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La esperada vacuna contra el COVID no va a traer la recuperación total en la que se han puesto tantas esperanzas

La esperada vacuna contra el COVID no va a traer la recuperación total en la que se han puesto tantas esperanzas
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No hay otro tema ni en las sobremesas con la mascarilla puesta ya de nuevo, ni en los círculos sanitarios, ni en los debates entre economistas, ni tan siquiera en las conversaciones entre padre y madre en la intimidad de la noche sin escuchas infantiles. La vacuna contra el COVID está lógicamente en boca de todos. Y sin rebatir para nada la gran necesidad que nuestras socioeconomías tienen de que llegue por fin esa vacuna, lo cierto es que es altamente probable que se estén poniendo en ella muchas más expectativas de las que va a cumplir.

Y no es ya sólo por una efectividad que empieza a estar ya fuera de duda, ni por el periodo de tiempo durante el cual nos va a otorgar la ansiada inmunidad. Es simple y llanamente porque algunos creen esperanzadamente que será llegar la vacuna y que la economía vuelva al estado de partida de antes de la pandemia. Y mucho me temo que las cosas en nuestro mundo ya no serán lo que eran antes durante bastantes años, y esto aún sin contar con las convulsiones políticas que también podemos sufrir con bastante probabilidad, y que pueden acabar literalmente de cualquier forma.

De la tos a la UCI, y de la vacuna a la recuperación fulgurante de la economía: una historia fácil de contar, difícil de ver hecha realidad

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No se puede negar que la llegada de la vacuna será una excepcional noticia, y lo primero socio-sanitariamente y por los millones de vidas que pondría finalmente a salvo del maldito bicho infecto. Vaya por descontado que, aunque es cierto que hay que tomar con cierta prudencia los desarrollos científicos “a matacaballo” y con gran presión política como ha sido éste, no es menos cierto que algunas de las vacunas que están progresando parecen contar con todas las garantías sanitarias. Y por supuesto que habrá algunos casos de efectos adversos, como ocurre con cualquier otra vacuna, pero mucho me temo que los exigentes estándares farmacéuticos (los de los países desarrollados) siempre hacen que toda vacuna que sale a la calle en nuestros países lo haga con unas características por las cuales los pros superan con creces a las contras.

Aún así, tras haber negado la mera existencia del virus, para pasar posteriormente a defender que era poco más que un simple catarro benigno, para luego afirmar que las mascarillas son nocivas para la salud, y finalmente ahora enrocarse en que el PCR es una prueba tremebundamente agresiva que no piensan hacerse bajo ningún concepto (de repente algunos sectores se han poblado de “blanditos”), no duden de que el próximo ataque de la propaganda internacional más cruda va a ser que la vacuna no es nada segura y que no hay que ponérsela bajo ningún concepto. El objetivo siempre fue sembrar la muerte y la destrucción en los países desarrollados, y no van a dejar pasar una ocasión que además amenaza con poner fin a toda la destrucción socioeconómica que nos ha traído el virus, tal y como ya les advertimos el 3 de Febrero que ocurriría (y entonces apenas nadie hablaba de ello).

Pero malas gestiones y peores anticipaciones aparte, propaganda y guerra ciber-social también aparte, y dando por sentado que por fin la vacuna parece estar ya muy cerca (al menos para aquellos que se vacunen y que se decidan por esa ciencia que siempre ha sido una de las grandes fuentes de progreso de Occidente), lo cierto que es que no sólo la vacuna está en todas las conversaciones, sino que también lo está en todas las esperanzas. Y no, tal vez la vacuna sea con suerte toda una panacea para la infección vírica, pero no lo va a ser ni mucho menos para todos sus efectos socioeconómicos. Porque el destrozo ha sido mayúsculo, y la vacuna tan sólo garantizará que el virus deje de causar más nuevos estragos, pero difícilmente borrará “de un plumazo” todos los que ya nos ha traído. Al menos seguro que no en el grupo de los países que quedarán más atrasados en ese nuevo mundo dividido que ya está creando el Coronavirus.

No somos los únicos: hay economistas que también advierten de que hay demasiadas expectativas económicas puestas en la vacuna como remedio de todos los males

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Como ya saben, sin que realmente desde aquí necesitemos ver necesariamente refrendados nuestros análisis para a veces apostar por visiones trasgresoras de la socioeconomía y la realidad que nos rodea, efectivamente, al menos en esta ocasión, no acabamos de estar solos en nuestra visión de lo que va a suponer la vacuna en términos socioeconómicos. Recientemente, en una noticia de la CNBC, se exponía cómo pensaba en este sentido el economista Carl Tannenbaum, economista-jefe de Northern Trust. Si fuese por lo mayormente desconocido en términos del gran público tanto de su firma como del propio economista, les diríamos que la fuente no acaba de ser realmente reputada y fiable como debiera para nuestros estándares habituales, al menos no como para tomar “a pies juntillas” una visión que es como poco “contrarian” a lo que se puede apreciar por casi todos los rincones de nuestra Socioeconomía.

Pero el tema es que a veces la realidad socioeconómica es dura, y la naturaleza humana mayoritaria no es capaz de asumir que se avecinan muy malos tiempos, o al menos no quiere ver que los negros nubarrones no van a disiparse en el corto plazo ni con toda la intensidad ni todo lo rápido que nos gustaría. Es más fácil aferrarse a esperanzas muchas veces vanas y a expectativas infladas, que asumir la cruda realidad de que los buenos tiempos no volverán tan fácil y aceleradamente. Y oigan, que no seré yo el que niegue que en 2022 (y tal vez ya a finales de 2021 tras un año terrible en países como España) muy probablemente veremos una recuperación económica muy vigorosa: lo que hoy simplemente les estamos diciendo que ese vigor no llegará a deshacer todo el traumatismo provocado por la debacle precedente, al contrario de lo que muchos creen o nos quieren hacer creer. Y, aparte de eso, hablamos de esta potencial recuperación con (mucho) permiso de Enero y Febrero de 2021, que pueden ser potencialmente meses realmente terribles por diversos motivos. Les recuerdo que el 1 de Enero se ejecuta finalmente el Brexit con un potencial caos en Europa, que el 20 de Enero debería realizarse el traspaso de poder presidencial con potencial caos en EEUU, y que incluso tampoco se puede descartar que en Febrero pueda "aparecer” una nueva cepa o mutación de COVID que nos devolvería otra vez a la casilla de salida de la pandemia. Desde luego, si alguien hubiese diseñado un plan para destruir Occidente, la ejecución no podría estar siendo más efectiva.

Y vaya por delante que, como bien saben los lectores más habituales, a la hora de anticipar el futuro desde estas líneas nunca hemos tenido ningún miedo en “mojarnos” ante ustedes, y tampoco lo vamos a tener en esta ocasión. Así que no tenemos ningún reparo en llevar la contraria una vez más al rebaño de economistas y dirigentes, y nuestro deber más vocacional es levantar ahora la bandera roja de la forma más preventiva. El objetivo es tan sólo tratar de advertir una vez más ante el futuro que viene, para que así nos preparemos debidamente ante lo que muy probablemente no va a ser como se espera, y además lo hacemos como siempre con los debidos argumentos. Y es que ésa es la pena, porque tratándose de anticipar el futuro, habrá que esperar a los datos, con lo que para proyectarlos ahora ya de forma preventiva sólo nos podemos ceñir meramente al uso del siempre poderoso razonamiento económico. Ahora bien, en incontables ocasiones éste puede ser incluso más beneficioso y de progreso que esa realidad de los datos que siempre viene después, cuando muchas veces ya es demasiado tarde para evitar los males, y tan sólo se puede ya corregir para minimizarlos.

Los procesos de destrucción socioeconómica pueden ser muy rápidos, y los de generación de tejido empresarial y riqueza son siempre mucho más lentos

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Lo que muchos economistas parecen olvidar a la hora de hacer efusivas predicciones de recuperación económica, al estilo de “y aquí no habrá pasado nada”, es que finalmente no hemos acabado sufriendo un mero paréntesis de parón económico temporal, sino que la realidad es que en aquí han pasado muchas muchas cosas. No se puede obviar que hemos sufrido un auténtico proceso de destrucción socioeconómica, y sin entrar en el deterioro institucional y socio-político, en economía lo que tenemos es que se ha destruido de forma dramática riqueza, tejido empresarial, y tejido económico. Es innegable que hay muchas empresas que se han ido (y más que se irán en los próximos trimestres), y que ya nunca jamás volverán, igual que no volverán tampoco nuestros allegados cuyas vidas ha segado el virus.

Y como les decía, tampoco se puede negar que habrá un momento en que la recuperación tras la vacunación masiva será vigorosa, porque lo cierto es que la velocidad de destrucción de las empresas y su capacidad de oferta en el mercado está siendo tan intensa y rápida, que es altamente probable que la propia demanda no sea capaz de seguirle igual de rápidamente a la hora de destruirse. Es muy posible que asistamos a un momento en que quede demanda remanente embalsada que se recupere súbitamente cuando ya (¡por fin!) desaparezca el riesgo pandémico, y que entonces incluso podamos ver cómo las empresas que hayan sobrevivido no den abasto para satisfacer toda esa demanda que vuelve. Esto puede ocurrir muy especialmente en sectores como la hostelería, que han sido golpeados con especial virulencia, cuyo producto final podrá seguir siendo asequible para el común de los ciudadanos incluso después de la devastadora pandemia, y al que muchos españolitos no saben renunciar como forma de vida y de socializar.

Pero inversiones de tendencias aparte, lo cierto es que revigorizarse no significa que vayamos a recuperar todo el esplendor de antaño. En economía los procesos de destrucción socioeconómica pueden ser inusitadamente rápidos, algo que muchos ciudadanos no son capaces de vislumbrar cuando se sienten seguros y acomodados en un sistema socioeconómico desarrollado de forma progresiva y acumulativa a lo largo de los lustros. A muchos les resulta inconcebible que su país pueda “irse al garete”, y no son conscientes de que la riqueza y el dinero, igual que vienen, se van. De hecho (y ahora sí), a los datos me remito, y los anales de la econometría más realista demuestran inequívocamente cómo la economía puede despeñarse literalmente en unos pocos trimestres. Mientras tanto, regenerar el tejido socioeconómico, crear empresas, generar riqueza, y convertirse en un país de progreso y desarrollado es un largo proceso que lleva lustros (sino décadas).

Así que sean realistas y valientes, y no esperen que de la noche a la mañana vuelvan todo el empleo y todas las empresas que se fueron, porque por mucho que los mediums hagan negocio tratándonos de hacer creer que los muertos siguen vivos, y que podemos comunicarnos y seguir viviendo con ellos en un plano paralelo, la realidad es que los muertos muertos están, y que lo único que vuelve es su recuerdo. Aquí lo que es un mundo paralelo de verdad es ése que nos venden por todos lados, y que luego al salir a la calle no vemos por (casi) ninguno. Son los nuevos nacimientos los que vuelven a poblar nuestras socioeconomías, y el proceso es largo y requiere esmero y buen hacer de forma sostenida y constante a lo largo de los años, desde el dar a luz, pasando por la crianza, la educación, los estudios superiores, y posteriormente la salida al mercado. Empresas y personas a veces no son tan diferentes; de hecho, cuando desde algunos sectores se sataniza a las empresas como un ente abstracto al estilo del “enemigo único”, están obviando que las empresas al final las dirigen personas, y que son mayormente como el resto de la sociedad de la que emergen.

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Pero claro, a la vista de todos los matices y “peros” anteriores, algunos se preguntarán lógicamente, ¿Y cómo encaja esto con las expectativas de recuperación fulgurante que veo que me venden por todos lados desde ciertos sectores socioeconómicos? Pues bueno, aunque los números económicos volverán a ser negros en algún momento, lo cierto es que negros son también los augurios que se esconden tras los que nos venden interesadamente las vanas esperanzas de que de la pandemia saldremos muy reforzados. De la pandemia obviamente saldremos en algún momento, pero lo más probable es que no sea precisamente reforzados, sino con un largo camino por delante de esfuerzo y buenas prácticas socioeconómicas para poder sembrar un futuro que de nuevo sea prometedor: vamos, el "sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor" de Churchill puesto en clave de siglo XXI. Sin esas dos cosas, esfuerzo y buenas políticas, la recuperación no será recuperación real ni tan siquiera en los plazos más largos, sino que simplemente supondrá dejar los números rojos y ver un mero cambio de color a los números negros. Y esperemos que no veamos también un giro final y general hacia las políticas más negras y destructivas, de ésas que siempre amenazan toda socioeconomía cuando la desesperación hace creer ver a los votantes salidas “mágicas”, tras las que siempre hay en realidad tan sólo todavía más destrucción socioeconómica. Porque, hablando de vacunas, al que también tendríamos que vacunar es al mundo entero contra esta (mala) suerte de políticos mundiales que nos está tocando padecer, y que han hecho de la mentira compulsiva el peor exponente de un espíritu de supervivencia que acaba trasgrediendo la mismísima ley de la selección natural más Darwiniana.

Imágenes | Pixabay pearson0612 | Pixabay viarami | Pixabay lolame | Pixabay tumisu | Pixabay caniceus

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