Los inmigrantes votan. Y la próxima vez en hacerlo será en las elecciones de Castilla y León del próximo domingo 15 de marzo. Unas elecciones autonómicas que remarcan el peso político de los ciudadanos de origen extranjero que ya han adquirido la nacionalidad española.
Y una cosa está clara: la inmigración se ha convertido en uno de los asuntos más importantes por su cada vez mayor peso demográfico.
A comienzos de 2026, España superó por primera vez los 10 millones de residentes nacidos en el extranjero dentro de una población total cercana a 49,6 millones. Eso sitúa a los nacidos fuera del país en torno a una quinta parte del total, un volumen suficiente para influir en debates, estrategias partidistas y campañas electorales.
Sin embargo, población inmigrante y electorado inmigrante no son exactamente lo mismo. Para votar en unas elecciones generales o autonómicas, la clave no es haber nacido fuera, sino tener nacionalidad española. Y ahí las diferencias por origen son enormes.
Según datos del CIS, no existe un voto inmigrante homogéneo
Los microdatos de los barómetros mensuales del CIS, que incluyen variables como lugar de nacimiento y nacionalidad, permiten aproximarse al comportamiento político de los inmigrantes nacionalizados.
A partir de esa base, distintos análisis publicados en marzo de 2026 muestran que no existe un bloque uniforme, sino preferencias muy distintas según el país de origen.
En términos agregados, entre los extranjeros nacionalizados las opciones de izquierda conservan ventaja. La suma de PSOE, Sumar y Podemos alcanza alrededor del 47% de la intención de voto más simpatía, mientras que PP y Vox rondan el 40%.
Esa diferencia, sin embargo, se transforma de forma clara cuando se desciende al detalle por nacionalidades.
Marroquíes y dominicanos, más próximos a la izquierda
Entre los grandes colectivos nacionalizados, los marroquíes figuran entre los más inclinados hacia partidos de izquierda. Los datos difundidos a partir de los barómetros del CIS sitúan en torno al 58% el apoyo conjunto a PSOE, Sumar y Podemos entre los nacidos en Marruecos con nacionalidad española, frente a alrededor del 30% para PP y Vox. También los dominicanos presentan un perfil claramente más favorable a la izquierda.
Ese patrón no es exclusivo de Marruecos. Los ecuatorianos, que son el grupo más numeroso entre los inmigrantes con nacionalidad española, también muestran una mayor afinidad por las siglas progresistas.
En su caso, la izquierda supera ligeramente el 50%, mientras la derecha queda por debajo del 40%. Los argentinos nacionalizados también presentan una ventaja apreciable para PSOE, Sumar y Podemos.
Venezolanos y cubanos, el gran vivero de voto conservador
El mapa cambia de forma notable entre los venezolanos y, en menor medida, entre los cubanos. Según esos mismos datos del CIS, son los dos únicos grandes grupos en los que PP y Vox superan el 50% del voto estimado.
En los venezolanos nacionalizados, la suma de ambas formaciones alcanza en torno al 60%, con predominio claro del PP. En los cubanos, el bloque de la derecha también se impone, aunque con un reparto más equilibrado entre populares y Vox.
La explicación no se reduce solo a la ideología clásica. En estos colectivos pesan la experiencia política previa, la percepción sobre los regímenes latinoamericanos de izquierda y un discurso especialmente receptivo hacia mensajes de orden, empresa o antichavismo.
Un electorado ideológicamente más conservador de lo que parece
Uno de los elementos más llamativos del análisis es que los inmigrantes nacionalizados se ubican, en promedio, algo más a la derecha en la escala ideológica que los nacidos en España.
La media de los nacionalizados se sitúa alrededor del 5,1 en una escala de 1 a 10, frente al 4,7 de los españoles nacidos en el país. Los venezolanos y cubanos destacan con un 6,0, mientras que los marroquíes aparecen más a la izquierda, con un 4,5.
Eso significa que la autoubicación ideológica no siempre coincide de manera automática con el voto efectivo. En España, igual que en otros países europeos, pesan también factores como la percepción de qué partidos son más favorables a la inmigración, la experiencia administrativa, el grado de integración o el sentimiento de discriminación.
Por eso puede darse el caso de colectivos relativamente conservadores en lo moral o económico que, aun así, se inclinen en mayor medida por opciones progresistas.
El peso real depende de cuántos estén nacionalizados
La capacidad electoral de cada comunidad depende tanto de su tamaño como de su tasa de nacionalización. Ahí los contrastes vuelven a ser decisivos. Ecuador encabeza la lista de nacidos en el extranjero con nacionalidad española, con 340.471 personas, por delante de Colombia, Marruecos y Venezuela.
También destacan Cuba, República Dominicana y Bolivia por sus elevadas proporciones de nacionalizados.
Eso explica por qué algunos grupos con mucha presencia social tienen una repercusión electoral limitada. Marruecos es uno de los principales países de origen de la inmigración en España, y el INE señala que representa más del 12% de los nacidos en el extranjero, pero su peso electoral depende de cuántos de esos residentes hayan adquirido la nacionalidad.
Rumanía, por ejemplo, es muy visible en población extranjera, pero su incidencia en elecciones generales sigue siendo menor por sus bajas tasas de nacionalización aunque son fundamentalmente de derechas.
De momento, los datos del CIS dejan una idea nítida: el voto de los inmigrantes nacionalizados no es un patrimonio exclusivo de ningún partido.
Imágenes: Elpaís
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