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Nerea, albañila, sobre la falta de trabajadoras en la obra: "Si soy lenta no es porque sea mujer, sino porque soy principiante"

La construcción española lleva años repitiendo el mismo mantra: necesita gente joven y necesita mujeres para tapar el agujero del relevo generacional

Nerea, de 27 años, encaja en las dos casillas y encima cambió la Medicina por la obra… sólo que lo hace a 15.000 kilómetros de aquí, en Australia, y por 32 euros la hora

Nerea Albanila
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redaccion

Redacción El Blog Salmón

Editor
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Nerea aparcó el MIR, hizo las maletas y se plantó en Sídney con un visado de estudios y trabajo. Hoy levanta tabiques y cobra unos 32 euros la hora de base (sus compañeros veteranos rozan los 50), según contamos hace unas semanas en El Blog Salmón. ¿La razón de semejante volantazo? La resume ella misma: "Me compensa trabajar en la obra porque puedo ver resultados tangibles, siento que mi trabajo vale y me llena".

Según el informe Mujeres en el Sector de la Construcción 2025 del Observatorio Industrial de la Construcción, el número de mujeres afiliadas al sector es del 11,5%: 166.833 trabajadoras, el mejor registro desde 2014. Pero ese 11,5% engaña un poco, porque la mayoría de esas mujeres no está en la obra: el 60,2% de las mismas tiene estudios superiores y ocupa sobre todo los despachos técnicos, la administración o la ingeniería. En los oficios de obra más numerosos, la presencia femenina apenas llega al 9% (y eso tras subir desde el 6,2% de 2024). Dicho de otro modo: una albañila a pie de obra como Nerea no es la excepción... es la excepción de la excepción.

El propio informe lo dice sin rodeos: entre los grandes obstáculos para que entren más mujeres figuran "los estereotipos asociados a determinadas ocupaciones" y la falta de orientación educativa hacia el sector. Nerea lo ha vivido en primera persona (algún "comentario machista", capataces que cambiaban el tono al descubrir que era una mujer) y lo despacha con la frase que da título a su historia: si va lenta o comete errores, no es por ser mujer, sino por ser principiante. Como cualquiera. En cualquier oficio.

El matiz australiano. Conviene, eso sí, no perder el norte (ni el hemisferio). Los 32 euros la hora de Nerea son australianos, y allí ni el salario, ni el coste de la vida, ni la consideración social del oficio se parecen a los de aquí. En España, el mismo sector que proclama necesitar mujeres y jóvenes es el que ofrece sueldos de entrada que espantan al relevo: que se lo pregunten a los albañiles que no encuentran quién coja la paleta.

¿Y aquí, por dónde se empieza? Para quien lea esto desde España y le pique el gusanillo, el camino tiene nombre y no pasa por Sídney. La formación la canaliza la Fundación Laboral de la Construcción, con ciclos de FP (reforma, obras de interior, construcción) que incluyen prácticas en empresa en el segundo año y están, por supuesto, abiertos a mujeres; y para pisar una obra se necesita la Tarjeta Profesional de la Construcción, obligatoria y gratuita. ¿El sueldo? Aquí baja el suflé: el convenio general del sector fija para un peón entre 8 y 13 euros la hora (unos 1.340 a 1.955 al mes), y un oficial de primera se mueve entre 18 y 25. Lejos, muy lejos, de los 32 australianos. Pero, a diferencia de la Medicina que Nerea aparcó, aquí hay una cosa que sobra: trabajo. Lo que falta son manos.

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