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Uber y la insurgencia como principio

Uber y la insurgencia como principio
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Ya lo decía David Plouffe, exresponsable de campaña de la campaña del presidente Barack Obama, en su particular declaración de intenciones: "Es un equipo que no acatará un no por respuesta". Lo hacía tras aterrizar en la compañía Uber, de la que resaltaba su "insurgencia". Ahora, Alemania ha sido el primer país en prohibir expresamente su servicio más polémico: Pop. La historia se repite.

La estrategia es muy similar a la que también ha tomado en España: aterrizar aprovechando el vacío legal respecto a su servicio, generar mucho ruido (según sus datos las reservas aumentaron casi un 600% en las 24 horas siguientes a la prohibición) y hacer oídos sordos respecto a las posibles prohibiciones.

Uber se enfrenta en el país germano a sanciones muy importantes, que podrían llegar hasta los 250.000 euros. Es un reto, aunque esa 'insurgencia' de la que se 'enamoró' Plouffe ya se ha visto: continúa operando a pesar de todo.

Las autoridades tienen un papel muy complicado. En España, la reacción ha sido de silencio: no ha habido decretos, ni normativas 'ad hoc' a nivel nacional. En Alemania, ha desembocado en una prohibición por competencia desleal. El problema es que no van a poder borrarlos del mapa (ni a su servicio más polémico) y en algún momento deberán abordar el asunto.

Esa es la baza con la que juega Uber: en algún momento habrá que abordar la regulación o la adaptación de las nuevas normas a la realidad actual (con proyectos disruptivos que utilizan la tecnología para hacer más eficiente un servicio, hasta ahora, con marcado 'acento tradicional'). Pero, entretanto, exhibe sin pudor esa "insurgencia" por la que su nuevo fichaje sacaba pecho y se salta las reglas marcadas.

Que los sectores cambian, se modernizan y deben adaptarse a los nuevos hábitos de consumo gracias a las facilidades de la tecnología es una realidad. Que la normativa suele ir siempre muy por detrás de todo eso, también es innegable. Pero el precedente que se sienta con una estrategia como la de Uber es, cuando menos, discutible. No es más que incumplir las reglas (injustas y obsoletas o no) que otros sí deben cumplir, a través de una política de hechos consumados con un servicio para obligar a que cambien esas mismas reglas del juego. Y entretanto construir sobre todo eso un negocio tan importante que, a la postre, sea imposible de frenar.

En El Blog Salmón | Los taxistas le ganan la guerra a Uber en Alemania, La regulación de las nuevas empresas de transporte, ¿quién le pondrá el cascabel al gato?
Imagen | Adam Tinworth

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