El mercado laboral español no fue tan brillante en 2025 como se vendió. Por primera vez desde la salida de la pandemia, las subidas retributivas han quedado por debajo de lo acordado en la negociación colectiva.
En concreto, el salario medio avanzó un 3,2%, mientras que los incrementos pactados entre empresas y sindicatos alcanzaron el 3,5%.
Este desfase rompe con la tendencia observada entre 2021 y 2024, cuando los sueldos crecían por encima de lo firmado en convenios, lo que permitió amortiguar parcialmente el impacto de la inflación.
Ahora, el comportamiento vuelve a asemejarse al periodo previo a la pandemia, cuando las mejoras salariales efectivas quedaban sistemáticamente por debajo de lo acordado en el diálogo social.
Inflación, impuestos y el desgaste del poder de compra
Aunque el incremento salarial nominal ha superado la inflación media de 2025, situada en el 2,7%, el análisis completo revela una realidad menos favorable para los trabajadores. El poder adquisitivo apenas ha logrado recuperarse respecto a 2019 y, en algunos segmentos, continúa deteriorándose.
El factor clave está en la diferencia entre salario bruto y salario neto. A medida que crecen los ingresos nominales, también lo hace la carga fiscal. La falta de actualización de los tramos del IRPF en línea con la inflación provoca que muchos trabajadores paguen más impuestos sin haber mejorado realmente su capacidad de compra.
A esto se suman mayores cotizaciones sociales, derivadas de mecanismos recientes orientados a reforzar el sistema de pensiones.
El resultado es que, en términos reales, el salario neto medio ha retrocedido cerca de un 3,8% desde 2019. Es decir, los trabajadores disponen de menos capacidad para consumir pese a cobrar más en términos nominales.
Diferencias entre jornada completa y parcial
El impacto no es homogéneo en todo el mercado laboral. Los asalariados a tiempo completo, que representan la mayoría del empleo en España, son los que más acusan la pérdida de poder adquisitivo.
Según los datos disponibles, este colectivo aún no ha recuperado los niveles de capacidad de compra previos a la pandemia y acumula una caída cercana al 2% en términos reales desde 2019.
Por el contrario, los trabajadores a tiempo parcial han experimentado un comportamiento más favorable, con incrementos reales superiores al 3% en el último año.
Sin embargo, este dato debe interpretarse con cierta cautela. Parte de esta mejora responde a cambios en la composición del empleo, como la desaparición de pequeñas empresas o el aumento relativo de compañías con mayores salarios, lo que distorsiona la estadística.
Además, la subida del salario mínimo interprofesional ha tenido un efecto relevante en este segmento, elevando las bases salariales más bajas y contribuyendo a mejorar los registros agregados.
Sectores ganadores y perdedores
El análisis por sectores muestra una evolución desigual de los salarios. La logística destaca como el ámbito con mayor crecimiento acumulado desde 2019, con incrementos que alcanzan el 46% en jornadas parciales y el 15% en empleos a tiempo completo. Solo en el último año, este sector ha registrado una subida del 5,8%.
También presentan avances significativos las actividades administrativas y los servicios auxiliares, con un crecimiento del 5,4%.
En cambio, el sector artístico y del entretenimiento es el único que refleja una caída, con un descenso cercano al 4%, lo que evidencia la fragilidad de ciertas ramas vinculadas a la cultura y el ocio.
La industria manufacturera, por su parte, mantiene una evolución más moderada, con un aumento del 3,3%, en línea con la media nacional.
La percepción social: más ingresos, menos capacidad real
Más allá de los datos agregados, la percepción de los ciudadanos refuerza la idea de una pérdida generalizada de bienestar económico. Una amplia mayoría de la población considera que ha visto reducido su poder adquisitivo en los últimos años.
Este sentimiento se explica no solo por la evolución de los salarios, sino también por el encarecimiento de bienes esenciales como la vivienda, la energía o los alimentos. Incluso en un contexto de moderación de la inflación, los niveles de precios alcanzados durante los años anteriores siguen condicionando el gasto de los hogares.
Además, el aumento de la presión fiscal y de las cotizaciones sociales ha reducido el margen disponible en los ingresos netos, lo que intensifica la sensación de pérdida de capacidad económica.
No, no todo ha sido tan boyante como se nos ha vendido.
Imágenes | Pixabay
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