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6 motivos por los que el Uber de los fondos de inversión no consigue arrancar

6 motivos por los que el Uber de los fondos de inversión no consigue arrancar
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Una plataforma digital en la que poder comprar participaciones de fondos de inversión con la misma flexibilidad y transparencia que se hace con las acciones en la bolsa. Y además, sin perder el incentivo fiscal de no pagar impuestos al traspasar posiciones de unos fondos a otros.

Esa fue la innovadora idea que lanzó Bolsas y Mercados Españoles, la compañía propietaria de la bolsa española, hace casi una década. Pero más de siete años después, la plataforma sigue sin estar en funcionamiento. Tras numerosos retrasos, el pasado 27 de junio era la última fecha señalada en el calendario para su lanzamiento, pero tampoco ha podido ser.

La idea de BME se gestó casi al mismo tiempo que Uber estaba dando sus primeros pasos. Ambas tienen más en común de lo que puede parecer a simple vista. Salvando las distancias sectoriales (transporte y finanzas) y los perfiles de sus fundadores (emprendedor y cotizada) les une, sobre todo, el carácter disruptivo frente al estatus sectorial. Ambas han apostado por una plataforma digital que pone en contacto producto o servicio y cliente final acompañado de una reducción de precio para este último.

Ambas atentan contra los modos de trabajo tradicionales y ambas se han dado de bruces con la oposición de sus respectivos sectores. Pero, mientras los taxistas se han echado a la calle para frenar lo inevitable, las tácticas de la banca son mucho más sutiles. Como ya contamos hace unos días en El Blog Salmón, su lobby está trabajando con dureza para incluir excepciones legales que eviten la liberación del sector de fondos de inversión y la comercialización sin pagar comisiones.

La plataforma de fondos de BME trastoca esos esfuerzos. No viene de un outsider, como Uber, sino de la compañía propietaria nada menos que de la Bolsa española. Pero sí plantea un choque brutal en la concepción del negocio de la distribución de fondos. Se presenta como el lugar donde podrán cotizar con toda transparencia los fondos de inversión cotizados en euros. Al inversor particular le permite conocer en cada momento el valor de las participaciones de los fondos y negociarlas con esa información actualizada a través de un gestor online. Es el cliente el que buscaría, compararía y finalmente decidiría qué es lo que más le interesa. Exactamente como ocurre ahora con las acciones de cualquier empresa cotizada. Todo lo contrario a lo que sucede cuando se intenta contratar un fondo de inversión, donde la oferta se circunscribe a los que comercializa el banco en el que el inversor quiere hacer la operación, por otro lado, cargada de comisiones.

Esa oposición, del sector que controla el 90% de la distribución de fondos en España, sin duda sido un importante freno para de la plataforma de fondos de BME, que se caracteriza, sobre todo, por querer poner a disposición del pequeño inversor los fondos sin retrocesiones. Es decir, sin que las gestoras tengan que pagar comisiones a los distribuidores de sus productos. Pero no es el único escollo con el que se ha topado BME, hay algunos más:

El más cercano en el tiempo, el retraso de la CNMV

Cnmv

Como explica, experto financiero Martín Huete en su blog, la burocracia derivada de la actividad del regulador de los mercados ha impedido que las pocas gestoras que habían mostrado su interés en formar parte de este nuevo mercado hayan podido realizar los trámites a tiempo.

Las gestoras españolas que ya han manifestado su intención de listar fondos en esta plataforma (Abante, Alpha Plus, Buy and Hold, Cartesio, Fonditel, Gesconsult, Gesiuris, Gestifonsa, Merchbanc, Metagestión y Mutuactivos) no tuvieron vía libre para apuntalar todo el proceso que exige el debut en la plataforma de fondos hasta hace poco más de una semana. "El proceso no es fácil y la burocracia es prolija. No ha dado tiempo", aseguran fuentes conocedoras del proceso.

Procedimiento complicado

Para que los fondos puedan ser listados en una plataforma electrónica que muestre continuamente el precio de mercado es necesario crear una clase de participaciones diferentes sin retrocesiones y más parecidas a las acciones con las que cotizan las SICAV. La exigencia está en línea con lo que pide la Directiva europea de protección de los inversores minoristas, Mifid II, que si no hay más retrasos, entrará en vigor el próximo 1 de enero. Pero para ponerlo en marcha, las gestoras deben ajustarse a los requerimientos legales y técnicos de la plataforma de BME. Ese proceso parece que está costando más de lo que a todos los implicados les gustaría.

Prudencia

La prudencia de los fondos internacionales

En este estado de cosas, la actitud de los fondos de inversión internacionales tampoco favorece al proyecto de BME. A pesar de que, como explicó hace unos meses la revista especializada Funds People, "las principales gestoras internacionales ven con simpatía el proyecto", lo cierto es que su postura está siendo la de esperar y ver.

Todo apunta a que si la plataforma consigue asentarse y ganarse al público minorista las gestoras internacionales no se la van a perder. No en vano es un pasaporte de lujo para comercializar sus fondos en España y ahorrarse las ingentes comisiones que ahora pagan los bancos para que los distribuyen. Pero hasta que eso ocurra no van a arriesgarse a que sufrir un castigo como el que Banco Sabadell propinó a Black Rock, al retirar de la oferta a sus clientes todos los fondos de inversión cuando la mayor gestora del sector en el mundo intentó bajar las comisiones a una gran parte de sus clientes, tal y como explicó El Confidencial. Y es que, aquí se aplica aquello tan tipical spanish de "el que se mueva no sale en la foto".

Miedo a la promiscuidad de los inversores

Otra de las reticencias que algunas gestoras reconocen en privado a cerca de esta plataforma es que no les atrae demasiado facilitar a sus clientes una retirada de fondos tan fácil. Los fondos de inversión son el único producto financiero que permite al inversor cambiar de uno a otro sin tener que pagar un peaje fiscal en el proceso. "Eso les hace muy atractivos porque los clientes tienen en mente esa capacidad de reacción, pero luego quienes la utilizan son muy pocos", explican desde una gestora. Entre otras cosas porque es muy complicado conocer con exactitud cuánto estás perdiendo y ganando en cada momento. Si la plataforma de BME consigue salir a la luz, el cambio va a ser muy importante, puesto que una mala gestión de un fondo de inversión, o la simple mala suerte a la hora de elegir la composición de la cartera por parte del gestor, puede verse muy fácilmente castigada. Las órdenes de venta se harían en tiempo real y se ejecutarían en un plazo máximo de dos días. Esto exige, sin duda, que para compentir en el mercado se va a necesitar una mayor eficiencia en la gestión de los fondos, lejos de la desidia que ahora se practica en una gran mayoría.

Política de costes poco convincente

Gran parte de las críticas a la plataforma han llegado desde el lado de los costes. Que un producto no tenga retrocesiones no implica que sea gratis. Esto es algo que todo el mundo deberá aprender cuando se implante Mifid II, pero que de momento es carne de muchas tertulias y análisis financieros. BME cobrará comisión apertura y mantenimiento a los inversores que utilicen la plataforma y comisión por suscripción. Además, algunas gestoras también han anunciado que cobrarán comisión de custodia.

Los inversores más especializados aseguran aunque no tengan retrocesiones si se cargan contantas comisiones los fondos de inversión no podrán competir con los costes de otros productos financieros listados como SICAVs o ETFs. Tal vez eso sea así entre quienes tienen un amplio control de los instrumentos de mercado. Pero se olvidan que esta plataforma está pensada para la gran masa de inversores en fondos de inversión. De los casi 11,5 millones de clientes que tienen parte de sus ahorros en este instrumento financiero, una gran mayoría son pequeños ahorradores que han visto estos productos como la única alternativa a sus antiguos depósitos. Son los mismos pequeños inversores que apenas tienen margen de negociación ni elección y acaban abonando a los bancos unas comisiones leoninas que se comen la rentabilidad.

Reticencias a parte, todo apunta, que como en el caso de Uber las nuevas tendencias han venido para quedarse y con colaboración de los sectores tradicionales o sin ellos la vuelta atrás es lo único que no se contempla. Como dicen los más veteranos del mercado, "esto ya pasó cuando las sicav salieron a cotizar y ahora nadie cuestiona ese mercado".

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