El Gobierno ha decidido liberar hasta 11,5 millones de barriles de las reservas estratégicas de petróleo para intentar moderar el impacto de la crisis energética derivada de la guerra con Irán.
En el papel, la medida tiene peso, pero moderado. En concreto, equivale a 12,3 días de consumo nacional y forma parte del acuerdo coordinado por la AIE para sacar al mercado parte de las reservas de emergencia. Sin embargo, si bien puede contener las aguas, parece difícil que pueda conseguir que el precio de la gasolina y el diésel baje en las gasolineras españolas.
Qué ha aprobado el Gobierno
El matiz es relevante, pues el anuncio podría llevar a conclusiones equivocadas, como reducciones inmediatas, como la que se dio durante la guerra rusa en Ucrania.
No funciona así. Más barriles no equivalen automáticamente a repostar más barato. El precio del combustible no depende solo de la decisión de un Gobierno, sino del mercado internacional del crudo, de la evolución geopolítica y del tiempo que tardan esos cambios en trasladarse al surtidor.
Por descontado, la liberación de reservas puede amortiguar el golpe, pero no garantiza una rebaja inmediata. De este modo, la medida aprobada por el Consejo de Ministros no es una descarga inmediata de todo el volumen anunciado, sino una liberación por fases a lo largo de 90 días.
Según explicó el Ministerio para la Transición Ecológica, la primera fase arrancará con el equivalente a cuatro días de consumo nacional durante 15 días, mientras que las siguientes dependerán de cómo evolucione la crisis. Además, el reparto previsto incluye 2,2 millones de barriles de gasolina, 9 millones de destilados medios, como gasóleos y querosenos, y 227.000 barriles de fuelóleo.
Recapitulando, los 11,5 millones de barriles no saldrán de golpe ni se colocan al mercado a un precio rebajado por decisión política, sino a precios de mercado: el Ejecutivo no está imponiendo una gasolina barata, sino tratando de aumentar oferta para enfriar tensiones. Traducido, podríamos decir que la decisión ayuda a contener más aumentos, pero no asegura una bajada rápida y visible para el consumidor.
Liberar reservas no abarata
El precio de los carburantes no responde de manera automática a una sola variable: importa la cotización internacional del Brent, pero también pesan el coste de su refinamiento, la logística, la distribución, la fiscalidad y los márgenes comerciales...
Además, hay que tener en cuenta que entre que el petróleo sube o baja y ese movimiento se refleja en el surtidor suele haber cierto retraso. Por eso una liberación de reservas puede mandar una señal útil al mercado mayorista sin traducirse enseguida en un cambio claro para quien llena el depósito.
A todo ello, se suma que el mercado sigue muy nervioso: hace unas horas, Reuters informaba de que el Brent había alcanzado y superado los 112 dólares por barril después de nuevos ataques iraníes sobre instalaciones energéticas en Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y Qatar.
Una escalada inmediatamente después de las interrupciones en el estrecho de Ormuz, paso clave para el comercio mundial de petróleo, y una desconfianza creciente por el fin de un conflicto relámpago, como el que anunciaba Donald Trump. En ese contexto, liberar reservas sirve para evitar que el golpe sea todavía mayor, no para asegurar un alivio rápido en la estación de servicio.
Para que los carburantes bajen
La pregunta útil para el lector no es tanto qué ha anunciado el Gobierno como qué tendría que pasar para pagar menos al repostar. Y la respuesta, ahora mismo, está menos en Madrid que en Oriente.
Lo primero que tendría que producirse es una desescalada militar creíble. Mientras el mercado siga detectando un riesgo alto de ataques sobre infraestructuras energéticas o de bloqueo prolongado en la zona, el petróleo seguirá incorporando una prima geopolítica.
En segundo lugar, será necesaria cierta normalización de los flujos energéticos en el Golfo, especialmente en torno a Ormuz.
Y lo tercero, quizá lo más importante para el bolsillo, sería una caída sostenida del Brent, no un respiro puntual de uno o dos días, que está muy vinculado a los puntos anteriores. Solo con esa combinación empezaría a ser razonable esperar una rebaja más clara en gasolina y diésel.
De hecho, esta idea la están verbalizando también responsables europeos. El ministro francés de Finanzas, Roland Lescure apuntaba a que nuevas liberaciones de reservas pueden servir como señal temporal al mercado, pero, a la par, subrayaba que la solución duradera pasa por restablecer los flujos a través de Ormuz.
Las reservas estratégicas compran tiempo, pero no sustituyen el suministro normal si el problema de fondo sigue abierto.
Diferencias clave entre dos crisis
Hay otro elemento que ayuda a ajustar expectativas. Esta vez el Gobierno español no está planteando, al menos por ahora, una ayuda directa como el descuento generalizado de 20 céntimos por litro que se aplicó en 2022. La estrategia actual parece más contenida: usar reservas, coordinarse con la AIE y lanzar un mensaje de estabilidad, pero sin abrir por el momento un esquema de subvención directa al repostaje. En esa línea, el Ejecutivo apunta a una respuesta más limitada que en la crisis energética derivada de la invasión rusa de Ucrania.
La diferencia no es menor. Mientras el descuento fiscal o una bonificación directa actúan de forma inmediata sobre el precio que paga el consumidor, la liberación de reservas opera por una vía mucho más indirecta: intenta reducir presión en el mercado mayorista y suavizar expectativas.
El problema de fondo
En cualquier caso, el problema real sigue estando fuera de las fronteras españolas. Así, aunque el anuncio del Gobierno sea relevante, conviene no exagerar su efecto.
España puede ayudar a estabilizar, pero no puede abaratar por decreto un combustible que sigue atado a una crisis internacional. La decisión de liberar reservas tiene sentido como mecanismo de contención y como gesto coordinado con otros países, pero el verdadero alivio dependerá de factores que el Ejecutivo no controla: el curso de la guerra, la seguridad de las rutas energéticas y el comportamiento del crudo en las próximas semanas.
En conclusión, el Gobierno ha movido ficha, pero eso no significa que llenar el depósito vaya a costar menos la semana que viene (por desgracia). Para que los carburantes bajen de verdad tendría que aflojar la guerra, reducirse el riesgo sobre Ormuz y retroceder el petróleo de manera algo más consistente de lo que hoy parece plausible. Mientras eso no ocurra, la liberación de los 11,5 millones de barriles servirá sobre todo para una cosa: contener parte del golpe, no borrarlo.
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