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Negreros del siglo XXI

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Lo cuentan en El País: un sinvergüenza ha sido condenado por obligar a sus empleados a firmar en blanco su despido y su finiquito como condición previa para contratarles. Para colmo, a quien se negaba, cogía el tipo y falsificaba sus firmas.

Vaya por delante que soy un firme defensor de posturas liberales. Creo que el empresario es una figura importante en el sistema económico, y que hay que ponerle las cosas fáciles para contratar gente, y también para despedirla en su caso. Pero, sobre todo, soy defensor de que las cosas hay que hacerlas bien, con la ley en la mano, de frente y sin engañar a nadie. Y casos como el de este fulano me escuecen profundamente, porque son los que ensucian la "profesión" de empresario.

Lo peor de todo es la sensación de que no es para nada un caso aislado. De que hay muchos abusos laborales en muchos ámbitos. Y de que, en términos generales, el trabajador está bastante indefenso ante ellos. Si no "traga", probablemente dure poco en su puesto de trabajo. Y si decide pelear, necesita muchos años y muchos quebraderos de cabeza para que al final un juez le dé la razón. Y, como la mayoría tenemos que preocuparnos del día a día, se suele optar por el abandono a pesar de saber que se está cometiendo una injusticia. Y mientras, los negreros del siglo XXI tan campantes.

En mi opinión, la Administración debería poner cantidades ingentes de recursos para hacer inspecciones de trabajo sistemáticas, y actuar con dureza contra los sinvergüenzas. Que no dependa todo de un puñado de trabajadores valientes que decidan jugársela durante años para desenmascarar a uno, mientras que el resto sigue haciendo de las suyas.

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