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¿100 dólares el barril de petróleo? El cierre prolongado de Hormuz podría provocar un choque energético al estilo de los años 70 y una subida de 2 euros el litro de gasolina

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Sergio Delgado

El Estrecho de Ormuz es uno de los puntos más sensibles del comercio energético global.

Por esta franja marítima de apenas 33 kilómetros de ancho en su punto más estrecho transitan alrededor de 13 millones de barriles diarios de crudo en 2025, lo que equivale aproximadamente al 31% del petróleo transportado por vía marítima en el mundo, según datos de la consultora Kpler. Además, es clave para el gas natural licuado procedente de Qatar.

Conecta a grandes productores como Arabia Saudí, Irak, Emiratos Árabes Unidos e Irán con el Golfo de Omán y el océano Índico.

Cualquier interrupción sostenida en esta vía tiene un impacto inmediato en los mercados. Tras los ataques de Estados Unidos contra objetivos iraníes, el riesgo de bloqueo o disrupción ha aumentado significativamente.

Las primeras reacciones del mercado ya reflejan una prima de riesgo geopolítico. El Brent cerró recientemente en torno a 72,48 dólares por barril, con una subida acumulada cercana al 19% en lo que va de año, mientras el WTI estadounidense ronda los 62 dólares, con avances superiores al 16%.

Sin embargo, estas cifras podrían quedar rápidamente desfasadas si el conflicto escala.

¿Petróleo en tres dígitos?

Los expertos coinciden: una interrupción prolongada podría llevar el barril a superar los 100 dólares. Saul Kavonic, analista de MST Marquee, ha advertido en declaraciones a la CNBC que el mercado está valorando escenarios que van desde la pérdida de hasta 2 millones de barriles diarios de exportaciones iraníes hasta un bloqueo total de Ormuz.

El peor escenario contemplado por algunas firmas implicaría ataques a infraestructuras petroleras del Golfo, incluyendo instalaciones saudíes, combinados con restricciones al tránsito marítimo.

En ese caso, la crisis energética podría ser más intensa que el embargo árabe de 1973 o que la disrupción derivada de la revolución iraní de 1979.

Bob McNally, presidente de Rapidan Energy Group, ha señalado que la duración del conflicto será determinante. Una interrupción de pocos días generaría volatilidad y subidas puntuales. Un cierre prolongado durante semanas o meses desencadenaría un shock de oferta estructural.

La historia demuestra la sensibilidad del mercado a eventos en la región. En 2019, los ataques contra instalaciones saudíes en Abqaiq provocaron un repunte inmediato de más del 15% en los precios en cuestión de horas. Ormuz concentra un volumen mucho mayor de tránsito.

La gasolina y el gas por las nubes

Si el barril se aproxima o supera los 100 dólares, el efecto en los consumidores europeos sería inmediato. España importa la práctica totalidad del crudo que refina, por lo que un incremento del precio internacional se traslada rápidamente a surtidores.

Con el Brent en torno a 70 dólares, el litro de gasolina puede situarse en niveles cercanos a 1,60 o 1,70 euros dependiendo de impuestos y márgenes.

Un barril en tres dígitos podría empujar el precio hacia los 2 euros por litro o incluso superarlo si la tensión se prolonga y el euro se debilita frente al dólar.

El impacto no se limita ojo al transporte privado. El encarecimiento del diésel afecta al transporte de mercancías, a la agricultura y a la industria.

Además, los precios del gas natural licuado podrían dispararse, como ocurrió en 2022 tras la invasión rusa de Ucrania, cuando Europa registró máximos históricos.

El encarecimiento energético actúa como un impuesto indirecto sobre la economía. Eleva el coste de producción, reduce el poder adquisitivo de los hogares y presiona la inflación. En los años 70, los shocks petroleros desencadenaron estanflación en numerosas economías occidentales.

Escenarios probables que tener en cuenta

Irán ha amenazado en varias ocasiones con bloquear el estrecho como respuesta a ataques militares o sanciones.

No obstante, cerrar completamente la vía implicaría una confrontación directa con Estados Unidos y sus aliados, que probablemente desplegarían escoltas navales para garantizar el tránsito.

La probabilidad de un cierre total es difícil de estimar, pero algunos analistas sitúan el escenario extremo en torno a un tercio si Teherán percibe una amenaza existencial.

Más factible podría ser una disrupción parcial, retrasos en el tránsito o ataques puntuales que eleven la percepción de riesgo sin llegar a un bloqueo absoluto.

Los mercados tienden a reaccionar, siempre, primero por expectativa. Aunque el flujo físico no se detenga de inmediato, la prima de riesgo puede llevar el petróleo a niveles elevados en cuestión de días.

Si la situación se estabiliza rápidamente, los precios podrían moderarse. Si la escalada continúa, el efecto dominó sería difícil de contener.

La economía global atraviesa un momento delicado, con inflación todavía sensible en muchas regiones y crecimiento moderado. Un choque energético procedente de Ormuz añade más presión adicional sobre bancos centrales y gobiernos.

Imágenes | Google, Pixabay

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