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La plantilla de Aena radicaliza su posición con una guerra de desgaste

La plantilla de Aena radicaliza su posición con una guerra de desgaste
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En la mañana de ayer, los principales sindicatos representantes de la plantilla de Aeropuertos Españoles y Navegación Aérea (AENA), presentaron en el Ministerio de Trabajo un preaviso sobre una huelga de 22 días que tiene previsto desarrollarse en los meses de abril, mayo, junio, julio y agosto, seleccionado los días ‘clave’ del tráfico aeroportuario y poniendo en jaque de nuevo al gobierno con sus reivindicaciones, con las que pueden ocasionar de nuevo un daño potencial gravísimo al empresariado y al conjunto de la población española.

Los trabajadores de AENA (en sentido amplio) reivindican dos cuestiones básicamente, por un lado las críticas al modelo de gestión aeroportuaria planteado, en el que se adentrará el capital privado, y por otro el desacuerdo con la propuesta de definir aeropuertos de distintas categorías, lo que a su juicio se trasladará a una merma de la seguridad y la calidad de los vuelos.

Quiero dejar claro que de entrada cualquier trabajador tiene derecho legítimo a la huelga, y que por supuesto, también puede reivindicar los derechos que considere oportunos. Pero lo que no se puede admitir es que una plantilla de unos 11.000 trabajadores que configura AENA (controladores, mecánicos, personal administrativo, de mantenimiento, etcétera), vuelva a poner en jaque a la economía española, máxime que cuando se conoce que por un paro de apenas 18 horas, se ocasionó un daño económico de aproximadamente 300 millones de euros entre pérdidas directas y el lucro cesante.

En cualquier caso, el asunto de la privatización de AENA se está convirtiendo en una bola de nieve que cada vez es más difícil de parar, y sobre el que hay que tomar una decisión más pronto que tarde. Aunque su solución derrocha complejidad hay que lograr un equilibrio, erigiéndose como objetivos deseables en este diálogo las ganancias de eficiencia, las mejoras en la prestación de servicios aeroportuarios a los viajeros y la flexibilidad, a la par que garantizar derechos laborales que no privilegios.

Esperemos que las negociaciones lleguen a buen puerto, porque de culminarse esta pretensión se producirá el descalabro del sector hostelero, de la imagen de nuestro país como destino turístico mundial, y pondrá en peligro nuestra incipiente consecución de cotas positivas de crecimiento económico, postergando en el tiempo nuestra salida de la crisis cuando estamos en la mira de la economía mundial.

Vía | Cinco días
En El Blog Salmón | El fantasma de una nueva huelga pone en peligro las vacaciones de semana santa
Imagen | dalbera

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