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Dos pájaros de un tiro: España gravará las bebidas azucaradas

Dos pájaros de un tiro: España gravará las bebidas azucaradas
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La temporada de subidas de impuestos ha empezado en España. A pesar de que en campaña electoral dijeron que no lo harían, donde dije diego, diego Diego, y el Gobierno ha aprobado un nuevo paquete de medidas fiscales entre las que se incluyen subidas impositivas a tabaco y alcohol, además de menos deducciones para las empresas, límite de pagos en efectivo de 1.000 euros y...una novedad. España se suma a países como Reino Unido, Italia o Francia y a partir de enero introducirá un nuevo impuesto a las bebidas azucaradas.

Este nuevo tributo, con el que el Ejecutivo prevé recaudar unos 200 millones el próximo año, está dentro de las medidas que pretenden rebajar el déficit público para cumplir con el objetivo de 3,1% de déficit para el año que viene. Si bien su potencial recaudatorio es bajo, por lo tanto, se trata más de una medida disuasoria en lo que ya se ha convertido una lucha mundial contra la obesidad y las enfermedades derivadas.

Porque, aunque el Gobierno calcula que recaudará hasta 8.000 millones adicionales con estas medidas, el porcentaje procedente de las bebidas carbonatadas no será muy elevado. Si bien el producto se encarecerá, alejando así a los consumidores de estas bebidas, tal y como viene pidiendo la Organización Mundial de la Salud (OMS) en su lucha contra la obesidad -ha pedido un gravamen del 20% para estas bebidas- sobre todo la infantil, que en nuestro país afecta a uno de cada diez niños, según la OCDE, mientras que el 17% del conjunto de la población padece esta enfermedad.

¿Hasta qué punto pueden ayudar esta medidas a rebajar estas cifras? Dependiendo de qué tipo de gravamen se introduzca finalmente -Hacienda tiene que negociarlo con el resto de grupos parlamentarios- y de cómo éste afecte al precio. Pero aquí hay más intereses en juego: la industria de bebidas también se puede ver resentida.

Alejarse del azúcar a la fuerza

Dicen que a la fuerza ahorcan, y a pesar de los mensajes sobre el riesgo que supone un consumo elevado de este tipo de bebidas azucaradas para la salud, los ciudadanos suelen hacer caso omiso a declaraciones que consideran “alarmistas e interesadas”. Por ello, lo que acaba teniendo más efecto es una subida de los precios de estos productos, al igual que ocurre con el tabaco.

Aún no se sabe cómo va a gravar España estos refrescos, pero en México, país donde los casos de obesidad y diabetes eran alarmantes, se aplicó una tasa de aproximadamente el 10% sobre los precios. Esto hizo que en menos de un año -desde enero de 2014, cuando entró en vigor hasta diciembre del mismo año- las ventas de estos refrescos cayeran un 12%.

Obesidad

No obstante, hay voces que señalan que esta subida impositiva no tiene nada más que afán recaudatorio por parte del Estado y que si realmente quisieran mejorar la salud de los ciudadanos tomarían otras medidas. En concreto, la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) señalaba estos días que sería mucho más efectivo que se hiciera obligatoria una reducción de al menos el 10% de azúcares añadidos en los productos procesados sin que que sustituyan por edulcorantes. Igualmente, pide un mayor control de la publicidad dirigida a los menores -los más propensos al impacto de estos mensajes- y que los consumidores puedan identificar exactamente qué cantidad de azúcar añadido llevan los productos.

Además, otro de los puntos que aún está por verse es si en España el coste de este nuevo impuesto repercutirá en los precios o, por el contrario, las marcas prefieren asumirlo antes de correr el riesgo de que sus ventas caigan, como ocurrió en la ciudad de Berkeley, California. Por lo tanto, en este impuesto al azúcar hay tanto luces como sombras.

Y la industria… ¿qué dice?

Los terceros en discordia en este tema fiscal son los fabricantes de bebidas azucaradas, que como bien sabemos, son algunas de las empresas más importantes del mundo. No hace falta mencionar ningún nombre para saber de quiénes se trata y de que, en realidad, son los más afectados por una caída de las ventas.

Tanto estas compañías como los hosteleros ya han expresado la preocupación que les produce el nuevo impuesto introducido por el Gobierno. Anfabra, la Asociación de Bebidas Refrescantes, ha mostrado su disconformidad con la medida y ha usado un argumento muy similar al de la OCU: “es injusto porque grava a los refrescos con azúcar, pero no al azúcar en sí”. Esto, a su juicio, supone un agravio comparativo, pues los refrescos no son los únicos productos que contienen azúcar añadido.

Además, asegura que esto pondría más palos en las ruedas de la recuperación del consumo y que pondría en problemas a la hostelería. Asimismo, también apuntan otro importante aspecto: esta subida solo va a perjudicar a las clases menos pudientes, que son las que más consumen estos refrescos.

Terrazas

Pero no solo los fabricantes han expresado su enfado. También los supermercados o los distribuidores, que ya asumen que, en un contexto de difícil competencia, tendrán que asumir ellos la subida impositiva. Por lo tanto, como era de esperar, la industria ha recibido la novedad con enfado, temor y resentimiento.

En cualquier caso, desde hace ya varios años este sector entendió que los hábitos estaban cambiando. Los consumidores cada vez están más preocupados por su salud y reciben constante información sobre los beneficios de una dieta sana sin este tipo de azúcares. Por ello, no dejan de sacar al mercado refrescos light, sin azúcar y derivados, los cuales, además, tienen muchos adeptos y generan numerosos ingresos. Por lo tanto, este tipo de impuestos pueden ser un verdadero impulso para que toda la sociedad se tome muy en serio que la salud debe empezar por lo que se ingiere. Al final, somos lo que comemos...o bebemos.

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