The Joneses es una película que trata sobre una familia que llega a un barrio de ingresos medio-altos en los Estados Unidos. La familia Jones tiene todos aquellos productos que uno quiera comprar (ropa de diseño, descapotables de alta gama, electrónica, mobiliario caro, etc) y parecen ser felices, convirtiéndose en el foco de atención de sus vecinos.
Pero en realidad los Joneses no son una familia, sino empleados de una agencia de publicidad. Los coches, la ropa que llevan, la comida que compran, etc ha sido puesta ahí por la agencia de publicidad con el único objetivo de que los miembros de la familia la muestren a sus vecinos, les cuenten las bondades y estos la compren.
En los pasados Oscar me sorprendió que el mejor documental se lo llevara un documental sobre la crisis financiera (más si cabe porque competía con Exit through the gift shop, pero no sigo por ahí que nos salimos del tema). El documental premiado es Inside Job, y después de verlo no puedo sino recomendarlo.
Aunque está claro que el documental, como todos los documentales, tiene un claro sesgo político y te enfoca en una dirección, desde luego está muy bien llevado. Explica de una forma bastante sencilla lo que ha sucedido en el mundo en los últimos treinta años para que llegar a la situación de la crisis financiera internacional, y realmente está contada por los protagonistas.
Qué casualidad. ¿Será una maldición? Hace ahora prácticamente un año escribía esta entrada: Confirmado, los banqueros son hijos de El Maligno. Me refería una joya (por llamarla de algún modo) de videoclub cutre (¿hay alguno que no lo sea?). La película en cuestión tenía la virtud de mostrar la verdadera naturaleza de un banquero: la de asesino en serie, ballesta en ristre. Afortunadamente, la cosa mejoró años después con American Psycho, pero el encanto de los pioneros, ese aire naif, se perdía.
El caso es que terminaba el post diciendo que a este paso veríamos a los banqueros repartiendo caramelos envenenados a los niños. Pues bien, un año despues se han superado mis predicciones. Vemos a malvadas bancarias denegar aplazamientos de hipoteca. Y, como es de justicia, y todos lo estamos deseando, eso le supone una maldición: tras tres días de tormentos, derechita al infierno por toda la eternidad. Por bancaria. Por mala persona. Por no aplicarle el Plan ICO moratoria (uy no, que estamos en Obamaland). Si es que cuesta descubrir quien es la bruja.
Recientemente se han entregado los Oscars. Las estrellas de Hollywood han brillado en sus limusinas. Penélope Cruz se ha llevado una figurita dorada y la película Slumdog Millionaire de la que hablamos hace tiempo se ha llevado 8 Oscars, lo que no está mal. Titanic (la versión de James Cameron con Leonardo DiCaprio y Kate Winslet) se llevó once Oscars. La diferencia está en que Titanic costó doscientos millones de dólares hace una docena años y Slumdog Millionaire sólo quince. ¿A quién le ha salido más rentable, al que invirtió en Titanic o al que lo hizo en Slumdog Millionaire?
Mientras que en Titanic cada Oscar les costó unos 18 millones de dólares en Slumdog millionaire no han llegado a pagar dos. Es cierto que no estoy incluyendo los gastos de promoción y distribución, pero creo que se entiende la idea. Se puede hacer mucho con pocos recursos y obtener mejores resultados que otros que utilizan más recursos. En este caso se ha rodado en la India (que supongo que tendrá unos costes más bajos) con un reparto casi desconocido, una historia que ha obtenido buenas criticas.
La frase se la oí a Bruno Ganz en esa obra maestra de Wim Wenders que es El amigo americano. No sabía que la había pronunciado Franklin Delano Roosevelt en los años 30, a propósito de las duras circunstancias de la Gran Depresión. Y ahora, como hace siete décadas, volvemos a oír esa frase una y otra vez a propósito de las duras circunstancias de esta nueva crisis que demuestra que poco hemos aprendido. La economía de Estados Unidos ha registrado su mayor retroceso en 26 años, y el mundo emprende su travesía por el desierto.
No deja de ser doloroso el actual momento, cuando vemos por todos lados noticias tristes: cierra el Diario Metro, cunde la crisis en Islandia, Nec despide a 20 mil trabajadores; España campeona del paro; Santander pagará 36 por cada 100 euros, Nueva caída en el Euribor, etc. Por eso es que Olivier Blanchard señala en el último número de The Economist, que los gobiernos y los responsables de formular políticas, deben concentrarse en reducir la incertidumbre, en reducir el miedo. Para Blanchard, la incertidumbre afecta el comportamiento que alimenta la crisis y provoca la enorme volatilidad en los mercados. Los gobiernos deben reducir esa incertidumbre y crear la confianza. Es fácil, para Blanchard y para todos, decirlo. El problema es cómo.
Slumdog Millonaire no se trata precisamente de una película habitual para comentar en un blog de economía. Entre otros motivos porque se trata de una historia de amor, más que de una historia de grandes corporaciones o de grandes negocios fusiones y adquisiciones en Wall Street.
En la historia se un chaval lucha por una vida mejor a lo largo de su vida. Vemos su vida en los barrios de chabolas de Mumbai, como intenta salir poco a poco de su situación. Es una de las historias más viejas, la lucha por la supervivencia y la búsqueda de un futuro mejor.
Normalmente parece que los economistas están obsesionados con el crecimiento económico, algo que probablemente es cierto. Pero lo que ha sacado a muchas familias de la pobreza ha sido el crecimiento económico. En este caso lo que saca al protagonista del slum no es precisamente el crecimiento económico, sino la suerte, el destino o como lo queramos llamar. Quizás es eso lo que no me ha gustado, dando un poco la idea de que la única forma de salir de villa miseria es la suerte, el destino o como lo queramos llamar.
En todo caso la fotografía es bastante buena y merece la pena verla para hacerse una idea de que aspecto tiene la India, país del que no tenemos una imagen concreta del aspecto que tiene como lo podamos tener de China. ¿La ha visto alguno de nuestros lectores?
Aviso, el trailer de la pelicula El Banquero, que cuelgo al comienzo de este post, es muy fuerte. Tan fuerte que solo lo puedo situar a la altura de algún fragmento de los es escasos que he visto de la Hora Chanante. Pero me vale esta película para demostrar lo que algunos entienden por un malo remalo. Un banquero, ese señor que por ser rico debe ser culpable de algo, ese que no sólo te chupa la sangre, ademas te perfora con una ballesta, etc…me extraña que esta película no fuese un éxito en España.
Claro que quizás esta película fue fuente de inspiración para la celebrada novela American Psycho, que años más tarde llegó al cine. Es broma, algo de ese personaje vacío se intuye ya en Menos que Cero, su primera novela. Por si alguno no la recuerda,American Psycho traba acerca de un banquero (bancario) de inversión (ya sabéis, fusiones y adquisiciones) a la par que asesino en serie. Unas breves imágenes para recordar:
Joe Pesci lo borda en sus papeles de mafioso, Casino y Uno de los Nuestros son todo un ejemplo. Parece mentira que un tio bajito y tan poca cosa de tanto miedo. Creo que merece tener su sitio en este nuestro pequeño rincón cinematográfico. Concretamente la secuencia en la que él, Nicky Santoro, le reclama a su banquero, o más bien bancario, que este le reintegre la suma que había invertido, negándose a sumir cualquier limitación en la liquidez del producto o en la garantía de su capital. Viéndola se me vienen a la mente dos ideas:
Al margen de la MIFID, esta claro que a los Bancos no les interesan este tipo de clientes. Ellos si que son un producto de riesgo.
Si, dada la debacle de los mercados financieros, intentas hacer lo mismo con tu Banco, ensaya mucho. No es tan sencillo.
Por lo demás, Casino es sumamente recomendable, y muestra interesantes detalles de la vinculación entre el mundo de los negocios y el del crimen organizado. Y ademas sale Sharon, que más se puede pedir.
Quizás debía haber esperado a llegar al fin de semana, para, siguiendo las costumbres, colgar un post de contenido cinematográfico. Quizás. Quizás este post, por el contenido que le he dado encuentra un mejor acomodo en Pymes y Autónomos que en un blog económico más generalista, como es este. Quizás. Pero, por otros motivos, que comento al final, entiendo que Éste es su sitio.
Se trata del monologo con el que finaliza 300, la película que, basada en el cómic de Miller, narra la historia del enfrentamiento entre griegos y persas en las Termópilas. O mejor dicho, del combate entre las dos concepciones del mundo que simbolizan Leónidas y Jerjes. Aunque parezca mentira, uno, que ya sabéis que es mas bien friki, ve en este discurso un contenido plenamente aplicable al mundo de la empresa, de la economía. Y es lo que tienen la fuerza de las historias clásicas, que son inmortales, y lo mismo valen para un roto que para un descosido.
Ayer expuse la intervención de una de las partes en litigio en Other people´s money, la del capitán de empresa que se resiste a darla por finiquitada. Podemos llamarle capitalista-empresario. Hoy le toca la contrarreplica al opante, al al capitalista-financiero. Al tiburón, vaya. Oigámosle (os recuerdo que es muy similar al discurso de Gekko que ya colgué). Luego os daré mi opinión y escucharé las vuestras:
Amén. Y amén. Y amén. Deberán perdonarme. No estoy familiarizado con las costumbres locales. De donde vengo, uno siempre dice amén después de escuchar una oración. Y es que eso es justo lo que han oído, una oración. De donde vengo, esa oración es llamada responso. Han escuchado el responso, y no han dicho amén.