Begoña tiene 60 años, unos ingresos de 1.200 euros al mes y reside en una caravana de apenas cuatro metros cuadrados. La comparte con su hijo Héctor, de 22 años, que trabaja como camarero en Palma. Tras perder su casa en 2022 y verse forzados a dormir medio año en un coche, terminaron comprando una caravana para evitar quedarse literalmente en la calle, según recoge Regió7. Hoy pagan 250 euros mensuales por ocupar una parcela. "Al menos tenemos un techo", se consuelan.
Las condiciones del asentamiento son espartanas. "Aquí no se vive de lujo, no estamos por gusto, sino por necesidad. No hay agua, no hay luz, a no ser que tengas placas", sentencia la mujer en declaraciones a Espejo Público de Antena 3. Su caso retrata el reverso oscuro del milagro turístico balear: a Begoña le han llegado a pedir 1.400 euros por una sola habitación, más de lo que ingresa en un mes. "Prefieren alquilar vacacionalmente que darle una casa a la gente de aquí que ha nacido en Mallorca", añade. En teoría, dos sueldos en una unidad familiar deberían abrir la puerta del mercado inmobiliario. Pero la fianza y los meses por adelantado actúan como un muro de contención. "Vivo aquí con mi madre", explica el joven camarero. "Usted puede tener el dinero, pero para entrar a un piso tienes que tener por lo menos 4.000 euros y una buena nómina". Y si se logra cruzar esa línea de corte, la cuota ahoga a fin de mes: "¿Quién paga 1.800 y tú te ganas 1.500?", reflexiona.
El diagnóstico a pie de calle lo confirman los números del sector. De acuerdo con los datos del mercado balear publicados en octubre de 2026 por la consultora Engel & Völkers, el alquiler medio de un piso en Palma se sitúa en 19,41 euros por metro cuadrado, lo que supone un repunte del 4,08 % en el último año. Así, un apartamento minúsculo de 50 metros cuadrados ronda los 970 euros mensuales, devorando buena parte de unos ingresos obreros estándar. La presión de la demanda y la escasez de vivienda asequible dificultan el acceso al alquiler para los trabajadores locales.
Rebajas fiscales que no sirven
Para intentar aliviar la crisis habitacional, el Govern balear ha anunciado una batería de medidas fiscales, entre las que destaca la supresión de impuestos autonómicos en la compra de la primera vivienda para los menores de 36 años que cumplan los requisitos. El paquete también contempla ventajas para compradores de entre 36 y 40 años. Sin embargo, estas ayudas dejan fuera a quienes superan esas edades y a quienes carecen de un colchón de dinero previo para afrontar la entrada hipotecaria. Es el gran drama del asalariado: sin capacidad de ahorro, las deducciones fiscales por compra son papel mojado.
Mallorca mantiene un modelo turístico de gran actividad económica en el que conviven los récords de actividad turística con las dificultades de acceso a la vivienda para parte de los trabajadores. Con el mercado del alquiler cada vez más difícil, algunas personas recurren a las caravanas como alternativa habitacional. El problema amenaza también al sector servicios: si los trabajadores no encuentran un lugar asequible donde vivir, cubrir los puestos de trabajo será cada vez más complicado.
Imagen | Generada por IA
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