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Cataluña sigue endureciendo la intervención en vivienda, pero el acceso continúa empeorando

Cataluna Sigue Endureciendo La Intervencion En Vivienda Pero El Acceso Continua Empeorando
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Javier Ruiz

En Cataluña, el año ha empezado profundizando en la misma estrategia que ya la sitúa como la comunidad autónoma más intervencionista en el mercado de la vivienda.

En pocas palabras, se extiende el control de rentas a prácticamente todos los contratos de alquiler y el anuncio de nuevas limitaciones a la compra para invertir consolidan una hoja de ruta clara: frenar el encarecimiento del acceso a la vivienda mediante una regulación intensa del mercado, según recoge la prensa generalista

Un control de rentas más amplio

Tras varios años de intervención creciente, los resultados empiezan a mostrar una paradoja incómoda: la vivienda se mantiene como el principal problema ciudadano y las dificultades de acceso persisten, sobre todo si hablamos de alquileres, como reflejan las últimas encuestas de opinión.

Una vez más, gana peso una pregunta: ¿se trata de una cuestión de intensidad de las regulaciones o hay un error en el diagnóstico?

La primera gran novedad es la extensión del tope de precios a los alquileres de temporada, una medida que acaba de entrar en vigor y que se suma al control ya existente en las denominadas zonas tensionadas.

En la práctica, el límite de rentas pasa a aplicarse a todo tipo de contratos residenciales, con independencia de su duración, lo que convierte a Cataluña en el territorio que más lejos ha llevado la aplicación de la Ley estatal de Vivienda.

El resultado, sin embargo, no es inequívoco. Pese a los topes, los últimos datos disponibles muestran ligeros repuntes de las rentas y, sobre todo, una persistente escasez de oferta, que se desmarca como el principal problema sin soluciones en el sector inmobiliario. Hablando en plata, la intervención ha contenido los precios, pero no ha generado más viviendas disponibles.

Frenar la compra para inversión

El Govern, presidido por Salvador Illa, prepara ahora una medida de mayor calado: limitar la compra de vivienda para invertir, una categoría que desde la propia Generalitat se denomina “compra especulativa”, aunque todavía sin una definición jurídica precisa.

Este mismo medio informaba hace unas semanas sobre los tanteos del ejecutivo catalán con el modelo Ámsterdam, donde a partir de cierto precio, se obliga a los compradores a residir en la vivienda durante varios años.

Según ha avanzado la consellera de Territori i Habitatge, Sílvia Paneque, en declaraciones a la Agència Catalana de Notícies (ACN), la propuesta que se presentará, según las previsiones, durante el primer trimestre de 2026 tiene como objetivo principal desincentivar toda adquisición que no se destine a primera residencia o a alquiler permanente. Para ello, se espera gravar la fiscalidad, combinada con condiciones urbanísticas y un refuerzo del régimen sancionador.

Aquí aparecen las primeras dudas. Para empezar, el margen autonómico es limitado: el IVA de la vivienda nueva es competencia estatal y el Impuesto de Transmisiones Patrimoniales (ITP) ya fue elevado hasta el 20 % para grandes tenedores el pasado verano, fruto de un acuerdo con los comunes.

Señales contradictorias

Uno de los puntos más críticos del debate es la coherencia del diagnóstico. El catedrático de Economía de la Universitat Pompeu Fabra, José García Montalvo, señala que las políticas actuales parecen partir de causas distintas —y a veces incompatibles— del problema de la vivienda

Por un lado, el Gobierno central ha aprobado ayudas a propietarios frente al impago del alquiler, lo que sugiere que el riesgo de insolvencia del inquilino es una preocupación relevante.

Además, un reciente artículo de El País destaca que el sector inmobiliario asegura que Cataluña afronta 2026 con una crisis de vivienda que no se aliviará a corto plazo, y que la actual regulación de precios podría incluso provocar que propietarios retiren pisos del alquiler convencional antes que ajustarse a los límites impuestos.

Por el otro, la Generalitat refuerza el foco sobre los grandes tenedores y la inversión, cuando los datos disponibles indican que no son el actor dominante del mercado del alquiler, según explica el propio García Montalvo.

Este enfoque transmite una señal ambigua: se protege al propietario frente a ciertos riesgos, pero al mismo tiempo se endurecen las condiciones para invertir, lo que puede retraer aún más la entrada de vivienda en el mercado sin una apuesta estatal por ampliar el parque público.

El problema estructural: la oferta

Más allá del debate político, hay un punto de consenso creciente entre analistas y sector: el problema central sigue siendo la falta de oferta.

Esta escasez ha provocado que, incluso con topes de precios, las rentas hayan repuntado ligeramente en el segundo trimestre del año en Cataluña, mientras los precios de compraventa continúan al alza.

Las medidas destinadas a ampliar el parque público (principalmente, las 50.000 viviendas anunciadas por la Generalitat o la preparación de suelo para construir hasta 200.000 inmuebles, un 50 % de carácter social) solo tienen un impacto potencial relevante a medio y largo plazo. Mientras tanto, seguimos igual.

Tras años de controles crecientes, Cataluña se enfrenta a una evidencia incómoda: regular más no está resolviendo el problema de acceso a la vivienda.

¿Está mitigando algunos excesos? Es posible, pero también introduciendo incertidumbre, desincentivando inversión y reduciendo aún más la oferta disponible, según coinciden fuentes académicas y sectoriales.

El riesgo no es solo económico, sino político. Cuando la intervención se intensifica y los resultados no llegan, la tentación es redoblar las medidas. Pero sin un aumento efectivo del número de viviendas, el mercado sigue reaccionando de la única forma posible: menos oferta, más fricción y un acceso cada vez más difícil.

La vivienda se ha consolidado como el principal problema ciudadano. La cuestión ya no es si hay que intervenir, sino si se está interviniendo donde se debe.

Foto: Flickr

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