Lorena no quería, según cuenta, "vivir sin tiempo ni libertad". Según recoge COPE, esta terapeuta de medicina natural convirtió una furgoneta camperizada en casa y oficina, y a través de su cuenta de TikTok (@lore_seamountain) relata cómo alcanzó la "independencia económica y geográfica" que perseguía. La receta, dice, son tres fuentes de ingreso levantadas sobre sus aficiones.
La primera son las consultas online: "Ayudo a personas a mejorar su salud de forma natural", explica, una modalidad que puede ejercer desde cualquier sitio con conexión a internet. La segunda es su papel como embajadora de "una marca de suplementación y cosmética natural", en la que subraya que "otras personas pueden formar parte del proyecto". La tercera, la que más ilusión le hace, es una marca propia de joyería artesanal: "Desde que tengo uso de razón he estado creando cosas con las manos y es algo que me apasiona y me da paz", afirma.
El montaje tiene, además, un coste de entrada que el propio reportaje desglosa. Una furgoneta de segunda mano parte de los 20.000 euros, y una nueva de gran volumen se va a entre 40.000 y 70.000; camperizarla uno mismo cuesta entre 3.000 y 5.000 euros, y dejarla en manos de un taller, más de 25.000. A partir de ahí, los gastos mensuales de la vanlife (combustible, seguro, comida, conectividad, pernocta) oscilan entre 600 y 1.200 euros.
La letra pequeña de las tres patas
Conviene mirar esas tres fuentes de ingreso con lupa, porque no todas son lo que aparentan. La segunda, la de embajadora que invita a que "otras personas formen parte del proyecto", tiene un nombre concreto en el sector: venta multinivel (una red de distribuidores independientes que cobran un porcentaje sobre lo que venden y, sobre todo, sobre lo que venden quienes reclutan). Es un modelo legal en España, que el artículo 22 de la Ley de Ordenación del Comercio Minorista separa de la venta piramidal, esta sí prohibida por el artículo 23. Sus cifras de rentabilidad, eso sí, son demoledoras: según un estudio de la AARP Foundation en Estados Unidos, el 47% de quienes entran en un multinivel pierde dinero y otro 27% no gana nada, esto es, casi tres de cada cuatro no ven un euro de beneficio. Quienes sí ganan suele ser porque reclutan a otros.
No es un aviso teórico. La propia OCU alertó en abril de 2025 del auge de contenidos en TikTok que promueven estos esquemas entre jóvenes, con un patrón que se repite: se gana más por captar a nuevos miembros que por vender, se pide un pago o una compra inicial de producto que luego cuesta colocar, y muchos participantes, advierte la organización, acaban "endeudados". Las señales de alarma, en la práctica, son esas dos: que el dinero venga de reclutar y no de vender, y que haya que comprar stock por adelantado.
La primera pata tampoco está libre de asteriscos. El ejercicio de la medicina natural es legal, pero carece de regulación específica y no equivale a una profesión sanitaria reconocida: el Ministerio de Sanidad mantiene desde 2018 un Plan de Protección de la Salud frente a las Pseudoterapias que, de 139 técnicas analizadas, dejó 73 sin un solo ensayo clínico que avalara su eficacia. La tercera, la joyería artesanal, es la más sincera en su propia etiqueta ("la que más ilusión" le hace), y también la que en el mundo real se traduce en márgenes estrechos y en ingresos que van y vienen.
¿Libertad o precariedad?
Vista en conjunto, la fórmula es menos rompedora de lo que suena: tres microingresos yuxtapuestos que, en la jerga laboral, se llaman pluriactividad y que obligan a darse de alta como autónoma y a sostener tres negocios distintos a la vez. El alta tiene su propia letra pequeña: la cuota de autónomos arranca en una tarifa plana de 80 euros al mes el primer año, pero después se calcula por tramos de rendimientos y va de los 200 a los 590 euros mensuales. Sumada a los 600-1.200 euros que cuesta la vanlife, la cuenta exige facturar de forma sostenida bastante por encima de esas cifras solo para cubrir techo y cotización. Es el reverso del relato aspiracional del emprendimiento, esa atomización en la que cada persona termina convertida en su propia pyme a la intemperie.
La furgoneta, el gran símbolo de la libertad, tampoco es siempre una elección. Cada vez más españoles viven en su vehículo no por filosofía, sino empujados por unos alquileres imposibles, en un limbo legal donde pernoctar dentro del coche es legal pero acampar no, y donde la Guardia Civil puede pedirte que levantes el campamento. Con una factura mensual de entre 600 y 1.200 euros, la vida sobre ruedas no siempre sale más barata que una habitación de alquiler.
Al final, el negocio más rentable de esta historia no es la medicina natural, ni los suplementos, ni las joyas: es el propio relato. El vídeo que vende la libertad, replicado por un medio tras otro con la misma plantilla de "fulanito lo dejó todo y se fue a vivir a una furgoneta", monetiza justamente lo que le falta a quien lo mira desde el atasco, y ahí, al menos, las visualizaciones sí se cuentan.
Imagen: Lore Sea Mountain.
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