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Cuando se mezclan los patrimonios

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Quizás uno de los riesgos mayores para una empresa de tipo familiar es la confusión que se da entre el patrimonio de la empresa y el patrimonio personal. Los dueños, si no son escrupulosos al máximo, pueden caer en la tentación de manejar tanto uno como otro a su libre albedrío, creando confusión en quienes puedan estar interesados en la imagen fiel de la empresa.

Esta situación se agrava, lógicamente, cuando los dueños no lo son al 100%, sino que hay participación de minoritarios. Entonces ya no es una situación de confusión, sino directamente de engaño, porque se juega con un patrimonio como si fuera propio, cuando es compartido.

Algo así sucedió en el caso de la compra de Abengoa de una participación de Xfera. Inicialmente, la compra fue realizada en el año 2000 por Inversión Corporativa IC, una empresa propiedad de los hermanos Benjumea, y principal accionista a su vez de Abengoa. Éstos explican que se trataba de una operación "puente" para que su filial Telvent pudiese hacerse con esa participación, cosa que no podía hacer directamente al estar implicada como parte interesada en un recurso contra la propia adjudicación de la licencia de Xfera.

El hecho es que 2 años después, con el proyecto de Xfera empantanado y con una crisis generalizada en el mercado de las telecomunicaciones, Inversión Corporativa transmitió dicha participación a Telvent... al mismo precio al que lo había comprado en su momento. Es decir, que cuando se podía asumir que el precio de mercado de dicha participación era mucho menor del pagado en 2000, y que por lo tanto IC había incurrido en pérdidas en la operación, se deshace de la misma trasladando las pérdidas a Telvent.

¿Dónde está el problema? En que IC es una sociedad propia de los hermanos Benjumea, mientras que Telvent pertenece a Abengoa, sociedad cotizada, con más de un 40% del capital en manos de accionistas minoritarios. Es decir, los hermanos Benjumea se quitan de encima una pérdida que tendrían que asumir por sí mismos y la reparten con los accionsitas de Abengoa.

Toda esta operación fue detectada por la Comisión Nacional del Mercado de Valores, que lo puso en manos de la Fiscalía, que acabó presentando una querella ante la Audiencia Nacional. Ahora, la querella ha sido admitida a trámite y el Fiscal solicita hasta tres años de cárcel. Pero, independientemente del resultado del juicio, lo que queda claro es que no se puede jugar con el patrimonio ajeno (o, cuando menos, compartido) con tanta alegría como con el propio...

Vía | El día después de ayer Más información | El Mundo

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