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Cómo evitar una nueva Gran Depresión

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“...Nunca debemos perder de vista está máxima: los productos se intercambian por productos” Jean Baptista Say, Tratado de Economía Política. 1804

Los economistas, los gobiernos, los políticos y las instituciones se olvidaron de la Ley de Say. Y hoy, parece que recién la están descubriendo: los productos se intercambian por productos, señaló Say hace 2 siglos. Es uno de los temas que aclara Keynes en su Teoría General. Por eso que la única manera de evitar que la crisis se profundice es contrarrestrar el desempleo a cualquier precio. Ningún precio será demasiado si se evita la llegada de una nueva Gran Depresión, como lo advirtió ayer el jefe del FMI, Olivier Blanchard, en una entrevista a Le Monde reproducida por El Economista.

“Nos enfrentamos a una crisis de magnitud excepcional, cuyo componente principal es una caída de la demanda. Los índices de confianza de los consumidores y las empresas nunca habían disminuido tanto”,

señaló el economista del FMI, quien no dudó en calificar las actuales circunstancias como algo nunca visto y reconoció que los meses venideros serán muy malos. Las medidas deben restablecer la confianza y estimular la demanda. La demanda no puede seguir cayendo.

Por eso que el reto en el corto plazo es mantener la demanda agregada y evitar su desplome. El reto del mediano y largo plazo será encauzar un reequilibrio de la demanda mundial, y un sinceramiento del sistema financiero. Para ello, EEUU se verá obligado a devaluar el dólar. En los años 30, Roosevelt redujo el valor del dólar un 40% para dejarlo a 35 dólares por onza de oro. Esto permitió atraer inversión extranjera y aumentar el gasto de los bienes duraderos. Esta vez una devaluación del 10% al 15% impulsaría esa economía. Si es que China y Japón (con dos y un billón de dólares en reservas) lo permiten.

Una lección importante que hay que sacar de la crisis de 1929 es que la economía de un país no puede analizarse de la misma manera que una empresa. En una empresa (como General Motors) es válida la reingeniería y la reducción de costos. Pero en un país la demanda no puede contraerse infinitamente. Sería el colapso. Por eso, Olivier Blanchard parece decidido a apoyar los déficit del 3% del PIB. Jamás el FMI tuvo una política tan relajada. Exigía a los países disciplina y los obligaba a cumplir con los equilibrios macroeconómicos. Ahora eso no es posible. Mas aún, el FMI se tendrá que convertir en prestamista de los países en crisis.

Cuando la economía funciona con equilibrios reales, la oferta genera el nivel de demanda. Sólo se consume después de haber producido. Y si no se ha producido lo suficiente, se deben tener garantías sobre la base de producciones anteriores o futuras para pedir prestado y facilitar el consumo. En una economía con equilibrio la producción es igual a la demanda. La verdad fundamental de la economía es que la oferta y la demanda son una misma cosa. Todas las perturbaciones son producto de las máximas monetarias que crean presiones para contener los precios, pero estrangulando el crecimiento con altas tasas de interés y facilitando la operatoria de los hoy desprestigiados capitales especulativos.

Imagen | brizzle born and bred

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