El alquiler de instalaciones privadas por horas se consolida en España como una jugosa vía de ingresos extra para miles de propietarios a través de plataformas como Cocopool o Swimmy. El modelo sortea la restrictiva regulación turística tradicional y atrae tanto a particulares como a inversores que ya profesionalizan este tipo de espacios, incluido el agua. Este es el caso de Antonio Molina, uno de los miles de propietarios que ha decidido convertir un pasivo, en este caso su piscina, que genera gastos de mantenimiento en un activo de alta rentabilidad. Y la fórmula es tan sencilla como abrir la puerta del jardín.
A través de plataformas de reserva por horas, Molina comercializa el uso exclusivo de su piscina, un negocio muy estacional: a mayor calor, mayor disposición a pagar. "En el primer mes cerca de 2.000 euros en 5 o 6 días", explica a los micrófonos de Informativos Telecinco este anfitrión. El cálculo rápido es rotundo. "En un buen día, por 6 horas alrededor de 300 euros o 350 euros", apunta. Para sus clientes, el precio compensa con creces la huida de las aglomeraciones municipales. Durante la celebración de un cumpleaños en su recinto, uno de los bañistas detallaba la factura: "Es el cumpleaños de uno de los que viene, por 5 personas, nos ha salido a 30 euros la hora". Con la calculadora en la mano, un alquiler de seis horas supuso para Molina unos ingresos de 180 euros. "Además es un espacio maravilloso, es súper grande y estamos aquí solos", añade otra usuaria.
De acuerdo con las estimaciones de Cocopool, dependiendo del aforo, los extras y las características del recinto, un anfitrión podría llegar a embolsarse un promedio de 717,5 euros en apenas siete horas de reserva. Las cifras de ganancias potenciales son mareantes, pero, ¿es tan poderosa esta incipiente economía de la toalla como afirman las startups del sector?
Potencia de fuego
La respuesta está en el mercado. España es el segundo país de Europa con mayor parque de piscinas privadas –1,2 millones de unidades censadas–, solo por detrás de Francia, que suma 1,7 millones y es la cuna de Swimmy [la plataforma líder a nivel europeo]. En teoría, ese agua está trabajando, está generando rentabilidades... y atrayendo al gran capital. El pasado mes de abril, la propia Cocopool cerró una ronda de financiación de 435.000 euros destinada a escalar su modelo operativo y dominar un negocio todavía muy fragmentado. "Algunos de ellos han llegado a superar los 20.000 euros anuales", explica Edgar Granados, cofundador de la compañía. El perfil del cliente muta a toda velocidad: ya no son solo familias combatiendo la enésima ola de calor, sino corporaciones organizando retiros de empresa (o team building) y celebraciones privadas.
El ojo de Hacienda
Con este volumen de actividad, la Agencia Tributaria (AEAT) ha empezado a estrechar el cerco. A efectos fiscales, y según detalla la firma de asesoramiento Essedum, los ingresos generados por el alquiler por horas del jardín o la piscina tributan en la declaración anual del IRPF como rendimientos de capital inmobiliario, siempre que el anfitrión no preste servicios propios de la industria hotelera. Sin embargo, la factura fiscal es dura de roer: a diferencia del arrendamiento de vivienda tradicional, aquí no aplica la ansiada reducción del 60% sobre el rendimiento neto. El tipo impositivo grava directamente y sin piedad el beneficio obtenido.
Así, la escalada de márgenes está transformando un simple sobresueldo en un modelo de inversión puro y duro. Tal y como publicó EL ESPAÑOL el pasado verano en una cobertura sobre la rentabilidad del sector, algunos anfitriones reinvierten sus ganancias directamente en más ladrillo húmedo. Es el caso de María, una propietaria que, tras comprobar el éxito de su instalación principal, confirmó la construcción inminente de otra piscina en una residencia de Béjar (Salamanca) con el único objetivo de alquilarla por horas. Similar caso al de Vanesa, que recogimos hace poco.
Imagen | Telecinco
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