para vaciar toda la sal de la crítica sobre la llaga del error. Extrapolado al campo laboral, existe un perfil profesional que encaja en este perfil perfectamente.

Este perfil y consideraciones las llevan a cabo aquellos que son cobardes en la toma de decisiones que directamente le afectan en el campo personal. Es decir, cobardes desde punto y hora que se tiene miedo al cambio, por infinidad de motivos pero se desea arduamente progresar a nivel laboral. De ahí que se juzgue continuamente la labor de los superiores por falta de asumir el rol del propio puesto de trabajo que se desempeña.

Ojo, que no digo que no haya jefes torpes, que “haberlos, haylos” como dice mi meiga ni que todos los trabajadores que evaluan la capacidad y aptitud de su jefe sean unos cobardes, pero reflexionad un poco sobre vuestro entorno o vuestra propia decisión y pensad friamente si no se cumple normalmente esta máxima en aquellos criticones por naturaleza.

A pesar de esto, creo que el Principio de Peter se cumple en muchas ocasiones y todas las personas ascienden en una organización hasta que llegan a su nivel de incompetencia. Es realmente complicado autoevaluarse y posicionarse de manera estable en un perfil laboral determinado. ¿Quién de vosotros tiene jefes torpes? Quizá respondáis pocos…

Imagen | Juanete
En El Blog Salmón | Los diez defectos capitales de los jefes

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