HOY SE HABLA DE

Una empresa ganadera familiar con 720 ovejas y 300 vacas en un pueblo: "En gastos se va un 70-80% de los ingresos"

Lorena del Río tiene 28 años, es la cuarta generación de una familia ganadera de Villatoquite. Saca adelante 720 ovejas y 300 vacas junto a su padre, su tío y su hermano

Ganadero Castilla la Mancha
1 comentario Facebook Twitter Flipboard E-mail
redaccion

Redacción El Blog Salmón

Editor
redaccion

Redacción El Blog Salmón

Editor

La explotación de ovino de la familia del Río supera los cien años (arrancó con 35 ovejas de raza Assaf, de las primeras que se vieron por la comarca); la de vacuno de carne, apenas siete. Hoy suman 720 ovejas y 300 vacas en las 2,2 hectáreas de infraestructura que tienen en Villatoquite, en plena Tierra de Campos. Lorena, que con dos años ya salía en las fotos entre lechazos, lo tiene claro: "En 25 kilómetros a la redonda somos los únicos jóvenes que hemos apostado por continuar con el ovino", contaba en una entrevista a El Español de Castilla y León. El resto de ganaderos de la zona, dice, están a las puertas de la jubilación. Si ella asegura no tener "riesgo de cierre" es, en buena medida, porque juega con dos patas (el ovino de leche y el vacuno de carne) y porque produce su propio alimento en regadío y secano para "cerrar el círculo" y depender lo menos posible de los piensos que compra fuera.

La lana, el emblema del sinsentido. Si un solo dato explica por qué las cuentas no cuadran, es el de la lana. Esquilar una oveja cuesta alrededor de 1,50 euros; el kilo de lana se paga a unos 5 céntimos. Dicho de otra forma: el vellón no cubre ni de lejos lo que cuesta quitarlo. En Castilla y León, según las cuentas de ASAJA recogidas por Agrodigital, el esquileo costará este año más de 3,1 millones de euros para recoger 4,6 millones de kilos de una lana que, a esos precios, convierte la operación en deficitaria para las más de 4.000 explotaciones de la región. No sorprende que otro ganadero, José, de 56 años, resumiera su caso al mismo periódico: "Me cuesta esquilar a las ovejas 1.300 euros y no obtengo ninguna ganancia".

El caso de Lorena no es una anécdota, sino la excepción dentro de un desplome. España ha pasado de 24 millones de ovejas en el año 2000 a 13,4 millones en 2024: un 44% menos, más de 10 millones de animales esfumados en un cuarto de siglo, según los datos del Ministerio de Agricultura difundidos por Efe. La producción de carne ha caído un 57% y hay un 19% menos de explotaciones. La interprofesional del sector, Interovic, pone nombre a los dos grandes responsables: la falta de relevo generacional y la despoblación rural. El único indicador que crece es la exportación, cuya facturación se ha sextuplicado (de 86 a 575 millones de euros): se venden fuera las ovejas que dentro ya no encuentran quien las críe.

El golpe: las enfermedades. Y cuando parecía que el frente de los precios bastaba, se abrió otro. Lorena lo cita de pasada ("los precios y las nuevas enfermedades"), pero los datos lo respaldan: en el segundo semestre de 2025, la lengua azul en su variante de serotipo 3 (un virus transmitido por mosquitos, llegado del norte de Europa) golpeó con dureza a la cabaña ovina y también a la vacuna, según recogía Valencia Plaza. A su lado avanza la enfermedad hemorrágica epizoótica (EHE), que castiga sobre todo al vacuno y que en cuestión de días puede aflorar en decenas de comarcas de media España. Es decir, que las dos patas del negocio de Lorena, ovejas y vacas, están justo en la diana de las dos enfermedades que más preocupan hoy al campo.

Un ajuste que viene de lejos. Nada de esto es una novedad. Ya en 2017, desde El Blog Salmón describíamos un sector lácteo con los márgenes "estrechados hasta situarse alrededor de cero" y cierres de explotaciones por decenas cada mes tras el fin de las cuotas europeas. Casi una década después, el diagnóstico apenas ha cambiado de síntomas: costes que suben, precios en origen que no acompañan y una cabaña que envejece sin recambio.

Hay una ley que debería frenarlo, pero no funciona. Sobre el papel, la protección existe. La Ley de la Cadena Alimentaria prohíbe pagar al ganadero o al agricultor por debajo de su coste de producción, que es, casi palabra por palabra, lo que denuncia Lorena cuando dice que "el dinero se pierde por el camino". El problema es la aplicación: en sus tres primeros años, la Agencia de Información y Control Alimentarios impuso más de 430 multas por 3,32 millones de euros, pero solo dos fueron por "venta a pérdida". Dicho de otra forma: la norma que debía blindar el precio en origen apenas ha mordido justo donde más le duele al productor.

Lorena lo dice sin dramatismo: "No tenemos riesgo de cierre". Y ojalá sea cierto, porque su frase final encierra la paradoja que sostiene todo lo demás: "Sin los ganaderos ni los agricultores, esto se acaba". 

Imagen: aleksandarlittlewolf

Inicio