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Occidente sigue esperando a que la economía rusa se derrumbe. Esto no sucederá, pero tampoco se recuperará. Ha entrado en lo que los alpinistas llaman «la zona de la muerte»

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Sergio Delgado

La guerra entre Rusia y Ucrania se acerca a su quinto año. El conflicto ha transformado profundamente la economía ucraniana, pero ojo también la rusa.

Durante los primeros meses de la invasión, muchos analistas pronosticaron un rápido colapso económico provocado por sanciones, aislamiento financiero y restricciones comerciales. Sin embargo, ese escenario no se ha materializado.

La economía rusa no se ha desplomado, pero tampoco muestra señales claras de recuperación.

Rusia vive en un estado de resistencia permanente, comparable a lo que los alpinistas llaman la zona de la muerte, el área por encima de los 8.000 metros donde el organismo humano empieza a deteriorarse más rápido de lo que puede recuperarse.

Un crecimiento mínimo que refleja fragilidad estructural

Las cifras macroeconómicas reflejan esta situación de equilibrio inestable. Según estimaciones recientes, el crecimiento del PIB ruso apenas alcanzó el 1% durante 2025, una cifra muy inferior a los niveles previos al conflicto.

Para 2026, varios organismos internacionales anticipan un crecimiento incluso más moderado, condicionado por la reducción de ingresos energéticos, las limitaciones tecnológicas y la persistencia de sanciones.

El país ha conseguido evitar un colapso gracias a una combinación de factores: exportaciones energéticas hacia Asia, una política fiscal expansiva centrada en el gasto militar y controles financieros internos que han estabilizado el sistema bancario.

No obstante, estas medidas han generado un modelo económico que sacrifica el desarrollo futuro en favor de la supervivencia inmediata.

Dos economías dentro del mismo país

En los últimos años, el tejido productivo ruso se ha dividido en dos grandes bloques claramente diferenciados. El primero está formado por la industria militar y las actividades vinculadas al complejo de defensa.

Estos sectores concentran gran parte de la inversión pública, acceso preferente a recursos financieros y prioridad en la asignación de trabajadores cualificados.

El segundo bloque incluye la economía civil: pequeñas empresas, industria de consumo, servicios y gran parte del sector privado. Este ámbito opera con mayores restricciones, menor acceso a financiación y dificultades para importar tecnología avanzada.

Las estadísticas industriales reflejan este contraste. En conjunto, el sector manufacturero ruso ha registrado un aumento cercano al 18% en los últimos tres años. Sin embargo, prácticamente todo ese crecimiento procede de la producción vinculada al ámbito militar. Si se excluye este segmento, la industria civil ha experimentado una contracción significativa en el mismo periodo.

La dependencia de las rentas militares

El actual funcionamiento económico de Rusia se apoya en un mecanismo que algunos economistas describen como rentas militares. Se trata de transferencias presupuestarias destinadas a empresas del sector de defensa que generan empleo, salarios y actividad económica indirecta.

Durante la década de los 2000, la economía rusa se benefició de las rentas energéticas procedentes de la exportación de petróleo y gas. Aquellos ingresos provenían de mercados internacionales y alimentaban múltiples sectores económicos internos.

El actual modelo es diferente: el gasto militar redistribuye recursos dentro del propio sistema económico, destinándolos a actividades productivas orientadas al conflicto.

Esta estructura implica que parte del crecimiento actual se basa en una reasignación interna de recursos en lugar de una expansión real de la productividad o del comercio internacional.

El deterioro de las finanzas públicas

A medida que la guerra se prolonga, la presión sobre las cuentas públicas rusas se intensifica. El déficit presupuestario alcanzó aproximadamente 5,6 billones de rublos en 2025, equivalente a cerca del 2,6% del PIB. Se trata del mayor desequilibrio fiscal registrado desde la crisis sanitaria global.

El aumento del gasto militar ha obligado al gobierno a incrementar la emisión de deuda interna y a utilizar recursos de fondos soberanos acumulados durante años de altos precios energéticos. Como resultado, el pago de intereses de la deuda pública se ha convertido en una carga creciente para el presupuesto estatal.

Diversas estimaciones indican que los intereses de la deuda podrían superar este año el gasto combinado destinado a educación y sanidad, una señal de la creciente presión fiscal que enfrenta el país.

El impacto de los mercados energéticos

La evolución del mercado petrolero también está afectando a los ingresos del Estado ruso. El crudo Urals, principal referencia exportadora del país, se negocia con un descuento significativo respecto al Brent internacional, en algunos momentos situado entre el 25% y el 30%.

Esta diferencia se debe en gran medida a las sanciones occidentales, a las restricciones logísticas y a los mayores costes asociados al transporte hacia nuevos mercados asiáticos. Como consecuencia, los ingresos fiscales procedentes del petróleo y el gas han disminuido considerablemente.

Datos recientes muestran que los ingresos presupuestarios energéticos se redujeron casi a la mitad en términos interanuales durante el inicio de 2026, situándose por debajo de los 400.000 millones de rublos.

Un contexto global que complica la situación

La presión sobre la economía rusa también está influida por factores internacionales. La desaceleración económica de China, el crecimiento moderado de Europa y las tensiones comerciales entre grandes potencias están reduciendo la demanda global de materias primas.

Este contexto afecta especialmente a los países exportadores de energía, que dependen en gran medida de los ingresos derivados del petróleo y del gas para equilibrar sus cuentas públicas.

Para Rusia, la combinación de sanciones, descuentos en el precio del crudo y menor demanda internacional crea un entorno económico cada vez más duro. Aunque Rusia ha demostrado capacidad para sostener su economía, ¿podrá conseguirlo a largo plazo? He ahí las dudas.

Imágenes | Pixabay, Pixabay

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