Juan Ignacio Díez, experto laboral: "Cotizar sin trabajar es posible suscribiendo un convenio especial con la Seguridad Social a través de un pago"

Esta herramienta de la administración permite a los ciudadanos pagar de su propio bolsillo sus cuotas para evitar las temidas lagunas de cotización de cara a la jubilación 

Juan Diez
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Redacción El Blog Salmón

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Este mecanismo es ideal para asegurar o engordar la cuantía de la futura pensión, pero que exige cumplir ciertos requisitos y tener una liquidez mensual no apta para todos los bolsillos.

Imagínense llegar a la edad de jubilación, sentarse frente al ordenador para calcular la pensión y descubrir que un agujero negro de varios años en su vida laboral les ha dejado una prestación mensual de miseria. Un auténtico jarro de agua fría. Para evitar este escenario, el consultor y experto laboral Juan Ignacio Díez ha desvelado en un vídeo de su cuenta de TikTok (@juandiez72) lo que muchos consideran un 'hack' legal: el convenio especial con la Seguridad Social, una fórmula que permite cotizar sin necesidad de estar de alta en una empresa.

La clave de este sistema consiste, llanamente, en que el ciudadano asuma el coste que normalmente sufragaría un empleador por él. Tal y como recoge la información original de COPE, suscribir este acuerdo voluntario con la Tesorería General de la Seguridad Social (TGSS) cuesta aproximadamente un 30% de la base reguladora elegida. Si optas por una base de 1.500 euros, la cuota mensual se irá a unos 500 euros de vuestro bolsillo. Eso sí, aquí viene la primera curva del camino: no se puede elegir una cifra al azar. La administración te ata en corto y exige que esa base se mueva obligatoriamente entre la mínima del sistema y el promedio de lo que hayas cotizado durante el último año de trabajo. Olvídense de cotizar por el mínimo toda la vida y contratar la base máxima a última hora para engañar al algoritmo del retiro.

A pesar de las restricciones, Díez subraya que debe verse como una inversión de futuro. No en vano, el consultor ilustra el peligro de los huecos con un caso flagrante: un autónomo que, tras 26 años cotizados, se topó con una pensión de apenas 300 euros debido a que dejó su historial completamente en blanco entre los años 2010 y 2024. Para evitar estos sustos, el trámite exige rellenar el modelo oficial TA-0040 en la sede electrónica, acreditar al menos 1.080 días cotizados en los 12 años anteriores a la baja y solicitarlo en el plazo máximo de un año (si se realiza en los primeros 90 días, los efectos son retroactivos). Las cuotas finales, dependiendo de tu pasado laboral, oscilarán entre una mínima de 255 euros y una máxima que supera los 1.300 euros al mes.

La trampa del vacío autónomo

Sin embargo, el diablo está en los detalles, y en materia de pensiones la letra pequeña es dura de narices. El drama del autónomo citado por Díez con una pensión de 300 euros esconde una discriminación estructural del sistema español: la integración de lagunas. Mientras que a un trabajador por cuenta ajena del Régimen General los meses que pasa en el paro sin cotizar se los "rellena" la Seguridad Social con la base mínima del sistema (al menos durante los primeros cuatro años), a los autónomos esos meses en blanco les computan como un cero absoluto en el cálculo de la base reguladora.

Es decir: si eres autónomo y dejas de cotizar, tu futura pensión se va a pique de forma inmediata. De ahí que para este colectivo el convenio especial no sea una opción de confort, sino casi la única tabla de salvación disponible para no quedar desprotegidos.

El peaje de la equidad

A día de hoy, además, mantener esta 'suscripción' al bienestar público se ha vuelto bastante más caro. Hay que tener en cuenta que las cuotas de los convenios especiales no son inmunes a las reformas del Gobierno. Al coste base que explicaba el experto hay que sumarle el impacto del Mecanismo de Equidad Intergeneracional (MEI), un impuesto finalista que este año 2026 sigue subiendo su porcentaje para rellenar la hucha de las pensiones ante la jubilación de la generación del 'baby boom'.

Según detalla la propia regulación de cotización de la Tesorería General de la Seguridad Social, este recargo impositivo se aplica también íntegramente sobre los suscriptores de convenios especiales, encareciendo el recibo mensual sin que ello suponga un aumento en la cuantía de la futura prestación. Un peaje solidario que convierte la herramienta en un esfuerzo financiero cada vez menos asequible para los parados de larga duración de más de 52 años, que a menudo agotan sus subsidios intentando estirar los ahorros.

El bum de los antiguos becarios

De hecho, la última gran fiebre de este mecanismo administrativo no ha venido de los profesionales sénior que peinan canas, sino de quienes estiraron su juventud en las aulas universitarias. A través de la celebrada Orden ISM/386/2024 del Ministerio de Inclusión y Seguridad Social, el Gobierno abrió una ventana especial de convenios para que los antiguos becarios e investigadores puedan rescatar hasta cinco años de prácticas no remuneradas realizadas en el pasado.

¿El resultado? Un auténtico colapso en los servicios de atención ciudadana y miles de profesionales pasando por caja para abonar de golpe miles de euros con tal de computar aquellos años de juventud científica de cara a su retiro. Una medida que, tras encadenar prórrogas y modificaciones por el colapso de las solicitudes, demuestra cómo el convenio especial ha dejado de ser un trámite oscuro de oficina para convertirse en una suerte de plan de pensiones privado gestionado por el sector público. Habrá que ver si, con el encarecimiento constante de las bases, a los trabajadores del futuro les seguirá saliendo a cuenta pagar por cotizar.

Imágenes | Youtube (Juan Ignacio Díez)


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