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La crisis sale del coma, pero sigue en la UTI

La crisis sale del coma, pero sigue en la UTI
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El leve repunte en el precio del petróleo, el despegue de las bolsas, y el inusitado fortalecimiento del dólar, ha creado la percepción de que la crisis ha llegado a su fin. Pero, en rigor, lo único que ha terminado es la caída libre, el estado de coma en que ha estado la economía durante los últimos 18 meses. Algunos países han logrado salir del atolladero pese a su tardío sinceramiento de cuentas. Otros, como Alemania, se encuentran aún al borde del precipicio por negarse a asumir ciertos oscuros procedimientos.

Los paracaídas se abrieron a tiempo y han evitado un espectáculo más dantesco. Ahora esperamos que la economía no quede atrapada en los árboles y, sobretodo, que no caiga en arenas movedizas. Si este fenómeno que está poniendo a prueba la teoría del desacople con cierto éxito se trata de un espejismo o de una fuerza gatillada por el vigor de las economías emergentes (China y Brasil han resistido estoicamente y se sacuden de los embates de la crisis), hay que esperar más datos. Pero es una buena señal para el mediano y el largo plazo. Porque en lo que respecta al corto plazo, no hay un horizonte promisorio, por más que lo invoquemos. La crisis aún se extiende a todo lo ancho del globo y es buen momento para verla en perspectiva. La Reserva Federal de Minneapolis ha incluido una página con una serie de gráficos que se pueden revisar para comparar la profundidad de esta crisis frente a las otras diez de los últimos 60 años que ha tenido Estados Unidos. Las gráficas hablan por su cuenta, sobretodo en materia de empleo donde la crisis ha producido cinco millones de desempleados.

A las pérdidas de empleo debemos agregar las pérdidas en la producción, en el ingreso y en la riqueza que abarcan a todo el mundo en menor o mayor medida. Revisar estos datos no es muy alentador. No hay una salida rampante de esta crisis y los gobiernos del mundo deberán seguir interviniendo para restablecer la normalidad. Aunque cueste reconocerlo, los mercados no fueron capaces de responder. Y en verdad queda a la psicología determinar qué hizo pensar que los mercados podrían discernir y autorregularse. Eso fue como dejar a Frankenstein a su libre arbitrio sobre la tierra.

Las fuertes inyecciones de liquidez y la relativa (aunque tardía) coordinacion de los gobiernos ha impedido la caída al precipicio. Pero la crisis que comenzó con el estallido de una burbuja financiera y mutó hacia la economía real hoy ha desplegado su pandemia al tema del empleo. Y este no es un tema de rápida solución. La destrucción de miles de empresas y de millones de puestos de trabajo no es algo que se reponga de la noche a la mañana. Es más, como señala Robert Zoellick, el virus del desempleo puede provocar una grave crisis social. En ese sentido, no adhiero a los triunfalismos de Paul Krugman citados con justificado entusiasmo por mi compañero Onésimo en este blog.

Una cosa es que se haya detenido la caída libre y otra cosa es que la recuperación esté a la vuelta de la esquina. Como era esperable, las contundentes políticas monetarias y fiscales (la tasa de interés se encuentra cercana al cero porciento en todo el mundo y los déficit fiscales se dispararon rompiendo todo protocolo) tenían que surtir efecto. Porque tal como ocurre cuando ha sido necesario aplicar abundante medicina, el paciente permanecerá en la UTI durante un tiempo hasta que la variable del empleo, el tema que en verdad importa, comience a mostrar signos de vida.

Más información | Reserva Federal de Minneapolis Imagen | la cola de mi perro

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