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El cierre patronal, una medida controvertida

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Desde que se creó la Organización Internacional de Trabajadores (OIT) en 1919 tras als negociaciones del famoso y conflictivo Tratado de Versalles muchas han sido las críticas populistas hacia una de las únicas medidas de defensa que tienen los empresarios ante graves problemas, el cierre patronal.

En primera instancia puede parecer del todo normal que los empresarios, dueños y señores de los negocios tengan un punto menos de poder que los propios trabajadores, que si tienen reconocido el derecho a la huelga, ya que los empresarios podrían usar de forma incorrecta un cierre patronal con el fin de la picaresca incluida de no tener que hacerse cargo durante esos días de cierre de los salarios de los trabajadores.

En primera instancia debemos decir que el cierre patronal no está reconocido en nuestro país, y que sólo gracias a cierta jurisprudencia sentada por el Tribunal Supremo en marzo del 2005 sabemos que aunque no se reconoce el derecho, tampoco es ilegal que el patrón realice un cierre siempre y cuando:


  • Algunos de los trabajadores estén poniendo en peligro la seguridad del resto de los trabajadores.
  • Se estén produciendo daños en la maquinaria de forma irreparable.
  • Cuando se produzcan incumplimiento de los servicios mínimos obligatorios causados por los mismos trabajadores.

Es por tanto evidente que aunque no se reconoce el derecho si queda explícito gracias a esta jurisprudencia que en caso grave el empresario puede llevar a cabo un cierre patronal; lo único que ocurre es que deberá avisar a la autoridad administrativa o laboral para que a posteriori se pueda valorar la validez de dicho cierre.

Es por tanto momento de preguntarnos si actualmente y en momentos como los que hemos visto de piquetes y ERE’s que los provocan los empresarios estarían capacitados para realizar cierres patronales hasta que los ánimos se calmaran.

Una legislación antigua y ambigua, hace antigua y ambigua también la interpretación y por tanto es muy poco habitual que se produzcan este tipo de “soluciones empresariales” en nuestro país, pero quizá en ocasiones serían suficientes para calmar los ánimos.

Imagen | amagill

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