El fuerte repunte del crédito al consumo en España va más allá de una señal del dinamismo económico o de la confianza del consumidor. Tiene cara B, y cada vez es más evidente: apunta a un problema estructural de renta disponible, ahorro y regulación, en un contexto en el que una parte creciente de los hogares recurre al endeudamiento para sostener gastos inmediatos.
Según los últimos datos publicados por el Banco de España, el volumen mensual de nuevos préstamos al consumo supera de forma recurrente los 4.000 millones de euros, una cifra que no se registraba desde el verano de 2008, justo antes del estallido de la crisis financiera
¿Volver a niveles de 2008? Malas noticias
Entre enero y octubre de 2025 estos créditos alcanzaron los 37.924 millones de euros, un 20 % más que en el mismo periodo del año anterior y en máximos desde 2007.
La comparación histórica es relevante, pero conviene matizarla. El contexto actual no es el de la burbuja inmobiliaria ni el de un sistema financiero sobreapalancado. Sin embargo, volver a niveles de flujo de crédito previos a una gran recesión, como la del 2008, sí lanza una señal de alerta: el consumo vuelve a apoyarse de forma creciente en el endeudamiento.
Los análisis independientes confirman esta tendencia. Un informe reciente señalaba que el crédito al consumo en España alcanzó en otoño de 2025 niveles cercanos a los 4.500 millones de euros mensuales, con crecimientos interanuales superiores al 20 %
De este modo, no se trata solo de financiar bienes duraderos o viajes. La magnitud del repunte sugiere que el crédito está funcionando como mecanismo de ajuste ante la pérdida de poder adquisitivo.
Menos ahorro, más recurso al crédito
Este aumento del endeudamiento coincide con un descenso claro de la tasa de ahorro de los hogares. Según el INE, el ahorro se sitúa en torno al 12 % de la renta disponible, el nivel más bajo de los últimos años
Asimismo, los datos apuntan a que las familias españolas ahorraron miles de millones menos en 2025 que el año anterior y recurrieron con mayor frecuencia a préstamos para sostener el consumo.
El resultado es una economía con varias caras: el volumen agregado de depósitos bancarios sigue siendo elevado, pero una parte relevante de los hogares ha visto erosionada su renta real por la inflación acumulada y el encarecimiento del coste de la vida. Para estas familias, el crédito deja de ser una herramienta puntual y se convierte en una necesidad recurrente.
A esta dinámica se suma un problema estructural: la regulación del crédito al consumo sigue incompleta. En ausencia de límites claros sobre la usura, han sido los tribunales quienes han ido fijando doctrina caso a caso y por productos.
El último toque de atención relevante afectó a las tarjetas revolving, estableciendo que el interés no puede superar en más de seis puntos la media del mercado. Pero otros productos, especialmente los comercializados de forma digital y con acceso inmediato al dinero, continúan en una zona gris.
Según explicó el ministro de Economía, Carlos Cuerpo, la nueva normativa busca limitar los intereses, reforzar la transparencia y evitar el sobreendeudamiento, además de regular la publicidad y establecer periodos mínimos de reflexión antes de contratar
Minicréditos y deuda de supervivencia
El punto más preocupante del sistema son los minicréditos a muy corto plazo. Según la asociación de consumidores financieros Asufin, la TAE media supera el 3.400 %, una cifra que se ha más que duplicado en los últimos años.
En la práctica, un préstamo de apenas 300 euros puede acabar generando cuotas mensuales superiores a los 100 euros durante un año, atrapando al consumidor en una espiral difícil de romper. No es financiación para invertir o mejorar la situación económica, sino deuda de supervivencia, contratada a menudo por personas en situación de vulnerabilidad.
Desde el sector, la patronal Asnef ha mostrado una postura relativamente favorable a la nueva regulación, especialmente si sirve para reducir la litigiosidad y unificar criterios en el conjunto de la Unión Europea.
En cualquier caso, conviene evitar alarmismos: la deuda total de los hogares en relación con el PIB sigue lejos de los niveles de la crisis financiera, según series históricas recogidas por organismos internacionales
Sin embargo, el mensaje de fondo es claro. Cuando el crecimiento del consumo depende cada vez más del crédito y menos de la renta disponible, el modelo se vuelve frágil. El auge del crédito al consumo no resuelve el problema de fondo, sino que lo aplaza.
Volver a niveles de endeudamiento previos a 2008 debería servir como advertencia. Sin una mejora sostenida de los salarios reales, un colchón de ahorro suficiente y una regulación eficaz que proteja a los consumidores más vulnerables, el crédito deja de ser una herramienta útil y se convierte en un parche estructural. En cualquier caso, la cuestión clave que no deberíamos perder de vista no es tanto cuánto crédito se concede, sino por qué cada vez más hogares lo necesitan para mantener su nivel de vida.
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