Hacienda brindó y mucho la pasada Nochevieja. La razón no fue baladí: celebró haber tenido un muy buen año 2025, el mejor de toda su historia.
A falta de conocer los datos oficiales del mes de diciembre, la recaudación tributaria acumulada hasta noviembre superó por primera vez la barrera de los 300.000 millones de euros, consolidando el mejor ejercicio de la historia para la Hacienda pública.
Con un total de 301.355 millones ingresados, el Estado ha elevado sus recursos en torno a un 10% respecto al mismo periodo del año anterior, cuando todavía faltaba un mes para cerrar el ejercicio.
El crecimiento sostenido de los ingresos refleja una combinación de inflación persistente, mayor presión fiscal efectiva y la incorporación de nuevas figuras impositivas, factores que han impulsado de forma notable las arcas públicas en un contexto de tensión para empresas y hogares.
Un aumento impulsado por la inflación y la base imponible
El salto interanual de más de 27.000 millones de euros pone de relieve el impacto que la evolución de los precios ha tenido sobre la recaudación.
El encarecimiento generalizado de bienes y servicios ha elevado de manera automática las bases imponibles de numerosos tributos, incrementando los ingresos sin necesidad de modificar formalmente los tipos impositivos.
Desde el Ministerio se subraya que esta evolución responde al dinamismo de la actividad económica y a la mejora del empleo, aunque la inflación acumulada ha actuado como un acelerador silencioso de la recaudación.
El efecto arrastre de los precios se ha traducido en mayores ingresos fiscales a costa de una pérdida de poder adquisitivo del contribuyente.
El peso del IRPF en la recaudación total
El Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas ha sido, una vez más, el principal pilar de los ingresos públicos. Hasta noviembre, este tributo aportó 133.282 millones de euros, lo que supone un crecimiento del 10,1% y casi la mitad del total recaudado.
La Agencia Tributaria vincula este avance a la evolución de la masa salarial, favorecida por una ligera mejora del empleo y subidas salariales más intensas en la recta final del año.
Sin embargo, la ausencia de una actualización de los tramos estatales del IRPF en un entorno inflacionista ha generado un aumento efectivo de la carga fiscal. La no corrección de la tarifa ha provocado que muchos contribuyentes salten a tramos superiores sin haber ganado poder adquisitivo real, un fenómeno que distintos organismos han calificado como una subida impositiva encubierta.
IVA y consumo como motores adicionales
El Impuesto sobre el Valor Añadido también ha contribuido de forma decisiva al récord recaudatorio. En los once primeros meses del año, los ingresos por IVA alcanzaron los 94.416 millones de euros, un 9,3% más que en el mismo periodo del ejercicio anterior.
El incremento de los precios y la retirada progresiva de algunas rebajas temporales han reforzado el peso de este tributo indirecto.
La recuperación de tipos normales en determinados productos de alimentación y energía ha elevado el ingreso medio por operación, aumentando el rendimiento del impuesto incluso en contextos de consumo moderado. El IVA se consolida así como uno de los grandes beneficiarios del escenario inflacionista.
Sociedades e impuestos especiales al alza
El Impuesto sobre Sociedades registró un crecimiento más moderado, aunque significativo, con una recaudación de 35.942 millones de euros, un 5,9% más. Este avance refleja una mejora de los resultados empresariales, pese al aumento de los gastos financieros y operativos derivados del contexto económico.
Por su parte, los impuestos especiales aportaron en conjunto 19.244 millones de euros, con un incremento del 5,3%. Los gravámenes sobre hidrocarburos y tabaco mantuvieron una evolución positiva, mientras que los impuestos vinculados al alcohol mostraron un comportamiento más estable.
El impacto de los nuevos tributos
A este escenario se suma la entrada en vigor de nuevas figuras impositivas y ajustes normativos que han reforzado la recaudación.
Hasta septiembre, estas medidas aportaron más de 5.400 millones de euros adicionales. Entre ellas destacan los gravámenes aplicados al sector financiero, los nuevos impuestos sobre determinados productos alternativos al tabaco y los cambios en la fiscalidad energética.
La eliminación de rebajas fiscales temporales en electricidad, gas natural y otros suministros también ha contribuido de forma relevante al aumento de ingresos. Estas decisiones han elevado el esfuerzo fiscal efectivo en un momento de presión sobre los presupuestos familiares.
La no deflactación del IRPF y su efecto distributivo
Diversos estudios han puesto el foco en el efecto acumulado de no adaptar el IRPF a la inflación. Con una subida de precios cercana al 27% desde 2015, la falta de actualización ha incrementado de manera significativa la cuota a pagar, especialmente en las rentas medias.
En algunos casos, el aumento del impuesto supera el 25% sin que exista una mejora equivalente de la renta real.
Aunque Hacienda defiende que determinadas reducciones benefician a los tramos más bajos, estas compensaciones no alcanzan a los contribuyentes de renta media. El resultado es una mayor recaudación sostenida basada en un mecanismo poco visible para el ciudadano.
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