El Chelsea en fútbol es la prueba de lo que puede pasar al aceptar inversión de orígenes dudosos

El Chelsea en fútbol es la prueba de lo que puede pasar al aceptar inversión de orígenes dudosos
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Corren malos tiempos en Europa. La guerra declarada por Rusia a Ucrania está haciendo estragos la paz que tanto costó conquistar el siglo pasado, creando una crisis humanitaria y económica cuando todavía no se ha terminado del todo la pandemia.

Europa no se atreve a entrar directamente en el conflicto armado para no desatar algo peor, lo que se ha traducido en un puñado de sanciones económicas para dañar al Gobierno de Putin de este modo, las cuales ya van surtiendo efecto, pues Rusia se encamina al default.

Estas sanciones tienen su efecto también en los rusos que viven en suelo europeo, sobre todo los oligarcas y millonarios afines al régimen de Putin. Estos están viendo cómo sus bienes se han congelado o se han incautado , como ha sucedido con yates y demás propiedades.

Y esto está teniendo su reflejo en el fútbol profesional, pues uno de los equipos más importantes de Reino Unido está a punto de desaparecer. Se trata del Chelsea, propiedad del famoso empresario ruso Roman Abramovich, al que el gobierno de Boris Johnson ha congelado también sus bienes.

Una muestra de cómo puede sufrir un club de fútbol al aceptar el capital que procede de personas o países dudosos. Y en España tenemos algunos.

El cinismo del fútbol

El Chelsea se ha quedado sin sus grandes patrocinadores, al querer estos desvincularse de Abramovich, lo que supone la falta de una inyección económica de miles de millones de euros. La Champions League también estudia bloquear sus pagos al equipo de Stanford Bridge, lo que provocaría problemas inmediatos de caja, llevando al impago de salarios de futbolistas y empleados y de deudas. Por lo tanto, bancarrota.

La única solución que se atisba es la venta del club, que podría ascender a 4.000 millones de euros. Aunque el gobierno británico no permite a Abramovich vender sus bienes congelados, podría hacer una excepción con el Chelsea con la condición de que el ruso no vea ni un céntimo del traspaso.

Pretendiente ya tiene bastantes, entre empresarios estadounidenses, suizos e inclusos saudíes. Pero el Gobierno de Johnson les va a poner una serie de requisitos para que no vuelva a pasar lo mismo que con Abramovich.

Todo esto que está sucediendo nos enseña una cosa: el fútbol europeo vive en una total dicotomía moral y económica que le puede costar caro. Oligarcas procedentes de países con una democracia dudosa (por no decir inexistente) son bienvenidos a cambio de puñados de millones, dañando la imagen del deporte más seguido del mundo.

En España tenemos casos claros con Qatar y Arabia Saudí patrocinando y dirigiendo desde la sobre algunos de los principales equipos. Y el ejemplo más claro es el Mundial que se juega este año en Qatar, que ha sido denunciado por multitud de organizaciones de derechos humanos.

Aunque la UEFA se apresurase a expulsar a los equipos rusos de las competiciones europeas, el fútbol tiene tras de sí mucho dinero procedente de manos manchadas. Y el peor no es Román Abramóvich.

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