El bloqueo del estrecho de Ormuz tras el agravamiento del conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán ha obligado a MSC, la mayor naviera del mundo, a activar una solución a la desesperada: transportar mercancías desde Europa hasta Arabia Saudí por barco, cruzar la península en camión y volver a embarcar la carga rumbo a los principales puertos del Golfo.
Una locura en medio de un conflicto que no cesa. De hecho, este mismo lunes medios iraníes aseguraban haber alcanzado un buque de EEUU cuando iba a entrar en el Estrecho. Algo que desde Washington niegan.
Por ello, no es de extrañar que esta nueva operativa de MSC arranque ya en pocos días, este mismo mes de mayo. Con salidas desde el puerto belga de Amberes y con el objetivo de garantizar el flujo comercial hacia Oriente Medio.
Una ruta inédita alternando mar y carretera
Con este movimiento, MSC transforma una de las zonas más sensibles del comercio global en una especie de corredor multimodal.
Los buques partirán desde el norte de Europa y atravesarán el canal de Suez hasta el mar Rojo. Ahí harán escala en puertos de la costa occidental saudí como Yeda o Rey Abdullah.
A partir de ahí, el transporte marítimo se detendrá y entrará en juego la carretera. La mercancía se trasladará en camiones a lo largo de unos 1.300 kilómetros atravesando el país hasta llegar a Dammam, en la costa este.
Este trayecto terrestre pasará por nodos logísticos clave como Riad, lo que permitirá reorganizar la carga antes de su redistribución final.
Desde Dammam, la mercancía volverá al mar mediante buques de menor tamaño que conectarán con puertos estratégicos del Golfo Pérsico como Jebel Ali en Dubái o Abu Dabi.
También se incluirán destinos como Bahréin, Kuwait o Irak, todos ellos dependientes del tráfico que tradicionalmente circulaba por Ormuz.
Ormuz, el cuello de botella que paraliza el comercio
El estrecho de Ormuz es una de las arterias más importantes del comercio energético mundial, pero también un punto crítico para el transporte de mercancías.
Su cierre o limitación tiene un efecto inmediato en las cadenas de suministro globales.
Desde finales de febrero, el tráfico en la zona se ha reducido drásticamente. Ataques a buques, tensiones militares que no cesan y la falta de garantías de seguridad han obligado a muchas compañías a replantear sus rutas.
Además, hay cientos de barcos bloqueados en la región, con miles de tripulantes a la espera de una solución.
El impacto no se limita solo al petróleo. El transporte de contenedores también se ha visto afectado, especialmente en rutas que conectan Asia, Oriente Medio y Europa.
Soluciones terrestres en logística ante el conflicto en Ormuz
Además de MSC, otras grandes navieras han comenzado a buscar alternativas basadas en el transporte terrestre. Compañías como Hapag-Lloyd o Maersk han anunciado corredores similares que combinan barco y camión.
Este modelo, conocido en el sector como puente terrestre, nunca se había aplicado a esta escala en la región. Su principal ventaja es que permite esquivar zonas de riesgo, aunque claro, implica trayectos más largos y una mayor complejidad operativa.
Los inconvenientes de estos “puentes terrestres”
Este tipo de soluciones no está exento de inconvenientes. Los puentes terrestres incrementan los tiempos de tránsito y también los costes operativos.
La demanda de conductores, vehículos y rutas logísticas está creciendo a gran velocidad. De hecho, si el conflicto no cesa, podría seguir creciendo a niveles nunca antes vistos y esto también podría generar cuellos de botella.
El encarecimiento del petróleo, con el barril superando ampliamente los 100 dólares, añade una capa más de dificultad. Cada kilómetro recorrido por carretera incrementa el gasto, lo que podría terminar trasladándose a toda la cadena de suministro.
Imágenes | jmanz369, SpaceX-Imagery
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