Jordi Martí, arquitecto: "En España hay muchos propietarios pobres y la rehabilitación es un gran problema"

  • Tener las escrituras de un piso en propiedad solía ser el escudo definitivo contra la intemperie económica

  • Ser propietario de una vivienda a veces significa el inicio de una condena burocrática

Jordi Marti, arquitecto, en un podcast
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Redacción El Blog Salmón

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Este era el trofeo dorado que demostraba que habías completado con éxito la pantalla principal de la madurez en España. Sin embargo, poseer cuatro paredes de ladrillo ya no es sinónimo de tranquilidad financiera, sino a veces el inicio de una condena burocrática y constructiva de difícil solución. En una reciente e intensa entrevista concedida a El Confidencial, el reconocido arquitecto Jordi Martí pone el dedo en una llaga social tan silenciosa como alarmante: el fenómeno de los "propietarios pobres", ciudadanos que tienen una vivienda a su nombre pero carecen por completo de los recursos mínimos para mantenerla en pie o adaptarla a las exigencias del nuevo siglo.

La paradoja del ladrillo: una riqueza que no se puede comer

Para entender el problema real que expone Martí no hace falta perderse en manuales de urbanismo denso, basta con dar un paseo por los barrios construidos durante el desarrollismo de los años sesenta y setenta en cualquier gran urbe española. Nuestro país ostenta una de las tasas de propiedad de vivienda más altas de Europa, un orgullo cultural heredado que ahora revela su reverso más amargo. Miles de familias, muchas de ellas compuestas por pensionistas con ingresos mínimos, residen en bloques de pisos antiguos que necesitan de forma urgente pasar la Inspección Técnica de Edificios (ese examen de la ITV de los inmuebles que a todos nos da pánico que llegue).

El conflicto estalla cuando el diagnóstico del arquitecto de turno dictamina que hay que arreglar las grietas de la fachada, sustituir las bajantes de amianto o instalar un ascensor por pura accesibilidad. Hablamos de derramas comunitarias que rara vez bajan de los 6.000 o los 12.000 euros por vecino. Para un propietario cuyos ingresos mensuales apenas cubren la cesta de la compra y la factura de la luz, estas cifras no son un contratiempo; son una barrera insalvable que los sitúa al borde de la exclusión residencial dentro de su propia casa, atrapados en un patrimonio valioso sobre el papel pero completamente ilíquido.

El laberinto europeo frente al bolsillo real

Las exigencias de regulación que bajan desde Bruselas amenazan con convertir este cuello de botella en una crisis de escala nacional. Las nuevas directivas europeas de eficiencia energética exigen una descarbonización acelerada del parque de viviendas, obligando a los edificios residenciales a mejorar drásticamente sus aislamientos térmicos para reducir las emisiones de CO2. El propósito medioambiental es intachable, pero el diseño económico de las herramientas para lograrlo parece pensado para un país con una realidad social muy distinta a la nuestra.

@jordimartix

El próximo verano te alegrarás de haber dedicado tiempo a crear una buena sombra en tu casa.

♬ original sound - jordimartix

¿Y qué pasa si una junta de vecinos planta cara por pura asfixia, dice que la caja está vacía y vota que no se hace la reforma? El inmueble entra automáticamente en un limbo legal peligroso. Una ITE desfavorable no solo abre la puerta a multas coercitivas por parte de los ayuntamientos, sino que congela el valor del edificio: se vuelve imposible vender los pisos, pedir una hipoteca o conseguir licencias de habitabilidad.

Los famosos fondos europeos destinados a la rehabilitación energética se han topado en España con el muro de la burocracia y la falta de liquidez inmediata. La mayoría de estas subvenciones exigen que los propietarios adelanten el dinero de las obras o asuman créditos bancarios complejos, algo inviable para los colectivos vulnerables. En las páginas de análisis de nuestra redacción ya os hemos alertado con frecuencia de cómo el estancamiento de los salarios reales y la precariedad laboral impiden la capacidad de ahorro en los hogares, lo que inutiliza cualquier plan estatal de ayudas que no cubra el coste total desde el minuto uno.

El arquitecto Jordi Martí aboga por un cambio radical en las políticas públicas que pase por crear ventanillas únicas reales, simplificar los visados técnicos y, sobre todo, articular subsidios directos a fondo perdido que protejan a las rentas bajas en lugar de obligarles a endeudarse. Exigir edificios ecológicos y accesibles sin aportar la financiación pública adecuada es una quimera que pagarán los más débiles. Al fin y al cabo, por mucho que se empeñen en los despachos, el cemento viejo no entiende de buenas intenciones legislativas.

Imágenes | Youtube (stepienybarno Arquitectura e Identidad Digital)

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