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¿Hacia dónde se dirige el dinero en 2026? La renta fija y el crédito de gran calidad se consolidan como el refugio de los inversores

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Sergio Delgado

El cierre de 2025 y el inicio de 2026 han dejado un mensaje claro en los mercados financieros. Los movimientos de capital, observados a través de los flujos hacia fondos de inversión, reflejan un cambio de tono en el comportamiento de los inversores, marcado por la prudencia y la búsqueda de estabilidad.

La prioridad ya no es maximizar retornos, sino preservar valor en un entorno donde la visibilidad macroeconómica sigue siendo limitada.

Este patrón se confirma en los últimos datos recopilados por Bank of America, cuyo informe Follow the Flow muestra que la renta fija continúa siendo el principal destino del dinero.

Los activos de mayor calidad crediticia destacan como el refugio preferido, aunque comienzan a apreciarse señales de moderación tras un periodo especialmente intenso de entradas de capital.

La renta fija mantiene el protagonismo en el arranque de 2026

Durante las últimas semanas de diciembre, los fondos de renta fija encadenaron su décima semana consecutiva de flujos positivos.

Este comportamiento se produjo en un contexto de mercado marcado por el habitual rally estacional de final de año y por un apetito por el riesgo mucho más selectivo que en fases anteriores del ciclo.

Los inversores no se han retirado, pero tampoco muestran disposición a asumir exposiciones excesivas.

El mensaje implícito es claro: se prioriza la calidad, la previsibilidad de los flujos y una duración contenida de las carteras.

Esta combinación explica buena parte de los movimientos observados recientemente y anticipa una estrategia defensiva que podría prolongarse durante buena parte de 2026, especialmente si las condiciones financieras siguen siendo restrictivas.

El crédito de grado de inversión lidera el ciclo

Dentro del universo de renta fija, el crédito de alta calidad se ha consolidado como el gran vencedor. Los fondos centrados en bonos de grado de inversión acumulan entradas durante más de seis meses consecutivos, un comportamiento que contrasta de forma evidente con el del segmento de alto rendimiento.

La preferencia por emisores sólidos se ha intensificado, reflejando una mayor aversión al riesgo crediticio.

En términos agregados, los flujos dirigidos al grado de inversión superan ampliamente a los destinados al high yield. Esta diferencia envía una señal inequívoca sobre el posicionamiento del mercado, que opta por proteger capital antes que exprimir rentabilidad adicional. Aunque este sesgo no es nuevo, sí se ha reforzado en la segunda mitad del año, coincidiendo con un entorno de crecimiento más incierto.

Los inversores no han eliminado por completo la exposición al riesgo, pero la gestionan con cautela. La selección de emisores con balances más robustos y menor vulnerabilidad a cambios macroeconómicos se ha convertido en una prioridad, especialmente ante la posibilidad de que las condiciones financieras tarden más de lo esperado en normalizarse.

Preferencia por duraciones cortas y medias

Otro rasgo distintivo del actual posicionamiento es la clara inclinación hacia vencimientos más reducidos. Los fondos de crédito con duraciones cortas y medias siguen captando una parte muy relevante de los flujos, mientras que los tramos largos continúan bajo presión.

Esta estrategia permite mitigar la volatilidad asociada a los movimientos de los tipos de interés.

El mercado asume que el ritmo de bajadas por parte de los bancos centrales sigue rodeado de incógnitas. En este contexto, mantener duraciones contenidas ofrece mayor flexibilidad y reduce la exposición a cambios bruscos en la curva.

Los gestores prefieren permanecer invertidos en renta fija, ajustando el perfil de riesgo sin necesidad de abandonar el mercado.

Deuda pública, emergentes y el regreso gradual a la bolsa

La deuda soberana también ha registrado entradas netas, aunque con una intensidad inferior a la del crédito corporativo de alta calidad.

Los bonos gubernamentales vuelven a captar interés, pero no se perciben como el activo estrella del inicio de 2026. El atractivo existe, aunque de forma más selectiva y ligada a estrategias de diversificación.

Más llamativa resulta la evolución de la deuda de mercados emergentes, que mantiene flujos positivos de manera casi ininterrumpida. A pesar de los riesgos geopolíticos y de la fortaleza del dólar durante buena parte del año, este segmento conserva un lugar relevante en las carteras globales.

Ello sugiere que el apetito por el riesgo no ha desaparecido, sino que se ha desplazado hacia nichos concretos donde el equilibrio entre rentabilidad y estabilidad sigue siendo atractivo.

En paralelo, la renta variable comienza a recuperar protagonismo. Las últimas semanas han mostrado las mayores entradas desde mediados de año, impulsadas en gran medida por los ETFs.

Imágenes | Pixabay, Pixabay

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