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Un plan para enfrentar la crisis

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Los incentivos juegan un rol de vital importancia en la actividad económica y a veces son determinantes. Por eso la hipótesis de las expectativas adaptativas vuelve con fuerza para intentar revertir la caída de un sistema financiero en quiebre sistémico y gradual que ha perdido la “fe” en los mercados. El punto de eclosión lo marca la “estafa real” de la nula relación entre el valor real de la propiedad y la deuda hipotecaria que se tiene por ella. Esto resta todo incentivo a su pago lo que crea un problema de desajuste estructural en los bancos y los lleva a fuertes presiones de iliquidez.

Por otra parte, el hecho que nadie sepa realmente quien tiene los títulos de las hipotecas crea la imposibilidad de renegociar entre deudor y prestamista. Y esto es lo que tiene al sistema bloqueado. Por eso un grupo de economistas está proponiendo facilitar la renegociación en forma directa entre el propietario de la vivienda y el banco al que debe hacer los pagos para así evitar el quiebre de las instituciones financieras. Este auténtico plan de rescate debería sellarse en los próximos días. Y es posible que marque una importante pauta de ajuste estructural a las, también, adoloridas economías europeas.

La propuesta consiste en realizar una nueva opción de compra a todos los dueños de propiedades cuyos valores han caído en más de un 20% desde el momento en que la adquirió. Para esto se ocupará el índice de Shiller para los bienes raíces, un indicador que ha mostrado ser bastante asertivo en la valorización de las propiedades y que ha dado a su autor una gran notoriedad al ser el primero en revelar la burbuja hipotecaria en marzo del 2000 (seis años antes de su estallido) en su obra Exuberancia Irracional. Por eso se estima que el índice Shiller ofrece medidas confiables a la hora de evaluar el precio real de las propiedades. La propuesta consiste en generar una nueva opción de contratación para reducir el valor nominal de la hipoteca (y el correspondiente pago de intereses) por el mismo porcentaje en que los precios de la vivienda han disminuido.

Por ejemplo, una persona que compró una casa en California el año 2006 en 400.000 dólares, ha sufrido, en dos años, una desvalorización del 30%. Ahora su casa vale 280.000 dólares pero tiene una deuda hipotecaria por un monto de 380.000 dólares. En este caso, ¿cuál es el incentivo de seguir pagando si se ha sufrido una pérdida real de 100.000 dólares? Y es evidente que si tiene problemas financieros con mayor razón deja de pagar.

El beneficio de esta propuesta es que proporciona alivio a los propietarios en dificultades sin mayor costo para el gobierno, y con un costo menor para los bancos y titulares de las hipotecas. Esta contracción o implosión real de los precios permitirá sincerar, a la baja, los datos de la economía estadounidense y reducir la presión sobre los precios. Pero el mayor beneficio será volver al normal flujo de pagos, el verdadero cáncer de los problemas actuales.

La profundidad de la crisis de los Estados Unidos no puede permitirse que los propietarios hagan abandono masivo de las propiedades pues la falta de mantenimiento aumentará su deterioro y su pérdida de valor. En los años de la Gran Depresión, la tasa de recuperación de las hipotecas llegó a 50 centavos por dólar de hipoteca. Para esta crisis se estima que la tasa de recuperación puede llegar a los 40 centavos de dólar e incluso 30 centavos por dólar de hipoteca. De ahí la necesidad de actuar con urgencia.

Imagen | Pictfactory

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