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Del Neandertal a los apóstoles de la marca, Primera Parte.

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Hace unos días tuve el placer de leer en El País Semanal un artículo sobre Antropología. Concretamente versaba sobre nuestro pariente el Neanderthal, nuestra convivencia en tiempos pretéritos con él, los motivos de su extinción, etc...apasionante. Pero hubo unos párrafos, en los que el omnipresente Arsuaga teorizaba, que me permitieron hacer múltiples lecturas, incluida alguna empresarial (debe ser en mi caso algún tipo de defecto de serie neuronal). Así que me he puesto a escribir estas reflexiones, que aviso han dado para más de un post. El texto madre-del-cordero es el siguiente:

Pero el codirector de Atapuerca aporta su personal teoría para explicar la extinción: la gran capacidad simbólica de los cromañones les daba ventaja. "Los neandertales no tenían bandera, y cuando llega aquí el Homo sapiens tiene bandera... Porque la bandera es la capacidad de representar a una comunidad por medio de un objeto, de reagruparse en torno a símbolos, lo que permite aumentar el tamaño del grupo sin basarse en el parentesco, un grupo que trasciende lo biológico. Así, el número de miembros de una tribu puede ser ilimitado; creo que ésa es la diferencia. Los cromañones tenían un sistema de alianzas, de solidaridad, basado en creencias, historias o mitos que les daban una unidad que sobrepasaba lo puramente biológico. Somos la única especie que forma comunidades no biológicas, unidas por lazos de tipo simbólico, lingüístico, religioso... Los neandertales se conocerían entre ellos, familias, grupos grandes, y, de pronto, eso se pone en competencia con una especie de comunidades que pueden ocupar toda la península Ibérica, con una capacidad enorme de alianza".

Eso, dice divertido Arsuaga, significa que los neandertales eran mucho más realistas que los cromañones. "Qué es más inteligente, ¿creer en lo inexistente o no creer" Yo no creo en los espíritus, no es nada realista ni inteligente; en eso estoy con los neandertales, que eran los realistas... Pero, a la larga, la gente que cree en mitos simbólicos tiene más fuerza de comunidad y supervivencia".

Arsuaga sera un excelente antropólogo, pero creo que desprecia enormemente el poder de los mitos, de las ideas, de los símbolos. Y hacer éso es olvidarse de lo que nos diferencia de otros animales. Nuestra consciencia, el hecho de que nuestras ideas busquen constantemente cambiar la realidad, y cuando no podemos, interpretarla a nuestro gusto. Decir que eso es ser menos inteligente no es algo que yo comparta.

No se si alguno más que yo habrá visto en esa contraposición entre nosotros y los neandertales el origen de un clásico que repetiría miles de años después. Y es que me suena tanto a las dos visiones del nacionalismo, la identitaria por un lado, y la cívica por otro. Yo pertenezco a una nación como categoría política, por vínculos étnicos, genéticos, o bien soy miembro de la misma en tanto en cuando participo de la comunidad de valores que se encarnan en ella, con independencia de mi origen cultural, racial, etc. Me resulta sumamente atractivo que este debate se hunda mucho más allá de Fichte o de la Revolución francesa, como afirman algunos, remontándose a la noche de los tiempos.

Y asi, los poco inteligentes que diría Arsuaga, los que admiten la creencia en la ideas, los que definen la pertenencia a un grupo en base a su adhesión a un proyecto y no a la determinación genética, son los que, tarde o temprano acaban triunfando. Y es llegado a este punto donde quiero enlazar con los referentes empresariales.

Y es que siempre he sostenido que las empresas básicamente son ideas. Ideas sobre productos, sobre formas de comunicación, ideas sobre nuevos canales de distribución. Y también que, en lineas generales, esas ideas deben ser abiertas, permitir la interacción entre los distintos grupos interesados. Y no me refiero solo a trabajadores, empresarios, y otros factores productivos. También a los clientes hay que involucrarlos en estas ideas, hay que que conseguir que se impliquen, que se unan bajo nuestra bandera. Se logra de este modo una legión de apóstoles de la marca que diría Kawasaki, creadores de opinión mucho más valiosos que los autodenominados gurús de la comunicación, o que la mejor de las fuerzas de ventas.

Frente a esta estrategia del Homo sapiens, poco tiene que hacer la del Neandertal de grupo cerrado, de minifundista mental, de portazo ante el extraño. Me refiero a esos empresarios que pretenden encerrar bajo las siete llaves del copyright un supuesto grial empresarial. A los que desprecian la importancia de la marca frente a un buen producto de los de toda la vida, que dirían ellos. Hablo de las firmas que no son capaces de crear proyectos ilusionantes, permeables, capaces de atraer nuevos profesionales, nuevos clientes, etc...y que se basan tan solo en conservar su parcelita de fieles de toda la vida, y en la medida de lo posible de ir poniendo barreras que frenen el avance de los cromañones.

Claro que, y esa es otra Historia para el siguiente post, la exaltación de las ideas y la gestión de ese apostolado corporativo puede acarrear curiosamente problemas similares a los del NBA (Neandertal Business Administration).

Más información | Instituciones y organizaciones sociales

Foto | J.A.L.E.X.

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