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Matando al mensajero, perdón, al trilero

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Remo cuestionaba recientemente una suerte de verdad oficial que se había colado por los teletipos de las agencias de prensa: en España había un 63% de mileuristas entre los trabajadores. Para ello se marcaba este post que creo que es ciertamente ilustrativo, y que es buena muestra de que en ocasiones, en muchas ocasiones, los medios no cumplen adecuadamente su papel. Y en este caso, la entrada a trapo de las Redacciones fue masiva.

En A sueldo de Moscú, un blog político, se hacen eco tanto de la ¿noticia? como de los matices de Remo:

Pensaba, y no hace mucho, que la cifra de mileuristas en el estado español se movía en torno al 54%, y reconozco que ese 63% me sorprendió. Y me lo creí. Luego, con más calma, he leído cosas que aportan un aroma de matización con argumentos bastante consistentes, que hablan de exageración, aunque siempre he desconfiado de los economistas, entre los que hay muchos trileros. ¿Es necesario llegar al 63% para mandar al carajo a Díaz Ferrán? ¿Lo mandamos al carajo a partir del 54% o hacemos caso de los presuntos trileros considerando que el mileurismo es poco menos que cosa de una minoría, todos ellos jóvenes aunque sobradamente preparados.

Después de leerlo lo comenté con Remo. Tras el halago que supone reconocer la consistencia de los argumentos, el autor da un salto mortal, y al no caberle en sus esquemas ideológicos (que no entro a juzgar, pues este no es el sitio adecuado) sale pitando a toda velocidad: siempre ha desconfiado de los economistas, que hay muchos trileros. Y, dejando de lado como se pueda sentir Remo, ese pedazo trilero que es nuestro trilero, lo que acaba pensando es que de lo que desconfía es de la realidad, de los argumento, debido a que no le gustan, a que no le sirven para su discurso.

Tengo claro que hay trileros entre los economistas, pero como los hay en otras profesiones, políticos incluidos. Eso si, acabar matando al portador de malas noticias, al mensajero nunca fue una buena idea. El acostumbrarse a reinterpretar la realidad para que cuadre con nuestros más íntimos deseo es posible que nos haga felices a corto plazo, pero no evitara que el realismo se imponga. Y para muestra me gustaría citar el siguiente párrafo de otro post, Crisis Inmobiliaria ¿Es realmente un problema? / Real State Crisis ¿What Crisis? del Blog de Leolo, del dos de octubre de 2008.

Dicho todo lo anterior, el mensaje a lanzar me parece muy claro: es bueno que la vivienda libre baje, en Euskadi vamos a seguir produciendo vivienda protegida a ritmo record (sobre las 7.000 al año), se va a seguir atendiendo a decenas de miles de personas a precios dos y tres veces inferiores a los del mercado y la fuerte producción de vivienda protegida garantiza trabajo y empleo para el sector. La vivienda protegida es un refugio para esa estructura productiva, a la que se le está suministrando desde lo público trabajo que permite mantener el empleo, pero a la que con la vivienda protegida no le ofrecemos beneficios desmesurados y especulativos, sino unos beneficios muy moderados. Nosotros creemos que con la actual situación sale ganando la sociedad. Nosotros pensamos que antes había una crisis social de la vivienda. Ahora solo estamos volviendo a la realidad y el contexto empieza a ser más favorable para las clases populares.

Pues me temo que si hiciésemos una encuesta entre las clases populares (habría que definir que son previamente) quizás no lo tendrían tan claro. Estaba claro que la gigantesca polea del sector inmobiliario que multiplicaba los ingresos fiscales (ojo, sin incluir las famosas cesiones), arrancándolos de los bolsillos de las clases medias, se iba a gripar. Y que ese día, la financiación de ese refugio para la estructura productiva iba a peligrar, al igual que la estructura de Ayuntamientos y Comunidades Autónomas. Pero claro, mencionar esas minucias puede conducir a que te cataloguen como trilero, como una suerte de Juan TamarIC.

Más información | A sueldo de Moscú, Leolo

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