A favor del mantenimiento de la deducción por adquisición de vivienda habitual

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Rajoy

Ahora que se han puesto de moda los programas de adivinos en las cadenas de TV , en EBS nos hemos propuesto seriamente el lanzar el nuestro. El día 13 comento que no me salen las cuentas si la deducción por adquisición de vivienda habitual no es retroactiva, el 17 Remo se mosquea al leer el BOE y encontrar un vacio clamoroso, y el 18 de julio Alex nos comenta que se está filtrando que el Gobierno estudia su eliminación con carácter retroactivo, y muestra su postura favorable a dicha medida. Pues yo disiento de mi compañero, y aprovecho para explicar mis motivos para no estar de acuerdo con la expoliación retroactiva de la deducción por vivienda habitual.

Un aviso a navegantes. Alex ha manifestado que esta medida, a título particular le perjudica. A mi no. Lo digo antes de que empiecen las insinuaciones personales que ha sufrido mi compañero. Mis motivos para defender el mantenimiento de la deducción a los actuales propietarios no se corresponden con consideraciones egoístas. O tal vez si, creo que sería lo mejor para mi país, y por tanto para mi. Si me dedicáis unos minutos me explico.

Argumentario habitual

Los principales argumentos que se suelen manejar acusaban a la deducción por vivienda habitual de haber contribuido a hinchar el boom inmobiliario, a suponer una medida discriminatoria en contra de las personas con ingresos más bajos, y, con la crisis encima en suponer un agujero considerable en las cuentas públicas.

Vamos a ser prácticos. Un debate similar lo tuvimos hace tiempo Alejandro y yo en Cienladrillos, uno en contra de las deducciones, y otro a favor de las mismas. Este país ha financiado su estructura administrativa en buena medida a través de la fiscalidad (y parafiscalidad) del sector inmobiliario, y muy especialmente las CCAA.

¿Bajo endeudamiento público?

La verdad es que uno se ha irritado siempre cuando ha leído noticias como ésta de ABC, donde se afirma que la deducción supuso un coste de 53.000 millones para las arcas públicas. Brillante estudio este que se olvida de contabilizar el otro lado de la balanza, cuántos ingresos fiscales abonaron, del tirón y año a año esos supuestos beneficiados por la deducción. Pío, pío yo no he sido. Los funcionarios de la Hacienda Pública española debían pensar que ese maná fiscal caía del cielo, por generación espontánea.

Este olvido es especialmente grave cuando señalan que hay una vinculación clara entre deducción y burbuja. Algo tremendamente curioso cuando la deducción por vivienda arranca a finales de los 70 y se consolida en los 80. Curiosamente ni boom ni nada parecido. A ver si no va a ser la asesina, a ver si algo tendrá que ver una bajada de los tipos por parte de los bancos centrales y unas facilidades crediticias masivas por parte de nuestros financiadores europeos, por ejemplo.

Pero aceptemos pulpo, aceptemos esa teoría de que por 1500 o 2000 euros anuales , alguien se lanzaba a comprar vivienda, que ese era el factor determinante. Si aplicamos el razonamiento inverso, jamás se hubiesen producido dichos ingresos fiscales de no existir la deducción. ¿A dónde quiero ir a parar con todo esto? Pues que la próxima vez que alguien te diga lo maravillosa que era la Administración Pública al tener un bajo endeudamiento antes de la crisis frente a la alta cifra de las familias y empresas te eches a reír. Ese bajo endeudamiento público, esos superávits espectaculares, se conseguían en buena medida a través del endeudamiento en que incurrían las familias, generando ingresos fiscales no recurrentes, lo que me llevo en su día a comentar aquello de la sostenibilidad fiscal.

En definitiva, la financiación del Estado se obtenía a costa de que el sector privado se endeudase, directa o indirectamente con, por ejemplo, Europa. Ahora, como en un juego de espejos, la imagen se invierte, y nuestros socios europeos nos recuerdan que la financiación que van a conceder a la banca española, al sector privado español, va a tener un único responsable, el Gobierno español. Es curioso como se cierra el círculo, atrapando a nuestros políticos, y a nosotros con ellos.

Cambiando las reglas a mitad de partido

El pretender cambiar las reglas de juego a mitad de partido es, como veremos, algo muy propio de la casta que nos gobierna (y entre nosotros, del pueblo español, del cual áquella es digna representante, le duela a quien le duela). En esencia, se corresponde a un modelo de negocio muy similar al de aquellas franquicias de idiomas de WSI o de Opening: tu me pagas del tirón un pastizal a cambio de mis cursilletes, para que no lo notes ya busco quien te lo financie y lo pagues en cómodas cuotas, eso si, luego, cuando dejan de entrar incautos en la rueda y no he cumplido ni con la mitad de lo pactado, yo ya me he fundido todo el dinero. Buenas noches y buena suerte.

Como ya señalé en su momento hay gente sensible a la que estas cosas no les gustan. Son frikis que valoran aspectos como la seguridad jurídica (vaya corsé más fascistoide para la soberania popular). Son tan raros, que cuando les timas les cuesta volver a confiar en ti, o lo que es lo mismo, les cuesta dejarte su dinero, por mucho que mandes al ministro más formado de Europa a venderles nuestros maravillosos “conceptos”. Desaborios.

Las renovables como ejemplo

Esta gente, básicamente extranjeros y elementos nacionales desafectos, no entienden que forma parte del ADN español. No hay más que echarle un vistazo a la reciente sentencia del Tribunal Supremo que avala laretroactividad respecto a las primas a la energía fotovoltaica. Esta sentencia tiene fragmentos gloriosos:

Los titulares de las instalaciones fotovoltaicas no tienen un “derecho inmodificable” a que se mantenga inalterado el régimen económico que regula la percepción de sus retribuciones, cuando ellos mismos han optado por no acudir al mercado (posibilidad que siempre les queda abierta) sino beneficiarse de un sistema público de fijación de aquellas.

Habría que preguntarse que entiende el Tribunal Supremo por mercado al referirse al sector eléctrico en España, debe tratarse otra fina ironía, pero la esencia del asunto está clara: quien trata de engañar a un ladrón sale trasquilado. Confiar en las regalías estatales, en su chorro de subvenciones, en el boletín oficial, tiene estas cosas.

Estas actuaciones tienen sus consecuencias. Más allá de las reclamaciones en instancias internacionales,más allá de los titulares de peródicos, habrá que ser muy tonto para volver a creer en la palabra de un gobernante español. ¿Dónde quedaran dentro de unos años sus promesas de exenciones fiscales para los que ayuden a acabar con el stock inmobilario?

¿Y el futuro?

Lo peor de esta actuación de listillo no es que sea ilegal-inconstitucional o no, es que es un error. ¿Alguien se acuerda de YPF?

Habrá quien diga que lo contrario implica el problema de atar de pies y manos a los gestores en el uso de la política fiscal para intervenir en la economía. Pues donde algunos ven un problema yo veo una solución apara nuestros aprendices de brujo. Frente al uso keynesiano de la misma, que mejor que configurar un bloque constitucional de normas tributarias, o al menos con categoría de de ley orgánica, ajeno en buena medida a los vaivenes partidistas.

En definitiva, la deducción por vivienda habitual no es un regalo, es la devolución de las migajas de un pastel que un día los políticos confiscaron, en base a una promesa que ahora pretenden incumplir. No es una subvención, es la reparación limitada, secas y a destiempo, de un mal causado. Su eliminación es un expolio, un saqueo al patrimonio de los contribuyentes.

En El Blog Salmón | A propósito de la eliminación de la deducción por vivienda habitual
Imagen | La Moncloa

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