Pilar García de la Granja, experta económica: "Se van entre 600 y 1.000 euros al año en cafelitos, croissant, galletas, botellas de agua o sandalias que te pones una vez"

La directora de Mediodía COPE advierte en 'La Linterna' de que los pequeños desembolsos cotidianos merman de forma silenciosa el presupuesto familiar en pleno verano

Pilar García de la Granja, experta económica: "Se van entre 600 y 1.000 euros al año en cafelitos, croissant, galletas, botellas de agua o sandalias que te pones una vez"
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Redacción El Blog Salmón

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La escena se repite cada mes de julio: maletas preparadas, billetes listos y una desconexión mental que suele venir acompañada de una desconexión financiera. Es la inercia del descanso. Sin embargo, la periodista española especializada en información económica Pilar García de la Granja nos ha querido recordar algo en las 'Clases de Economía' del programa de COPE 'La Linterna'. El verdadero peligro para nuestras cuentas no siempre está en los grandes desembolsos planificados, sino en los llamados "gastos hormiga" que devoran el presupuesto mensual sin dejar rastro.

Esta fuga descontrolada engorda de forma notable durante el periodo estival, un momento en el que "se rompen las rutinas y se descontrola la vigilancia de las cuentas", como explicaba Carlos Balado, de OBS Business School. La jefa de Economía del medio, Marta Ruiz, recuerda que estos consumos van mucho más allá de las clásicas suscripciones a plataformas digitales que no se utilizan. El café de primera hora, la caña de media tarde, el botellín de agua o un taxi puntual para evitar la caminata configuran una sangría silenciosa. Una suma que, según los analistas, llega a devorar hasta el 30% de los ingresos anuales de un hogar.

Dicho de otra forma, estamos hablando de un agujero de entre 600 y 1.100 euros anuales por persona. La propia García de la Granja lo ilustraba con un realismo casi doméstico al referirse a esos "cafelitos, croissants, galletas o las sandalias de 20 euros que te compras porque te gustan y luego te pones una sola vez". El problema es que estos pequeños lujos cotidianos, aparentemente inofensivos de forma aislada, ocultan un demoledor coste de oportunidad si se proyectan en el tiempo mediante la matemática del interés compuesto. Ahorrar e invertir esa misma cantidad con un modesto rendimiento anual del 5% generaría un colchón de hasta 5.500 euros en cinco años, y superaría los 12.500 euros al cabo de una década.

El verano más caro

Y todo ello viene cuando estamos de vacaciones o pensando ya en ellas. Y es que viajar en España se ha convertido en una actividad de alta resistencia financiera. Como analizaba El Blog Salmón sobre el coste del turismo nacional, el encarecimiento de los precios en hostelería y pernoctaciones no ha servido para disuadir la saturación, dejando una demanda que se mantiene firme a pesar de la subida de tarifas. Los datos oficiales del Instituto Nacional de Estadística (INE) confirman que los hoteles acumulan un encarecimiento del 50% desde el año 2021, una tendencia que sitúa el coste de las vacaciones en máximos históricos. A esto se le suma otra realidad insoslayable: España ya no es un destino económico para sus propios residentes. Según detallábamos al analizar el índice hotelero, el encarecimiento medio de los hoteles españoles triplica la media de la Unión Europea. 

¿El problema? Que la presión del gasto diario es precisamente la que empuja al uso sistemático de la tarjeta de crédito o el pago digital, dos herramientas que diluyen la percepción del coste. Por este motivo, la directora de Mediodía COPE insiste en su recomendación más ortodoxa: "La mejor receta es pagar en metálico, siempre". El soporte físico del papel moneda actúa como un freno psicológico inmediato: cuando el efectivo disminuye en la cartera, el consumidor recupera de golpe la consciencia de sus finanzas. Un control que se vuelve crucial en un país donde el gasto medio por hogar ya roza los 35.100 euros anuales, con el coste de la vivienda devorando un tercio completo de los ingresos familiares.

Una quimera contable

La receta de la prudencia choca, qué duda cabe, con el marco macroeconómico de los hogares. Balado rescata en el programa la clásica regla de gestión financiera: destinar un 50% de los ingresos a las necesidades básicas (vivienda, suministros y alimentación), un 30% a actividades recreativas u ocio, y reservar un 20% para el ahorro sistemático. Sin embargo, la propia inflación alimentaria y el encarecimiento del alquiler convierten esta distribución en una "quimera para muchas familias", especialmente para colectivos vulnerables como los mayores de 52 años.

Imagen | Cadena COPE

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