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¿Dónde estan los bienes, matarile rile rile?

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Vivimos tiempos convulsos. Creo que la cancioncilla infantil que todos hemos tarareado bien podía cambiar de letra. En vez de preguntar por dónde están las llaves, podríamos hablar de dónde está el dinero. Y ya no me refiero al de los Bancos en dificultades, al evaporado vía subprimes, etc. No. La idea me la ha dado Javier, mi compañero editor: en estos momentos, más de uno estará ocultando sus bienes, sus ingresos, para escapar de los acreedores, de su futuro ex-conyuge o de vete a saber que otro peligro para su tesoro. ¿Cómo ocultan su dinero? Hablemos sobre ello, aunque parezca tabú.

¿Es fácil esconder el dinero, y hablo tanto de bienes (patrimonio) como de rentas (ingresos)? Yo diría que depende. Depende de la cantidad, del origen de nuestro dinero, de su pasado, de nuestro ritmo de vida, etc. En todo caso, creo que no voy a contra nada nuevo, y antes las previsibles criticas a lo Meneáme de estar favoreciendo conductas ilegales, me gustaría que lo vieseis como un manual para perseguir a aquellos que os deben dinero, o un post denuncia (es que acabo de oír en la radio a Millás el escritor hablando de fiscalidad, y todavía tiemblo). Que todo tiene dos caras.

Una opción radical es tenerlo todo en liquido, en billetes, cash, dinero. El dinero físico casi no deja huella (ojo con fuertes movimiento de efectivo a través de entidades financieras). Pero plantea problemas. Mantenerse fuera del circuito financiero, de la economía ordinaria, implica que, salvo que nos dediquemos a negocios bien turbios, bien atípicos, nos va a costar rentabilizarlo (un alternativa, de riesgo, es la inversión en determinados metales y piedras), y seguramente vivamos comiéndonos nuestro patrimonio. Otra problema añadido es su custodia. Ya hemos advertido sobre aquellos que aconsejan la teoría del colchón, y el tiempo nos da la razón. La alternativa es una caja fuertes bancarias, pero ojo, que son nominativas, y más de uno ya se ha llevado un susto con Hacienda. Es más, yo diría que ser titular de una nos predispone como colectivo interesante ante el Fisco. Y la alternativa de tener una casa o en el trabajo creo que tiene también sus riesgos. Siempre me he preguntado si a la hora de instalarse no se filtra dicha información.

Otra alternativa es recurrir a sistemas financieros extranjeros. Vamos, lo que vulgarmente se denomina paraísos o refugios fiscales, aunque basta con que sea un jurisdicción no excesivamente colaboradora y con una tributación adecuada. Sobre esto hay mucha literatura en la web, y o será fácil documentaros. Pero no creáis todo lo que dicen. Generalmente las cuentas numeradas no existen, salvo excepciones, y el secreto bancario así así. Pero si uno no se dedica al crimen organizado, a la trata de blancas, al tráfico de drogas o al terrorismo creo que es bastante seguro, si sabemos elegir. Eso si, será caro, y no se justifica para cantidades pequeñas. Para gestionar el dinero, basta con tirar de teléfono o de internet, y para recuperarlo vía tarjeta. Eso si, ojo, que las transacciones electrónicas quedan registradas, aunque cuenta la leyenda que existen tarjetas opacas. En general, podemos decir que el mayor problema estriba, ya no en disponer del mismo, si no en trasladarlo hasta allí.

Un escalón superior es el del uso de testaferros: terceras personas que aparecen como titulares de un dinero o rentas que no son suyos. Los hay amateurs (amigos, familiares) que quizás son de más confianza, pero más fáciles de descubrir por la relaciones sociales. Pero también tenemos la vertiente profesional del mismo. Y si queremos un mayor control, en función de las necesidades patrimoniales, esta la operatoria con sociedades, o con negociaciones jurídicos como el trust o fideicomiso anglosajón. Hay multitud de opciones, especialmente en combianción con la afición al turismo antes comentada.

En todo caso, el principal problema en este tipo de operatoria con terceros titulares de nuestros bienes, esta en la transmisión inmuebles, acciones, etc. Ojo, que cabe que lo califiquen como alzamiento de bienes, como negocio simulado, etc, y dichas operaciones sean anuladas. Cuando hablo de operaciones de transmisión la más frecuente es la compraventa con precio simulado, pero también se da la dación en pago de un crédito simulado, forzar una ejecución judicial y hacerse con el bien que ya era nuestro, etc.

En ocasiones, lo que se buscará será aparentar una situación económica de insolvencia que evite embargos patrimoniales. Ahí hay auténticos expertos en generar deudas ficticias con sociedades dependientes de ellos mismos, para trabar tanto sus fuentes de ingresos como sus bienes, y evitar que terceros puedan acceder a ellos con más facilidad. O establecer determinados contratos de alquiler, ceder usufructos, etc. Por tanto, cabe que nos cuestionemos cuando nos digan que esta embargado o alquilado si es real o imaginario. Y es que, por poner otro ejemplo, más de uno no levanta adrede los embargos de sus fincas a pesar de haberlos pagado para evitar que sus acreedores se lancen.

Una ultima salida suele ser recurrir a algunos productos financieros. Ya se que he dicho que no mezclan bien con los propósitos comentados, pero, por poner un ejemplo, el plan de pensiones, inembargable por su estructura jurídica, genera un espacio alejado de nuestra esfera patrimonial que puede resultar de lo más interesante, si se sabe gestionar adecuadamente. El escudo protector del Halcón Milenario es de chichinabo en comparación con la fuerza de un Plan de Pensiones frente a los embargos o reclamaciones de terceros. Se mira pero no se toca.

En El Blog Salmón | ¿Qué hacemos con los alquileres en B ?, No estamos ante el final de los paraísos fiscales Imagen | elNico

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